Una modesta proposición

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(APE).- Es un asunto melancólico para quienes pasean por esta gran ciudad o viajan por el campo, ver las calles, los caminos y las puertas de las cabañas atestados de mendigos del sexo femenino, seguidos de tres, cuatro o seis niños, todos en harapos e importunando a cada viajero por una limosna, definía con ironía el escritor irlandés Jonathan Swift en el año 1729 en su texto “Una modesta proposición”. Swift -reconocido en la historia por “Los viajes de Gulliver”- se consideraba un gran provocador y sabía que su escrito generaría revuelo en la conservadora sociedad de su época.

 

Esos niños mendicantes que intentan sobrevivir con sus cuerpos garabateados por algún escultor de trazos diabólicos, no son una realidad sólo de nuestro tiempo y menos aún el malestar que producen en las clases dominantes, siempre productoras a granel de niños hambrientos -como la nuestra- con diseños que ofenden la mirada de los dueños del tiempo y perturban la serenidad de sus ventanas. Es que la esperanza de estos niños de sangre viva y de necesidades impacientes no cede.

Hace unas semanas visitaron la ciudad de Córdoba Juan Carlos Blumberg y el chileno Carlos Medina, director de la filial trasandina del Manhattan Institute -organización estadounidense que impulsa la aplicación de la doctrina “Tolerancia Cero”- invitados por el gobernador De la Sota para realizar un diagnóstico sobre las fuerzas de seguridad de esa provincia. Medina realizó un profundo análisis que no dejó afuera ningún elemento, al punto que ni a Swift se le hubiera ocurrido una categorización tan clara: definió a los chicos de la calle -y a las trabajadoras sexuales- como “terroristas urbanos”.

Los chicos que trabajan desde el año 1995 vendiendo la revista “La Luciérnaga” en las calles de Córdoba, sintieron en carne propia los efectos de tales declaraciones. Según Oscar Arias, titular de la ONG que publica la revista, a partir de las manifestaciones de Medina aumentaron en un 50 por ciento las detenciones de los chicos que el Mercado ha declarado inexistentes.

Jonathan Swift, con su ironía -a todo vapor- concluye su alegato con una idea notablemente perturbadora: propuso la tarea de diseñar un plan de crianza y engorde de los niños pobres para que las buenas familias se los comieran.

Fuentes de datos: Diarios Clarín y La Voz del Interior - Córdoba 19-11-04

 

 


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