Más resultados

Por Alfredo Grande
(APe).- Carlos Gabetta escribió en 1979 “Todos somos subversivos”. Cuando este libro apareció en Francia, la prédica de la dictadura contra “la campaña anti argentina en el exterior” había superado ya su apogeo, pero se mantenía vigente. El régimen acusaba muchos síntomas de la bancarrota económica, política, militar y moral a la que asistimos ahora, pero aún vivía de las rentas del dinero fácil para algunos argentinos, del campeonato mundial de fútbol para los demás, de la implacable decisión con que había “puesto orden” en el país.
En 1995, con mucho menos vuelo que Gabetta yo escribí “Yo tengo Menem”, en ocasión de la reelección de la comadreja de los llanos, según la acertada definición de Pino Solanas. El todos somos no implica serlo de la misma manera. Yo soy subversivo, pero no de la misma manera que un guerrillero. La mía es una forma vegetariana ya que nunca participé de la lucha armada.
Creo que el todos somos alude a que la idea de subversión excede la forma que tome en cada momento de la historia. O sea: la subversión es un analizador a la resistencia a todas las formas de la cultura represora. Y el concepto de cultura represora a mi entender excede la forma capitalista, ya que la cultura represora aparece incluso en organizaciones anticapitalistas.

El Todos somos Adorni a mi criterio, es darle a Adorni el carácter de analizador. El analizador es una ventana abierta a través de la cual se avizora el nivel fundante. Darle el carácter de analizador a Adorni es intentar entender que el “adorniar” (según la interesante apreciación de Mario Pergolini) no es privativo de Adorni, al menos no solamente.
Adorni inaugura la versión más berreta de la movilidad social, en clave individual y delictiva. Las potentes denuncias de que el hambre es un crimen, o sea un delito, fueron adorniadas en estos tiempos. Un delito de lesa humanidad, ya que los efectos de las hambres y las hambrunas son permanentes. Hoy hasta las derechas se burlan de Adorni, mientras reverencian al genocida Netanyahu.
Es interesante un ejercido de implicación colectiva para entender por qué un Adorni llega a ser Adorni. Ya que ni para adorno sirve. Está sostenida por alguien que fue elegido presidente de todos. Aunque yo pueda decir “no en mi nombre” nadie se entera. Y la Argentina muestra su rostro más patético cuando apenas puede mostrar su rostro deportivo. Donde hay muchos que adornian con publicidades infames. Desde una hamburguesa a un casino digital.

No es lo mismo hacer leña del árbol caído, que tirar un árbol para hacer leña. En este caso, apenas un arbusto. El árbol, o sea, el sistema de saqueo, puede prescindir de Adorni. De lo que no puede prescindir es de todos los adornis que andan sueltos por ahí. Obviamente, lo importante no es serlo, sino parecerlo. Y Adorni dejó de parecerlo.
La hipocresía que lo sostuvo, ahora se escandaliza. Los privilegios siguen, aunque los adornis caigan. Muerto el perro (en este caso un larguirucho patético) no se acabara la rabia. Y habrá más niños, niñas, y adolescentes asesinados cuando nadie se acuerde de Adorni.
Todos somos Adorni.
A menos que podamos extinguir la rabia y no nos conforme que algún perro rabioso sea exterminado.
Suscribite al boletín semanal de la Agencia.
Fundación Pelota de Trapo nació hace décadas para abrigar de las múltiples intemperies a niñas y niños atravesados por diferentes historias de vulnerabilidad social.
Agencia Pelota de Trapo instala su palabra en una sociedad asimétrica, inequitativa, que dejó atrás a la mayoría de nuestros niños y donde los derechos inalienables de la persona humana solo se cumplen para unos pocos elegidos por la suerte