Taty

Las viejas queridas se están yendo tanto, sin soportar más tanta barbarie, tanta infamia legitimada, tanta vileza instituida con constitución quebrada y leyes de ilegalidad expuesta. Ellas que lo vieron  todo. Que vieron la muerte más terrible. La ausencia más atroz. Taty Almeyda no llegó a los 96 pero con su voz enmudeció a todos los sicarios de los infiernos. Y ahora, estará presente más que nunca.
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(APe).- Estamos escribiendo esto una hora después de la muerte de Taty Almeida en un hospital de la CABA. Todavía no puede creerse que  ella se haya ido. Que las viejas queridas se estén yendo tanto, sin soportar más tanta barbarie, tanta infamia legitimada, tanta vileza instituida con constitución quebrada y leyes de ilegalidad expuesta. Ellas que lo vieron  todo. Que vieron la muerte más terrible. La ausencia más atroz. Pero se van yendo  ahora, ya tan chiquitas, tan apaleadas por la suerte pero jamás, nunca, vencidas.  Se van  yendo de 95, de 99, arrastrando el siglo  cruel que las vio luchar y crecer y volverse invencibles cuando los monstruos –que siempre siembran ministerios, que siempre crean delegaciones de su crueldad- les arrancaron lo más querido.

Hoy Taty dejó su voz potente que enmudecía a cualquier milico, a cualquier sicario de los infiernos que ella combatió. Hoy Taty dejó los versos de Alejandro, su hijo que salió diciéndole “mamá ya vengo” y no volvió. Y dejó la fuerza y la convicción de que no los iba a perdonar, de que las Madres no los iban a perdonar, de que nosotros, que nos quedamos cada vez más solas y solos sin ellas,  no los vamos a perdonar.

Y volveremos a alzar la voz, con el timbre feroz de Taty, que habrá hecho  temblar a más de un general, para decirle a quien cuadre en este tiempo oscuro y amenazante

30 mil detenidos desaparecidos

Presentes

Ahora y siempre

Con ella,  con ellas, y con todos los que no volvieron, haremos amanecer. Otra vez


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