Turismo de capitales

Hoy se dice dolarización como si fuera posible. Adoptar una moneda que no podemos emitir. Pero como la subjetividad es poderosa, no sería extraño que fuera posible porque se dice. La base material de la palabra ha sido desterrada. Decir que para el hambre no hay pan duro entra en esta categoría de palabras al viento.

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Por Alfredo Grande

(APe).- Lo artificial de la realidad es muy anterior a la era digital.  En la denominada guerra de Malvinas, los dicto adictos decían que estábamos ganando cuando ya estábamos perdiendo. Al orgulloso peso de la convertibilidad cuya identidad autopercibida era un dólar, no lo aceptaban ni en Brasil. San Martin más allá de su espada, no era ningún santo a pesar de la historiografía mitrista. Sin cuestionar si Perón era el primer trabajador, nunca quedó claro cuál era el segundo. Alfonsín padre de la democracia no informó quién era la madre. Y todo así.

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La cultura del cliché, del efectismo tonto. Potenciado por la twitter manía, pero sólo potenciado. Luego del derrocamiento blando de Cámpora, el presidente que no fue según el impecable análisis de Miguel Bonasso, apareció un slogan: Argentina Potencia. Faltaba la In. Porque si algo había en esos años era la impotencia para neutralizar a la derecha peronista. Y la Argentina Impotencia terminó de sucumbir ante la masacre perpetrada por militares, instigada por empresarios y bendecida por sectores prominentes de la Iglesia. Un trino macabro: tres en uno.

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Pero como se dice en el barrio, el eslogan garpa. Sin plataformas digitales se nos convenció de que estábamos en el primer mundo. La lista sigue y sigue y sigue y los asesores de imagen pasaron a ser asesores de ideas. Habitualmente pésimas ideas. Hoy se dice dolarización como si fuera posible. Adoptar una moneda que no podemos emitir. Pero como la subjetividad es poderosa, no sería extraño que fuera posible porque se dice.

La base material de la palabra ha sido desterrada y la palabra ha dejado de ser asertiva para ser, en el mejor de los casos, una metáfora poética. Obvio, de una poesía lastimera. Decir que para el hambre no hay pan duro entra en esta categoría de palabras al viento. La tragedia es que hay solamente pan duro para el hambre, y muchas veces, ni siquiera eso.

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En lejanos tiempos, las trasmisiones televisivas terminaban con una especie de programa que se llamaba “un momento de meditación”. Una vez pregunté -no me acuerdo a quién pero no importa porque habitualmente nadie me contestaba- que no entendía porque sólo había religiosos.  De distintas confesiones, que obviamente, nada confesaban. Dije ¿por qué no había docentes, obreros, médicos, que seguramente sabían meditar también?. No tuve respuesta y la pregunta perdió estado parlamentario en la familia. Pero me doy cuenta décadas después de que la “meditación” era sólo palabra.  En realidad, era una maldita bajada de línea teísta, moralista y anti comunista. Los meditadores de hoy son peores. Saturan con palabras vacías, eslóganes más vacíos todavía, que muchas veces no pueden explicar qué significan.

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Hace tiempo se hablaba de anomia. Un colapso de los sentidos fundantes de una sociedad. Spinoza decía que el concepto de perro no ladra. Y con las estadísticas del hambre no se come. Sin embargo, ver restaurantes llenos y el turismo desbordado, da pie a las meditaciones actuales del tipo “no estamos tan mal y vamos mejor”. Con todo respeto, pero mucha mayor indignación, creo que Gabriela Cerruti tendría que tener un remake del momento de meditación. Siempre en el mismo horario para no perder ninguno.

Para completar el cuadro del vaciamiento de sentido, se habla de la “fuga de capitales”.  Los capitales no se fugan, creo que no son personas aún.  A lo sumo habrá transacciones al exterior realizadas por entes autorizados y en un marco legal dado por una ley de la dictadura. Nada que ver con una fuga.  Y en mi propio momento de meditación, de donde surgen los aforismos implicados, los denominé “turismo de capitales”. Al menos, las cosas por su nombre.

Después de todo, a mis 75 años, bien puedo complacerme con los versos del gaucho Martin Fierro: “estas cosas y otras muchas, medité en mis soledades, sepan que no hay falsedades, ni error en estos consejos, es de la boca del viejo, de ande salen las verdades”. Y de la boca de Alfredo, a veces, también.


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