Niños indígenas

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Por Sandra Russo

(APE).- Ciudad de Riobamba, provincia de Chimborazo, la más pobre de Ecuador. Población predominantemente indígena. ¿A dónde irían a vivir los indígenas si no una ciudad de la provincia más pobre? Riobamba tiene, además, un alto índice de migración interna. Desde allí, que es la base, muchos son los que en algunas épocas del año van a Quito a trabajar como changarines o lustrabotas, o a Guayaquil a vender baratijas, o a los campos del Ecuador profundo a cortar caña.

El último martes del 2004, cinco niños indígenas que deambulaban por Riobamba y ganaban sus monedas limpiando zapatos, terminaron agotados la jornada y juntos fueron a pasar la noche a la Casa Indígena, un refugio para los sin techo. Pero eran niños y hacían ruido. Bromas. Empujones. Terminaron echándolos como indeseables justamente de ese lugar creado para amparar a indeseables. Los cinco volvieron a la calle.

Lo que pasó en esas horas puede reconstruirse sin esfuerzo. Vagaron sin saber a dónde ir. Se cansaron también de hacerse bromas y pegarse empujones. Necesitaban dormir después de un día de trabajo infantil. El azar los llevó hasta un basurero municipal del centro de Riobamba, en el que después de recorrerlo encontraron un contenedor vacío. Puede uno imaginárselos mirando ese contenedor como un vientre metálico dispuesto a recibirlos. Puede uno imaginárselos entrando en él, acurrucándose, quedándose dormidos al instante porque era mucho el cansancio y mucha la fatiga de un día más sin saber a dónde ir ni tener a dónde volver. Al día siguiente los encontraron muertos a los cinco en el fondo del contenedor. Obreros municipales, sin saber de la presencia de los niños, habían descargado en el contenedor toneladas de desperdicios y escombros. Los niños murieron aplastados.

Una vez más, como ya hemos dado cuenta en otras oportunidades desde estas mismas páginas ante noticias similares, en las que aparentemente es la fatalidad la responsable directa de algunas tragedias, puede rastrearse el origen del drama en otro lado. Es evidente el origen del drama. No fue el azar que quiso que los obreros municipales descargaran desperdicios y escombros “justo” en ese contenedor, ni que los niños eligieran “justo” ese contenedor para dormirse. ¿Por qué un niño duerme en un contenedor? La respuesta es sencilla: porque no tiene ningún otro lugar para dormir. No tiene una familia que lo espera. No tiene una escuela que lo ampare. No tiene vecinos que lo cuiden. Son niños que sobran. Y es la misma sociedad que determina que esos niños sobran la que se encarga de que el azar se deshaga de ellos. Muertes como la de estos niños no son producto de la fatalidad, son crímenes colectivos.

Fuente de datos: Boletín Red Eco Alternativo 04-01-05

 


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