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Por Alfredo Grande
(APe).- “¿A quién querés más? ¿a tu mamá o a tu papá?” Fue una pregunta muy usada y cuya única respuesta era insultar a quien la hacía. No siempre se podía usar esa respuesta. Pero lo que podía ser superado en el ámbito familiar, deviene paralizante en el ámbito institucional. Creo que la situación actual es la parálisis.
Se insiste mucho con la incertidumbre. Creo que la duda no siempre es mala consejera. Pero la parálisis sí. Y la angustia individual y social lleva a la parálisis. Incluso parálisis del pensamiento. Cuando el pensamiento se paraliza aparecen consignas vacías. Arcaicas. Que más allá del contenido de verdad que puedan portar, perdieron su función de motor de acciones transformadoras.
La herencia cultural debe renovarse para seguir siendo vigente. La consigna el hambre es un crimen no ha perdido contenido de verdad. Lo que intento ampliar es que es un crimen planificado e impune. El hambre para miles de millones es un problema insoluble.
Para cientos de privilegiados es una solución para seguir manteniendo la ficción de que la macro anda bien. Justamente por eso la micro anda mal. El hambre planificada está dentro de la micro. Las necesidades básicas están dentro de la micro. Claro que ambas dos, macro y micro, están atravesadas por las clases. Lo que en las clases más vulneradas es carencia, en las clases privilegiadas es apenas falta. La carencia es no tener para comer. La falta es que se acabó el alpiste del canario.

Ahora mal: la carencia modela la subjetividad. No es un tema el impacto de lo económico social en la salud mental. Es el objetivo de arrasar la salud y por lo tanto que la desesperación impida pensar.
Conviene diferenciar entre pensar y darse máquina. Hoy la plaga es “darse máquina” que es lo opuesto a pensar. El objetivo de la guerra cognitiva de las derechas es que no se piense. Por eso la IA es tan artificial, que reduce la inteligencia a un indefinido acopio de datos. Por eso el objetivo no es que los robots sean cada vez más parecidos a una persona, sino que las personas sean cada vez más parecidas a robots. Y cuando sea posible, eliminar a las personas que están dentro del concepto de “población sobrante”. La continuación del genocidio por otros medios, parafraseando una vez más a Von Clausewitz.
Se trata de pensar en qué mundo vivimos y en qué mundo queremos vivir. El tema no es el ser; a mi criterio el tema es la existencia. Están planeando la tala no ya de bosques, sino de personas. ¿Quiénes lo están planeando? Lamentablemente, saberlo no es impedirlo. Hoy los Estados tienen Estados más poderosos que los conducen. Pasamos de la Revolución Permanente a la Guerra Permanente. La idea de la guerra cuerpo a cuerpo que podía cultivar ciertas formas de heroísmo (el éxito de la Odisea tiene que ver con esto) ha pasado con formas anónimas de destrucción (algunos llaman a esto drones)
Hay personas que tienen peor destino que las mascotas. O apenas son mascotas de los poderes de turno. Incluso la palabra mascota está prohibida para los animales de compañía. Para las personas el “mascoteo” se va imponiendo. Obviamente, será negado y sólo se niega aquello que se quiere afirmar.
Quizá sea tiempo de asumir nuestra condición de mascotas y volver a intentar nuestra propia Rebelión en la Granja.
En todas las granjas.
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