El patetismo de la política desciende a los infiernos cuando el planeta se vuelve una selva trumpista y el país un salvesequienpueda donde la gente común, la que soñaba, hoy es material de descarte. Donde los viejos son el puching ball de los miércoles donde la ministra horrible se quita la ira y la infancia es el monstruo con el que asustar a las vecindades.
