No son muertes accidentales. Ni las de los trabajadores petroleros ni las ocurridas en las rutas que conducen a Vaca Muerta. Jonathan Meliqueo y Cristian Latorre fueron –como tantos de sus compañeros en los últimos años- víctimas de un crimen laboral. Hay un sistema de producción fatal que incluye contaminación, uso excesivo de agua dulce y arena y enriquecimiento empresarial mientras es una quimera irrealizable para las mayorías.
