No hay balas perdidas

 

La muerte de Candelaria, de apenas cinco años, es consecuencia del negocio impune del contrabando de armas. Hablar de balas perdidas es una forma de ocultar la fuerza que tiene el negocio ilegal de las armas tanto en la provincia de Santa Fe como en la Argentina.

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Por Carlos del Frade

(APe).- Candelaria Agostina Enrique tenía cinco años. Fue víctima de un negocio multinacional que crece en la geografía argentina por la complicidad de muchos que miran para otro lado. No fue una bala perdida ni mucho menos el efecto de una tragedia.

Quizás sea verdad que Dios no juega a los dados con el universo.

Pero tampoco juega con armas.

Las tragedias fueron pensadas para deslindar responsabilidades humanas y atribuir las calamidades a los caprichos de seres tutelares, tan poderosos como arbitrarios.

El crecimiento del contrabando de armas, alimentado por las políticas públicas de los principales países del mundo como Estados Unidos y Alemania, genera la proliferación de municiones en distintos países del planeta que ya tiene fecha de vencimiento como consecuencia de la devastación de los bienes comunes inmolados en el altar del verdadero dios que es el dinero.

A principios de la segunda década del tercer milenio, un ministro de seguridad de la provincia de Santa Fe sostuvo que había entre 150 mil a 300 mil armas en el segundo territorio de la República Argentina.

Democratización de armas y municiones. Clara consecuencia de la impunidad con que crece el negocio de las armas, una de las principales arterias que alimenta el corazón del capitalismo desde hace sesenta años junto al petróleo, los medicamentos, el narcotráfico y la trata de personas como lo vienen diciendo desde las Naciones Unidas al Fondo Monetario Internacional.

En los barrios estragados del oeste rosarino se menciona la existencia de arsenales cercanos, como si fuera un punto de venta más en la geografía de la economía cotidiana informal.

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El 90 por ciento de los 371 homicidios sufridos en los primeros once meses del año 2022 fueron cometidos con armas de fuego.

En este contexto, tal como lo dicen las estadísticas internacionales, el problema del narcotráfico está por detrás del negocio de las armas y municiones en la provincia de Santa Fe.

La facilidad con que se accede a un arma hace que florezcan pandillas de chicas y chicos que crean poder constituirse en una pandilla con mucho poder económico a través de las extorsiones y amenazas que pueden generarse con las armas.

Por lo tanto, hablar de balas perdidas es una forma de ocultar la fuerza que tiene el negocio ilegal de las armas tanto en la provincia de Santa Fe como en la Argentina.

El lunes 26 de diciembre de 2022 se conoció la muerte de Candelaria Agostina Enrique de solamente cinco años como consecuencia de un balazo que alguien disparó como supuesta celebración de la llegada del niño Dios.

Los medios de comunicación, entonces, hablaron de tragedia y bala perdida.

En realidad, la muerte de Candelaria es consecuencia del negocio impune del contrabando de armas donde pocas cosas deben ser consideradas como perdidas y mucho menos originadas por dioses arbitrarios.

Dijeron bien los trabajadores de prensa cuando escribieron que “podría decirse que la muerte de Candelaria es inexplicable. Pero todo puede pasar en una ciudad que cerrará 2022 habiendo superado la cifra máxima de homicidios registrados en un año. Sobre todo, cuando del total de 279 crímenes, 30 víctimas eran menores de edad que murieron a balazos. Hay vidas de niños y adolescentes que están en riesgo en sectores de la ciudad donde se ha naturalizado el uso de armas de fuego, sea en contextos de violencia urbana o en casos como este en el que, al parecer según versiones preliminares, alguien disparó hacia arriba sin importarle las consecuencias”, marcaban las notas.

Los artículos de los diarios agregaron que el jueves 22 de diciembre Candelaria tuvo su último día en el Jardín de Infantes Sapo Pepe, ubicado en Alsina al 3900, a cinco cuadras de su casa.

-La conocimos desde muy pequeñita, festejó sus cumpleaños de tres, de cuatro y de cinco en el jardín, la vimos crecer - contó Ana Paula, quien fue su maestra durante 2021. "Sus papás son dos laburantes que trabajaban por y para su hija", agregó la mujer. Por ese motivo, contó, solían llevar a Candelaria al mediodía, donde almorzaba con las maestras.

-Hoy nos toca despedirte, nuestra dulce Cande. Hay muchas preguntas en nuestra cabeza y no podemos responder el porqué. Simplemente recordar todos los momentos compartidos, el verte crecer desde tan pequeñita hasta que cumpliste tus 5 añitos - publicaron desde la cuenta del jardín Sapo Pepe.

Candelaria fue víctima de un negocio multinacional. No fue una bala perdida ni mucho menos el efecto de una tragedia.


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