¿Qué querés ser cuando seas grande?

El deseo de querer ser. Aquella vieja pregunta de “qué querés ser cuando seas grande” que hoy no puede hacerse. Alfredo Grande plantea “mantener el deseo de querer ser. Parece simple. Pero hoy es muy difícil, casi imposible. Casi”.
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Por Alfredo Grande

(APe).- Antes, en otro mundo quizá, se le hacía a los niños y niñas la pregunta “¿Qué querés ser cuando seas grande?”.  Yo -que alguna vez fui niño- respondía: yo ya soy grande. Jugando con mi apellido, obvio. Ese equívoco semántico quizá marcó mi vida ya que una cosa es el apellido y otra muy distinta es la grandeza.

Dicho lo cual, creo que esa pregunta era fundante. Primero porque aludía a una lógica deseante. “Que querés ser”. Después, porque se mantenía una lógica temporal. “Cuando seas”… o sea, en este momento no lo sos. Pero lo serás. El presente y el futuro no estaban disociados. Las dos dimensiones eras posibles. Y el “qué querés”  aludía a distintas formas de existencia para ese ser. O sea, la existencia se podía modelar de distintas formas.

Algo de eso se llamaba “orientación vocacional”. Donde el vocare se podía plasmar en una elección. Para lo cual es necesario que haya alternativas. Elegir sin alternativa no es elección. ¿Qué alternativa hay para las diferentes hambrunas que en el planeta están sucediendo?  Las colectas organizadas por Unicef parecen ser apelaciones entre la realidad y la hipocresía. Como dijo María Elena Walsh “primero fabrican pobres y enfermos, luego regalan el hospital”.

En la actualidad trágica de la cultura represora ni siquiera lo regalan. Lo pagan las víctimas, en eso que se llama “deuda externa” y que es el saqueo a escala planetaria. Nuestras venas y arterias abiertas, como enseñara Galeano. La pregunta “qué querés ser cuando seas grande” hoy no puede hacerse. El deseo ha dado lugar al mandato en su versión más primaria. La supervivencia a cualquier costo. Matar y morir. Como recuerdo vagamente que dijo Zito Lema, “niños que matan para que sepamos que están vivos”.

La absoluta inequidad social quiere enfrentarse disminuyendo la edad para que sea legal triturar a las víctimas. Mientras sube la edad de impunidad, disminuye la edad de imputabilidad. Y lo peor es que quiere curarse la enfermedad con lo mismo que la produjo. A pesar de que todo remedio es peor que la enfermedad. Antes se salía de los laberintos por arriba. Pero ahora existen los drones. Habrá que salir de los laberintos por abajo. En la medida que sigamos manteniendo la convicción que arriba los de abajo.

Mantener el deseo de querer ser. Parece simple. Pero hoy es muy difícil, casi imposible. Casi. Los que pudimos elegir alguna vez lo que queríamos ser, sabemos algo que quizá las generaciones más jovenes ignoren. Cualquier fe mueve montañas. Porque la fe es otro de los nombres del deseo. Si decir “que querés ser…” apelaba al deseo, es necesario dejarse apelar por nuestros más profundos deseos.

Porque el deseo es la única credibilidad que nos queda.


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