Tres DNI, tres nombres, tres apellidos

Sobrevivir en los comedores populares

“Chicos, ¿ustedes tienen hambre? Vengan de a uno que les voy a anotar el DNI”, les dijo la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, a las organizaciones sociales que reclamaron por el recorte de alimentos para los comedores. Aquí, tres testimonios de mujeres que sufren el cierre de merenderos y el mayor encarecimiento de la comida.

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Por Alejandro Rebossio (*)

(APe).- “Yo voy a atender uno por uno a la gente que tiene hambre, no a los referentes. Chicos, ¿ustedes tienen hambre? Vengan de a uno que les voy a anotar el DNI, les voy a anotar el nombre, de dónde son y van a recibir ayuda individualmente”, les dijo la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, a los referentes de organizaciones sociales que protestaban el jueves frente a su ministerio, en Carlos Pellegrini y Juncal, barrio de Retiro.

DNI 30.932.331, Ofelia Góngora, de José León Suárez

“Desde que empezó subir la inflación en diciembre, los $78.000 del plan Potenciar Trabajo ya no nos alcanza. Vivo con mis hijos de 14, 15 y 20 años y el mayor tuvo que salir a ayudarme con lo poco que gana repartiendo empanadas. Tengo otro de 18 que vive con su señora y sus dos chicos.

Toda mi vida fui a comedores porque mi mamá era soltera con seis hijos y desde los cinco años salía yo a cirujear con ella. A los 16 años me fui de mi casa, a los 18 tuve mi primer hijo y empecé a colaborar en un merendero. Ahora tengo 39. Mando a los chicos a buscar la leche al merendero, donde trabajo (el Potenciar Trabajo obliga a una contraprestación), pero en diciembre pasó de atender cinco días a sólo dos y en enero cerró porque no recibimos la ayuda del Gobierno. Vienen constantemente los vecinos a preguntar si van a volver a abrir, si hay bolsas de mercadería, pero no podemos hacer nada. Vemos si podemos conseguir algo en Facebook pidiendo donaciones o cirujeamos o buscamos verduras para reabrir”.

“La cosa empeoró en diciembre. Yo antes con $.1000 compraba pollo, hoy necesito $3.000. Gasto por día $5.000/6.000 para que comamos los cuatro. Hay veces que debo comer sopita y nada más. Lo venimos pasando mal. Salgo a la calle a encontrar verduras que tiran en las verdulerías, las agarro y me las traigo. Recuerdo que lo hemos pasado así cuando era chica.

En 2001 fue peor todavía, íbamos a la quema (basural) a cirujear porque el dólar había aumentado. Si vienen más aumentos, el colectivo, no vamos a tener ni para viajar. Ellos dicen que aumentaron la asignación (la Asignación Universal por Hijo) y la Tarjeta Alimentar, pero vas al mercado y el azúcar está a $3.000; el aceite, a $2.500; los fideos, a $2.500; la carne picada, a $5.000. Por más que te den $33.000 por la tarjeta, en dos días se te va porque cuando cobro, tengo que devolver lo que tuve que pedir prestado para comer. A mí un compañero me prestó $25.000 y otro $20.000.“

“Por suerte tengo casa propia, acá en el barrio Independencia. Lo que más gasto es en comida, en devolver deudas. Es tremendo. Hasta nos hemos puesto a vender empanadas y sandwiches, salgo y hago un pesito más, pero tengo que ponerlo barato porque en el barrio hay mucha competencia y así termino perdiendo. Ojalá bajen los precios y por lo menos se apiaden.

Es una vergüenza lo de la ministra. La gente no se va a acercar así nomás allá, ¿No se dan cuenta que en la capital creció el cartoneo, la gente viviendo en la calle? La ministra se ríe de la gente, ¿yo me voy a acercar a decirle: 'ministra, me estoy cagando de hambre'? Ojalá que la gente pueda donar, que ayude a los comedores y merenderos. Ir a buscar un vaso de leche no es una vergüenza”.

DNI 33.689.808, Noelia Manrique, del barrio El Tala, Pilar

“Tengo 35 años y vivo con mis cinco hijos, uno con discapacidad, en un monoambiente que alquilo en el barrio El Tala. Pago $60.000 pesos y en marzo el dueño me aumenta a $100.000. Si no pago, me echan. No tengo contrato. Derecho a la vivienda nunca voy a tener. Hasta el año pasado iba a un comedor porque no tenía recursos, pero a fin de año cerró. Desde chica voy a comedores y me ha tocado salir a pedir para comer porque mis viejos no tenían recursos. De grande estudié, pero no pude seguir más allá del secundario. Viví situaciones de violencia, me escapé del violento y ahora ando criando sola.”

“Cobro el Potenciar Trabajo y participo de la economía popular haciendo prepizzas y pizzetas. Aparte, salgo a changuear como empleada doméstica, pero con lo que te pagan no te alcanza para pagarle a una niñera para cuidar a mis hijos. El mayor tiene 14, pero el 12 tiene una discapacidad motriz, pedí una prótesis pero hasta ahora no hay respuesta. Los otros tienen diez, ocho y siete años.

La llevo mal porque todos los días aumenta algo, todos. Yo no llego con el sueldo. Hoy gasto 20 lucas para comer algo porque los chicos desayunan, almuerzan, meriendan y cenan. Les invento comida. Por ejemplo, hiervo fideos y lentejas y hago una ensalada. Pero no les puedo dar frutas todos los días. Ni salir a pasear al parque. Sobrevivimos. Vivo de fiado en el almacén pero me sacan un porcentaje, porque te dicen que después aumenta. Así que saco mercadería a $1.800 y cuando la pago sale $2.400. La garrafa, que me dura el mes, pasó de $3.400 a $10.000. Pienso en la ropa, la mochila y el calzado para cuando empiecen las clases...”

“Hay vecinos que están arrepentidos de haber votado a (Javier) Milei. Dicen que la plata no les alcanza, que por qué atacó al pobre, ya quieren que se vaya. Se nos cortó la luz y los viejos decían que no podían cortar la calle porque les iba a sacar la jubilación. ¿Por qué no vienen a los barrios y ven a las personas con familias que alquilan? Me encantaría que la ministra se ocupe de mi caso, pero somos muchas familias que estamos pasándola mal. Está feo el barrio. Hay vecinos que les dan a sus hijos pan con leche. Realmente es la primera vez que estamos tan mal mal, y me preocupa.”

DNI 39.509.377, Mirelli Blanco, de La Carcova

“Tengo 27 años, me compré un terreno fiscal en este barrio de José León Suárez y estoy haciendo mi casa para mí y mis cuatro hijos, de nueve, ocho años y los gemelos de cinco. ¿De qué no trabajo? Trabajos de lunes a lunes, no se puede decir que no a ningún trabajo así como está el país. Lunes y viernes limpio una casa en avenida del Libertador. Martes y miércoles atiendo en un merendero por el Potenciar Trabajo, pero hay que hacerlo por amor, no sólo como contraprestación, tener empatía con el que viene. Los jueves limpio dos casas en Villa del Parque. Los sábados y domingos hago asistencia geriátrica en Belgrano.

Estaba estudiando para ingresar a Administración de Empresas en la UNSAM (Universidad de San Martín), pero ahora empezó a gustarme Enfermería, donde tengo más chances laborales en lo inmediato. Además hago uñas, pestañas y maquillaje para los 15. Mi mamá, mi padrastro, mis hermanos y las chicas del merendero me ayudan a cuidar a los chicos, pero, como la mayoría somos mamás solteras, también los mandamos al municipio a hacer natación, fútbol, danza. Además de trabajar de todo, busco todas las ofertas de carnes, frutas y verduras en ferias, súper, mayoristas, porque si no comés sano, vienen los problemas de salud, o gastamos en comida o en medicamento. Pero no llegás a fin de mes y no te queda otra que pedir fiados. Y se vuelve un circulo vicioso.”

“A veces nos juntamos con mi mamá y mis hermanos en una sola olla. Sólo comemos bien cargado a la noche, se complica cocinar al medio dia entre ir y venir. Mis hijos van todos los días van al merendero, que sigue abierto porque todos ponemos un poquito de nuestro bolsillo. Es lamentable decir a un chico que solo le damos un pancito. Yo, como tengo energia, salgo de lunes a lunes, y pongo para la garrafa, el jugo, las galletitas, la levadura. Pero hay gente que por salud física o mental no puede salir a trabajar. En diciembre recibimos la última ayuda del Gobierno, pan dulce, pero en enero no. A principios de año pasamos a abrir tres días por semana y ahora reabrimos cinco. Habíamos guardado mercadería del periodo anterior.”

“Toda la vida hemos ido al merendero. Me fui un tiempo de La Carcova para independizarme, pero después volví por la situación del país. Los chicos vienen al merendero para buscar contención, porque su familia trabaja, ellos quedan solitos, vienen temprano porque tienen hambre, y van de comedor en comedor para sobrevivir. Veo la desesperación de la gente porque uno les da menos cosas, racionás para los próximos días. Los grandes andan juntando cartón, haciendo changuitas.

Antes el Potenciar no servía por completo, pero te daba posibilidad de sobrevivir hasta fin de mes. Hoy sirve menos de dos semanas. Se siente más la desesperación de la gente, las madres solteras no tenemos con quién dejar a los chicos, siempre hay un riesgo. Es frustrante y desesperante. Encima nos marginan, nos tienen vistos como unos vagos y es todo lo contrario, nosotros estudiamos, mi hermana con el Potenciar se paga la universidad para educación física, mi hermano junta cartón y termina el secundario.”

“Es tal la desesperación que te vienen a pedir fideos, aceite. Se siente más que antes y peor. Necesitamos que nos apoyen en cursos laborales, dar de comer, pero también trabajar. A los varones les pagan mucho mejor, pero la mayoría no pasa plata. A mí sí, pero la mayoría no. Hacer un juicio por alimentos te lleva plata, el abogado público no avanza y el privado te estafa.

A veces trabajamos más de 12 horas y cuando volvés, limpiás la casa, das de comer. Yo la única posibilidad que veo a futuro es irme del país. Mi mamá vino de Perú hace 30 años y ahora Perú está mucho mejor. Allá tendría apoyo familiar. Es complicado porque nos costó mucho venir, no es fácil llevarse a los chicos del país, pero acá no se puede, hay trabajo pero mal pago, $500 por hora para cuidar un anciano. Mi mamá dice que está mejor acá por ahora, pero si se privatizan la educación y la salud, ahí sí vamos a estar en problemas.”

(*) Publicada originalmente en diarioar.com


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