Presupuesto 2026: una condena a las escuelas técnicas

El gobierno concluyó el 2025 con la victoria de un presupuesto parido a motosierra. Entre quitas de financiamiento en salud y educación, se desvistió a la educación técnica del fondo establecido por ley. Un presupuesto acorde a estos tiempos de crueldad e individualismo estimulado. Y avalado por un importante sector de la población.
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Por Claudia Rafael

(APe).- En un país que en este tiempo histórico está cincelando la estructura para la demolición del trabajo y de la industria, quitar en el Presupuesto 2026 todo apoyo financiero a la educación técnica se transforma en una lustrosa cereza de un postre venenoso.

Un eslogan de campaña presidencial de Javier Milei fue volver a la Argentina de 100 ó 120 años atrás. En una muletilla repetida hasta el hartazgo que reivindicaba una Nación potencia ocultaba el trasfondo real del modelo agroexportador, la Liga Patriótica (suerte de Triple A de aquellos días), la persecución a inmigrantes anarquistas y socialistas y la Ley de Patronato (que promovía extraer a los niños trabajadores de sus familias para su tutela estatal).

Es extraño cómo se elige concienzudamente cuáles costados de la historia reivindicar y cuáles zambullir en la desmemoria. Porque, casi contradictoriamente, en aquella misma época es cuando se empiezan a fogonear las primeras escuelas y centros de formación técnica. Y a la vez se crea la Sociedad de Educación Industrial. Es que, en esos tramos históricos, –dice María Antonia Gallart- “la educación técnico industrial tuvo dos objetivos manifiestos: uno, era desviar la matrícula de las modalidades mayoritarias de la educación secundaria que se consideraban `fábricas de empleo público`, hacia carreras más útiles. La segunda, muy unida a la primera, era promover mandos medios para la naciente industria que se consideraba sería una actividad principal en el futuro del país”. Y, entre 1909 y 1910 se crearon en toda la geografía argentina Escuelas de Artes y Oficios en las que se enseñaba herrería, carpintería y mecánica.

Cuando 2025 se estaba arrastrando ya en sus últimos días, el Congreso hizo de las suyas. Esos hombres y mujeres que nutren sus bolsillos mes a mes de unos 10 millones de pesos se esmeraron en dar al circunstancial ocupante de la Rosada un presupuesto a la medida de su mezquindad y servilismo. Gracias a Milei, pronunció Alberto “Bertie” Benegas Lynch, por “la irrenunciable batalla cultural, por el nivel del debate y por su convicción para hacer una Argentina Grande”. Y con su habitual tono vocal de burguesía reconcentrada aseguró que por fin, “la gente entendió que bajar el gasto del Estado es contención social” y que “cada desregulación es más libertad y derechos”.

Síntesis total: 132 votos afirmativos, 97 negativos y 19 abstenciones en la Cámara de Diputados y en Senadores, 46 votos a favor, 25 en contra y 1 abstención. Así se sancionó el Presupuesto 2026 que define, con la quita de fondos para sectores fundamentales, cuál es el país que se propugna. Un presupuesto no es otra cosa que una radiografía contundente de las ideas. Quito impuestos de aquí, pongo fondos por allá, arrebato millones ahí y también por acá.

Nada es gratis. Alguien lo tiene que pagar. Equilibrio fiscal. Todos eufemismos que terminan justificando, por caso, la rebaja de impuestos a las grandes mineras, a las cerealeras, a la compra de aviones privados; los recortes en el Garrahan, en Conicet, en Discapacidad. Y como una perlita particular, la eliminación del artículo 52 de la ley 26.058, que creaba el Fondo Nacional para la Educación Técnico Profesional, financiado con 0,2% del total de los Ingresos Corrientes previstos en el Presupuesto Anual Consolidado para el Sector Público Nacional.

Un estudio reciente del CEPA plantea que “lejos de cumplir con la ley, la asignación (de fondos) viene desplomándose desde que asumió Milei. En 2023 se ejecutó el 50,5% de lo que correspondía; en 2024 apenas 9,4%; en 2025 10,8% y, para 2026, el proyecto reduce la cifra a un ínfimo 3,5%”. Con un detalle: se trata de una ley a la que, al cumplirse 20 años desde su sanción, se le quitó su espíritu. Porque permitió, después de su abandono en tiempos de menemismo, un crecimiento del 111%, entre 2005 y 2023. en la matrícula de estudiantes en este sector y se crearon 136 instituciones, según afirmó el entonces ministro de Educación de la Nación, Jaime Perczyk.

Sin embargo, dos décadas después de esa determinación de financiamiento hay casi 1800 escuelas secundarias con más de una veintena de especialidades a lo largo y ancho del país, más de 1400 centros de formación profesional y el sistema superior técnico que congregan un millón y medio de alumnos que dejarán de tener sostén financiero.

Prototipo de auto eléctrico hecho por estudiantes técnicos marplatenses.

Estudiantes que han sido capaces de crear un software interactivo adaptado a las necesidades de personas con discapacidad y facilitar la comunicación entre alumnos y docentes (Escuela Técnica N° 10 de Ciudad Madero, de La Matanza); un sistema de electricidad basado en el proceso natural de fotosíntesis de las plantas, destinado a escuelas rurales sin acceso a la luz (Escuela Técnica Nº 1, de Olavarría); de dispositivos de uso cotidiano para personas con problemas de artritis, reuma u otras afecciones con dificultad en el movimiento (Escuela Técnica Nº32, en el barrio porteño de Chacarita); de la Tecni Bike, un vehículo con asistencia eléctrica, específicamente diseñado para el transporte de personas con movilidad reducida (Escuela técnica de Trenque Lauquen); de prótesis para animales diseñados con materiales reciclados (escuela técnica de Puerto Esperanza, en Misiones); de un brazo mecánico para ayudar a personas con discapacidad motriz (escuela técnica de Saliquelló) o, en Corrientes, de participar de una competencia entre más de 130 chicos y chicas de las escuelas técnicas de toda la provincia para diseñar el mejor automóvil eléctrico.

Prótesis en 3D para manos, brazos y dedos. Estudiantes técnicos de Mercedes.

Es un símbolo feroz de tiempos de crueldad e individualismo estimulado en el que se ensalza la quita de financiamiento para esa formación que permite una salida laboral en oficios o que fomenta la imaginación para gestar proyectos que facilitan la vida cotidiana, en un contexto capitalista planetario. En un tiempo histórico en el que cualquiera, por puro arresto individual, cree que se puede transformar en plomero, gasista, herrero, carpintero o electricista con un tutorial de 5 minutos en youtube o tik-tok. Y, encima de todo, transformarse meritocráticamente en millonario. En un tiempo histórico en el que día tras día se conocen nuevas cifras de despidos y de destrucción de la industria nacional.

El desfinanciamiento de las escuelas técnicas es un mojón más, de tantos, en un tiempo de neo-oscurantismo, que hoy no desencadena reacción social. Y que, sin embargo, está apuntalando la destrucción del presente y del futuro. O, más bien, la construcción de un presente y un futuro temibles, cada vez más temibles. En el que valores tan profundos como comunidad, solidaridad, abrigo, equidad, hundidos en el barro de la indignidad, deberán ser rescatados y reivindicados como el estandarte de un tiempo nuevo al que habrá que solidificar colectivamente. Con la infinita paciencia de los pueblos.


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