No me mueve mi niñez para quererte

Analiza Alfredo Grande que la patria no es el otro, ni la otra sino que la Patria es la niñez. Pero, al mismo tiempo, advierte que ya desde los lejanos tiempos del chiquilín de Bachín, de marcar la hora de un niño en la calle, hace décadas que la niñez no puede construir patria.
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Por  Alfredo Grande

(APe).-No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Este primer cuarteto del soneto anónimo me permite pensar que para querer no hay mandato que valga. Querer, amar, es resultado contingente del deseo. Nunca es efecto del mandato, ni de ninguna orden. Por eso siempre cuestioné el mandato de “honrarás a tu madre y tu padre”.

Creo que sólo debe ser honrado el hijo y la hija. El padre y la madre deberán esperar la honra del deseo de sus hijos. Si la infancia es la patria del hombre y la mujer, como dijo el poeta Rilke, según como sea la infancia, será la configuración afectiva de la Patria. Lo digo de otra manera: si no hay niñez feliz y deseante, la Patria es una palabra totalmente vacía de contenido.

La patria NO es el otro, ni la otra.

La Patria es la NIÑEZ.

Es posible que esta afirmación no sea del agrado del oportunismo político e ideológico. Desde los lejanos tiempos del chiquilín de Bachín, de marcar la hora de un niño en la calle, hace décadas que la niñez no puede construir patria.

Mucho se ha discutido sobre si la pobreza engendra delincuentes. Convendría diferenciar pobreza de indigencia. La indigencia sostenida en el tiempo anula, extirpa toda dimensión fundante de la Patria. De la Gran Patria y de la pequeña patria. O sea del barrio.

La declamada guerra de pobres contra pobres en realidad es una guerra entre desesperados e indigentes. Mucho se habla de los motochorros. Poco y nada de los “autos de última gama-chorros”.

Cuando se habla de saqueo, se piensa en un supermercado. Nunca en el comercio exterior. El llamado sentido común es minimalista. Nada sabe de generalizaciones, de lo universal. Sigue creyendo que, pintando su pueblo, está pintando al mundo. Lamentablemente, lo que está pintado es el sentido común. Que no es el menos común de los sentidos, sino el más reaccionario de los sentidos.

El que sólo ve a los pibes chorros, convalida el gatillo fácil y ataca el narco menudeo. Estoy seguro de que no entenderá; por lo tanto, no acordará con que la patria es la niñez.

Para el sentido común, la víctima es siempre victimario. Recuerdo a los Quilapayún cantando la Cantata Santa María de Iquique. Es peligroso ser pobre. Firmemente creo que es peligroso ser niño y niña. Y si pensamos que más del 60% de la niñez es pobre, el peligro es atroz.

Por eso me mueve niñez para quererte saber que estás en peligro. Y también sé que no he sabido protegerte.


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