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Por Carlos del Frade
(APe).- Las formas de morir reflejan las formas de vivir.
Consecuencia de saqueos estructurales, no parece ser una divagación literaria decir que el sentido existencial de muchas personas ya no está y crecer y avanzar en la dinámica social sin un por qué termina sembrando la realidad y los números estadísticos de muertes sin sentido.
La fiscal general del Ministerio Público de la Acusación (MPA), María Cecilia Vranicich, de la provincia de Santa Fe informó que en el año 2025 fueron verificados 448 suicidios en una de las geografías que más riqueza produce en toda América del Sur.
Los homicidios sumaron 210, es decir que hubo más del doble de casos de personas que decidieron matarse en contraste con los asesinatos.
Vuelve a ser más cercano el viejo título de una gran obra de Tomás Eloy Martínez, “lugar común la muerte” que cualquier verso que impulse el optimismo y la insistencia o la porfía en continuar esta aventura cósmica única y chiquita que es la vida.
La información agrega que “en comparación, los homicidios dolosos fueron 210 (21,8%) y las muertes en siniestros viales 306 (31,7%)”.
Los medios de comunicación añadieron que “hasta hace poco, las autoridades locales habían centrado la atención en poblaciones del norte santafecino, pero también en el centro-oeste, donde el promedio de suicidios reflejó serios problemas en segmentos sociales no mayores de 30 años”.
En términos de tasas, el impacto también es significativo: los suicidios alcanzan los 12,7 casos cada 100.000 habitantes, frente a 8,7 de las muertes viales y 5,9 de los homicidios intencionales.
El documento advierte que, si bien los homicidios dolosos suelen concentrar la atención pública por su impacto social, la evidencia muestra que la mayor carga de mortalidad violenta en Santa Fe está vinculada con hechos no intencionales y autoinfligidos.
En ese contexto, el MPA retomó definiciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que considera al suicidio como un problema de salud pública global, con consecuencias sociales, emocionales y económicas profundas, y que requiere abordajes integrales.
Alguna vez el pensador español Daniel Innenarity sostuvo que una de las peores desigualdades en el mundo del tercer milenio es la pésima distribución del futuro.
En la Argentina del presente, la concentración y extranjerización de riquezas es simultánea a la desaparición de la noción del futuro personal y colectivo.
Semejante ausencia tiene consecuencias políticas electorales pero también estallidos de violencias cotidianas, espacios que son sembrados metódicamente por las dos grandes fuerzas del capitalismo como son el individualismo y el consumismo exacerbados.
Esa ausencia pesada, contundente y palpable, consecuencia de distintas y múltiples formas de saqueos, torna insoportable el presente y para colmo de males los presupuestos oficiales destinados a salud mental son extremadamente delgados: 0,02 por ciento en la provincia de Santa Fe, por ejemplo. Dos centavos por cada peso.
No hay explosiones sociales, hay detonaciones individuales, permanentes desbordes de soledad.
Más que nunca estos números hacen vigente aquel concepto de Juan José Castelli, el orador de la revolución de mayo, aquel hecho que parió el sueño colectivo inconcluso de la Argentina, nación que se desvanece como consecuencia de los ya varias veces mencionados saqueos históricos. Castelli escribía como consecuencia de su cáncer en la lengua: “Si ves al futuro dile que no venga”.
Cuentan las psicólogas que trabajan en distintos centros de salud en diferentes geografías de la provincia de Santa Fe que sus servicios están desbordados por casos de angustia y una fenomenal democratización de la tristeza en personas de edades diferentes.
Los números oficiales de los suicidios en la provincia de Santa Fe apuran la necesidad de políticas públicas y presupuestos adecuados para que lo humano tenga, aunque sea, una nueva oportunidad en estos atribulados arrabales del mundo.
Fuentes: Diario “La Nación”, viernes 10 de abril de 2026; “Soberanía de la cabeza”, del autor de esta nota.
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