Veinte años

|

Por Carlos del Frade

Fotos: Damián Neustadt

(APe).- El 3 de julio de 2001, De La Rúa niega que se proponga renunciar.

El 11 de julio, se emite por televisión un discurso de Cavallo que pretende tranquilizar acerca de la crisis financiera.

El 25 de julio, De La rúa asegura que la situación tiende a mejorar.

El 16 de agosto, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo afirma que una de cada tres personas vive en la pobreza en el Gran Buenos Aires.

En números concretos, son 3.957.700 personas que ganan menos de 154 pesos por mes.

El 22 de agosto, el FMI concede un nuevo crédito a la Argentina por 8 mil millones de dólares.

El primero de setiembre, Raúl Alfonsín reclama la renuncia de Cavallo.

El 6 de setiembre, De La Rúa dice que la propuesta de Alfonsín y de un sector del peronismo para constituir un gobierno de salvación nacional es un plan para removerlo.

El 8 de setiembre, el dirigente piquetero Juan Carlos Alderete advierte que podrían producirse saqueos de supermercados.

El 14 de octubre, la Alianza que gobierna sale derrotada en las elecciones legislativas.

Fue el día del voto bronca.

“Formado por los votos en blanco, el ausentismo y la impugnación, este tipo de protesta electoral alcanzó un porcentaje importante del padrón general. En algunos distritos, como la ciudad de Buenos Aires, Río Negro, Santa Fe y Tierra del Fuego, superó a los votos conseguidos por los partidos. En la Capital alcanzó el 27,8 por ciento; en Santa Fe, el 40,4 por ciento y en Tierra del Fuego, el 25,2 por ciento. Si bien no puede pensarse al “voto bronca” como una unidad, resulta claro que ese fue el modo en el que muchos argentinos expresaron su descontento con la política, tanto del oficialismo como de la oposición…A nivel nacional, casi cuatro millones de electores convirtieron al voto bronca en una señal de alerta”, sostuvieron los analistas de entonces.

De allí que los medios registraran que “la sensación de ingobernabilidad de las variables económicas y políticas terminó en un proceso acelerado de pérdida de legitimidad de De La Rúa. Casi dos meses después, cuando el retiro de fondos amenazaba con vaciar las cuentas de los ahorristas, el gobierno dispuso el corralito”.

El 16 de octubre, el dirigente sindical Hugo Moyano pide la renuncia de De La Rúa.

El primero de noviembre, De La Rúa anuncia un nuevo paquete económico.

Los días 17 y 18 de noviembre se realizó el Censo Nacional de Población. Éramos 36.260.130 habitantes.

Las mujeres eran mayoría siendo el 51 por ciento y en los únicos distritos donde los hombres eran más son Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Antártida, Tucumán, Formosa y Misiones.

La más alta densidad poblacional está en Capital Federal, más de 13 mil personas por kilómetro cuadrado; el extremo opuesto es Santa Cruz, 0,8 personas por kilómetro cuadrado.

El 21 de noviembre, se registraron treinta cortes por piquetes en rutas de todo el país.

El 29 de noviembre, una medición estadística que pocos entienden pero sobre la que muchos hablan señala que el denominado riesgo país tocó los 3.200 puntos.

El 30 de noviembre se producen corridas en los bancos.

La tasa interbancaria alcanza el 900 por ciento.

Por decisión gubernamental, los retiros de cuentas bancarias quedan limitados a la suma de 250 pesos semanales.

El resto queda “encanutado”, según las primeras definiciones de la calle. Enseguida nace un término más universal: “corralito”.

Cavallo viaja a Washington para pedir auxilio al FMI. Dice que el país entró en cesación de pagos.

Flotan en el ambiente propuestas “salvadoras”: devaluar, dolarizar, sostener la convertibilidad.

Desaparece el dinero en efectivo, los comercios rechazan las tarjetas de crédito, surgen las primeras operaciones de trueque.

De La Rúa cumple dos años en el gobierno pero a nadie se le ocurre festejar.

El 12 de diciembre surgieron los cacerolazos.

La ocasión fue una protesta convocada por la Cámara de Actividades Mercantiles y Empresarias (CAME) y derivó en una marcha hacia la Plaza de Mayo.

Quince militantes del Partido Humanista, por su parte, se pasearon desnudos cubiertos con cajas de cartón.

Su lema era claro y contundente: “Estamos en pelotas”.

Esa tarde, integrantes del Movimiento Teresa Rodríguez, intentaron tomar las instalaciones del Ministerio de Desarrollo Social.

Las crónicas dijeron que durante esa tarde noche, diferentes comercios de distintas ciudades apagaron sus vidrieras y marquesinas.

“Como respuesta a la crisis, el 13 de diciembre la CGT realizó un paro general. La medida, implementada por séptima vez contra el gobierno de la Alianza, contó con el apoyo de las capas medias afectadas por el corralito y fue aprovechada por los movimientos más radicalizados para profundizar sus críticas al gobierno. El PJ, por su lado, intentaba capitalizar el descontento y mostrarse como una reserva de gobernabilidad frente a las hipótesis de abandono del poder”, apuntaron los diarios.

Hay huelgas, apagones voluntarios, bocinazos, movilizaciones, disturbios, saqueos, represión alocada.

Un suboficial retirado de la Policía Federal que trabajaba de custodio mató a tiros en un maxiquiosco de Floresta a tres jóvenes que se rieron cuando vieron por televisión cómo un grupo de manifestantes apaleaba a un policía en Plaza de Mayo.

Mueren decenas de personas en las calles.

-Voy a poner la Argentina en orden y vamos a crear un millón de empleos – dice Adolfo Rodríguez Saa, el 23 de diciembre de 2001, al asumir la presidencia de la Nación. Su mandato duró menos de una semana.

El jueves 27 de diciembre, a horas nomás de la celebración del día de los Santos Inocentes, Racing volvió a ganar un campeonato local de fútbol después de 35 años.

“Por la crisis se coge menos”, tituló el diario “Página/12”, en su última edición del año, resumiendo las conclusiones de una investigación especial.

Es el fin de una época.

“Lo que emergía era la nueva y terrible sociedad argentina, que se gestaba desde mediados de los años setenta. Medio país rondaba la desocupación, la pobreza y la indigencia. Nadie había previsto redes de contención para atenuar los efectos del gran cambio de los 90 y el estado brillaba por su ausencia en la provisión de los servicios básicos. Los efectos de la crisis alcanzaron hasta a los sectores medios: muchos cayeron en la pobreza y otros emigraron. Con esta situación explotó un descontento que se venía anunciando, con sus prácticas originales y ruidosas: el nuevo activismo sindical, los cortes de ruta por las organizaciones piqueteras, o las acciones barriales que combinaban la solidaridad con el activismo. Las protestas se extendieron por todo el país, inconexas pero animadas por un sentimiento común: la percepción de la injusticia y la convicción de que sus derechos básicos estaban siendo desconocidos por el estado”, escribió el historiador Luis Alberto Romero.

Durante enero de 2002, se eliminaron 30 mil puestos de trabajo en la actividad privada de las grandes ciudades, según un informe oficial elevado a la Secretaría General de la Presidencia. El titular del Ejecutivo era Eduardo Duhalde.

Desde la renuncia de De La Rúa y su fuga en helicóptero desde la terraza de la Casa Rosada, se habían sucedido Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saa, Eduardo Caamaño y ahora, Duhalde.

Las cifras proyectadas a todo el país significaban que en un solo mes se habían perdido 50 mil empleos estables.

Hubo protestas frente al palacio de Tribunales para pedir la renuncia de los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Habitantes de un barrio empobrecido de Rosario mataron y faenaron a vacas que eran transportadas en un camión jaula que volcó.

“Una de las características que tuvo la movilización en estos días agitados de 2002 fue su composición social. Podía verse a obreros, estudiantes, pequeños comerciantes y amas de casa de clase media unificados por el mismo discurso y alejados igualmente de cualquier expectativa hacia la política. La consigna era una sola y muy clara: “Que se vayan todos”.

“En estas manifestaciones se mezclaban sindicalistas combativos, estudiantes secundarios y universitarios, antiguos militantes y oficinistas de traje y corbata. A los movimientos piqueteros, de aceitada tradición de protesta, se le agregaron grupos muchos más inorgánicos y espontáneos conformados casi siempre por capas medias de los distintos centros urbanos. Al grito de piquete y cacerola, la lucha es una sola, estos grupos, movilizados y heterogéneos, generaron un estado de activación pública que fue la marca de este período”, indicaron los analistas.

Surgieron las asambleas populares.

Por otro lado, en la cancha chica del fútbol, una enorme desazón generó la temprana eliminación del seleccionado de fútbol en el campeonato de mundial de fútbol que se disputó en Corea del Sur y Japón: no logró superar la primera fase. El técnico era Marcelo Bielsa.

El 26 de junio de 2002, en la estación Avellaneda de la línea Roca, la policía bonaerense asesinó a los piqueteros Maximiliano Kosteky y Darío Santillán, como coronación de la brutal represión desatada contra manifestantes que habían cortado el puente Pueyrredón. La justicia condenó, tiempo después, al comisario Alfredo Franchiotti y al cabo Alejandro Acosta, cuyas responsabilidades fueron descubiertas gracias a las imágenes captadas por camarógrafos y reporteros gráficos.

“Los episodios del puente Pueyrredón fueron un espejo de las dificultades para mantener el orden. Entonces, con el temor cierto de no poder controlar la crisis, cruzado por tensiones desde todos los sectores partidarios, Duhalde adelantó las elecciones para el 27 de abril de 2003 y el traspaso de mando para el 25 de mayo. Comenzaba una etapa política que reconocía sus límites en la designación del sucesor presidencial y, al mismo tiempo, en designar quién heredaría la crisis”, remarcaron los periodistas.

Mientras tanto, según un informe periodístico local, el 30 por ciento de los niños de Tucumán padece desnutrición.

Se afirmó también que 900 mil personas están por debajo de la línea de pobreza y que 180 mil sobreviven con un peso diario.

Veinte años después, acá estamos.

Protagonizar los sueños colectivos inconclusos.

Democratizar la democracia.

Recuperar la riqueza argentina para el pueblo argentino.

Edición: 4437

 


Suscribite

Suscribite al boletín semanal de la Agencia.

Sobre la fundación

Fundación Pelota de Trapo nació hace décadas para abrigar de las múltiples intemperies a niñas y niños atravesados por diferentes historias de vulnerabilidad social.

Sobre la agencia

Agencia Pelota de Trapo instala su palabra en una sociedad asimétrica, inequitativa, que dejó atrás a la mayoría de nuestros niños y donde los derechos inalienables de la persona humana solo se cumplen para unos pocos elegidos por la suerte