Postales de la desigualdad

Robar cables para sobrevivir… o morir

Sobreviven con la venta de metal. Y demasiadas veces mueren quemados. Un chico de 14 está grave en Rosario. La misma ciudad en la que murieron varios jóvenes electrocutados. Igual que en Olavarría, La Plata o Guaymallén. A centenares de kilómetros de distancia, los seis argentinos más ricos suman 25.800 millones de dólares.

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Por Claudia Rafael

(APe).- El pibe de 14 años batalla por su vida en el Hospital Vilela de Rosario. Sufrió quemaduras gravísimas en distintas partes de su cuerpo cuando –según se cree- intentaba robar cables eléctricos. Para vender. Como tantos durante las cíclicas crisis, con un crecimiento exponencial del cartoneo, de la venta de metal, de vidrio, de plástico.

Julio Daniel González, de 24, hace poco más de un mes padeció severas quemaduras en el 80 por ciento del cuerpo y finalmente murió quince días atrás en el Heca (Hospital de Emergencias Clemente Alvarez). En la misma ciudad de Rosario.

Menos de dos meses atrás, Ezequiel Francisco Curaba, acababa de cumplir 21 y la inequidad le arrebató la vida de la misma y exacta manera. En el mismo hospital. Y sobre él su maestra –con la rabia intacta por los festejos sobre su muerte publicados en las redes y en los comentarios en los medios- escribió después que no quiero que lo recuerden así. Él era Eze, mi alumno. Nuestro alumno. Era muy dulce y andaba con su carro. Tuvimos muchas mañanas de mates y risas. Se medía en todo, pero siempre sonreía. Los últimos tiempos han sido difíciles para nuestros pibes, él tiraba de su carro. Andaba cirujeando. Le gustaban los cuentos, pero no leer (…) él tiraba de su carro. Andaba cirujeando. Porque el hambre no espera. Era tan dulce, y tiraba de su carro.

No son números. Son jóvenes que, en ocasiones, sólo en ocasiones, aparecen mencionados en la crónica roja de los diarios, como definía Galeano a los nadies.

En una epidemia que crece y se propaga como la peste de la desigualdad por los diferentes territorios del país.

Un joven de 22 años -escribieron los medios de Olavarría- murió en septiembre al electrocutarse en una subestación transformadora de electricidad mientras intentaba hacerse de cables para vender.

Y cuatro meses más tarde, en uno de los poblados de la misma ciudad, murió en las mismas circunstancias un joven de 26.

La misma edad de un hombre que murió electrocutado tratando de robar cables de bronce de alta tensión en Guaymallén, Mendoza.

Apenas algo mayor de lo que era un joven platense que murió muy cerca de la mítica República de los Niños, aquel emblema creado durante el primer peronismo. Y a quien ni siquiera podían retirar los bomberos porque inicialmente el tendido seguía conduciendo electricidad.

Quemar el plástico de los cables para extraer cobre, bronce, plomo, aluminio. Quitar placas de los cementerios. Bucear entre la chatarra. Cartonear o revolver la basura en busca de comida. El kilo de cobre se paga hoy en muchos lugares de 4000 a 6000 el kilo, según la calidad.

Son las batallas cotidianas que explotan en la vida diaria cuando las desigualdades se profundizan y las cíclicas crisis no permiten ni siquiera el digno plato de comida. Que se multiplican en las calles al compás de las diminutas prefabricadas de cartón con fuego cerca para pasar las noches bajo un puente o sobre una vereda.

Batallas que están a miles de kilómetros de distancia de la fiesta de quienes, según publicó la revista Forbes, acumulan entre seis 25.800 millones de dólares. Algunos, como Marcos Galperín, rondan los 6300 millones a partir de la paternidad de Mercado Libre; otros menos, como Eduardo Constantini, con 1500 millones y un abanico de firmas dentro del mundo inmobiliario, con la creación de Nordelta entre sus manos.

Son los seis más ricos del país, en este orden: Galperín, Paolo Rocca (Techint), Alejandro Bulgheroni (Pan American Energy Group), Gregorio Pérez Companc (Molinos Río de la Plata), Eduardo Eurnekian (Corporación América) y Constantini.

Lejos, muy lejos del pibe que se juega la vida por unos cuantos cables que contienen metales. Lejos, muy lejos de la absoluta mayoría de quienes fatigan a diario las calles para sobrevivir. Tan lejos de Marcos Galperín, por caso, que ostenta el puesto 462 a nivel mundial, en una lista encabezada el francés Bernard Arnault (de LVMH, el mayor grupo de artículos de lujo), el estadounidense Jeff Bezos (Amazon) y el sudafricano Elon Musk (Tesla y X, entre sus múltiples empresas). El mismo Galperín que –según figura en el balance de su empresa- recibe del Estado argentino más de 100 millones de dólares anuales por impulsar una supuesta economía del conocimiento.


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