Por una tierra donde nacer

Que no intente nacer aquí, que los hospitales están saturados, que no se puede pagar una casa y los debajos de las autopistas ya están ocupados, que los panes dulces ya no son dulces, que en estos bajos suburbiales de la vida no hay turrón ni luces de colores. Que no nazca aquí. Que está lleno de policías y gendarmes que lo requisarán para ver qué trae bajo sus brazos morenos.

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Por Silvana Melo

(APe).- Más de dos mil años lleva buscando dónde nacer. Y más de una vez se empeña en germinar por aquí. Brotar como una florcita silvestre en un establo, un baldío, una fábrica abandonada, en el barro de un potrero, en un barrio popular a la orilla del Riachuelo.

Es que Belén está en Cisjordania y no hay mucho escenario para andar naciendo. No puede arriesgar su vida pequeñita en la puntería de un misil. Los Herodes se multiplican en estos días allí y en estas tierras de castigo, donde siete niños de cada diez que nacen rompen a vivir en casillas de techo frágil con el hambre clavado en el porvenir.

Mañana, dicen, estará intentando nacer por acá. Huyendo, con su madre y con su padre, de un poder que lo condena. De un privilegio que no está dispuesto a permitirle nacer. Que lo sentencia al espacio donde duermen los animales. Para desgarrarlo de humanidad. Y él se empeña en nacer acá. En los baldíos donde duermen los borrachos y se tiran a sobrevivir los que no tienen techo. Como él. En las fábricas abandonadas, donde acaso haya algún espíritu de los tiempos de la vida mejor. En medio de semejante desamparo. En un barrio popular donde sus pulmones respirarán plomo y el hambre se pegará en la piel, como el agua contaminada de cloacas y metales pesados.

Si los ven, a él llevando la cuna y a ella la panza, díganle que no se queden aquí. Que en estos días el hambre anidará en los arbolitos pobres y en los pesebres armados con lo que quedó de tantos años. Donde él casi nunca está.

Díganles que no dejen que nazca aquí. Que la oscuridad es tiniebla en estas tierras. Que es mentira que este país es el país de la libertad. Apenas serán los terratenientes los que podrán incendiar la tierra libremente. Y secar el agua buena y contaminar y envenenar en nombre de la rentabilidad. Apenas serán los multimillonarios los que podrán quedarse con las tierras más ricas y más fértiles del país. Con toda libertad.

Que no intente nacer aquí, que los hospitales están saturados, que no se puede pagar una casa y los debajos de las autopistas ya están ocupados, que los panes dulces ya no son dulces, que en estos bajos suburbiales de la vida no hay turrón ni luces de colores.

Que no nazca aquí. Que está lleno de policías y gendarmes que lo requisarán para ver qué trae bajo sus brazos morenos.

Pobrecito. Empecinándose en nacer aquí. Tan pequeño y frágil. Tan niño de conurbano nuestro.

Entonces, si se aferra todavía a este sueño imposible en que convierten a esta tierra, acaso venga a hablar de que hay que nacer y nacer para ganarles a la muerte y al poder. Hacerse clandestino como él para poder sobrevivir, rebelarse como su madre e ir a parir a cualquier pantano para que los reflectores de los guardianes no lo descubran.

Porque andan sueltos los lobos con camiones hidrantes y gases para llorar. Y a él, si insiste en nacer aquí, no lo van a atrapar. Porque se va a encender en esperanza en cada casucha de las periferias del mundo. Donde no hay qué comer. Pero hay una bolsa de ternura para alimentarlo.

Acá, donde están derrumbando todo.

Pero si él nace, habrá un triunfo descomunal de la desobediencia humana.


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