Morir y (sobre) vivir en la calle

Aunque Héctor falleció este lunes en Capital Federal, el panorama, con respuestas similares, se replica en todo el país: ciudades plenas de propiedades desocupadas e instituciones públicas que permanecen con las puertas – y la sensibilidad- cerradas a quienes necesitan cobijarse del frío.

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Por Martina Kaniuka

(APe).- Héctor era albañil. Dicen los diarios que tenía “entre 35 y 40 años”. Cuentan que era un hombre muy alegre y debió haberlo sido para, a pesar de (sobre)vivir en situación de calle, seguir sonriendo. Recuerdan los compañeros de la Asociación Civil Amigos en el Camino que le gustaba hablar con doble sentido y que, cuando conseguía una changuita, Angelito y Ramón -sus amigos de ranchada- lo molestaban diciendo que “se olvidaba de los pobres”. Héctor murió este lunes y dicen los medios que “murió de frío”.

Esta última semana ya habían fallecido Orlando que vivía en un banco del barrio de Belgrano en avenida Cabildo y La Pampa y Ramiro que vivía en la esquina de Valentín Gómez y Salguero, en el barrio de Almagro.

“Somos uno de los pocos países en el mundo y en la región con tres leyes específicas sobre situación de calle, pero poco ha cambiado: la gente sigue estando en la calle y cada vez se ve más, lamentablemente”, aseguró en un comunicado Horacio Ávila, referente de Proyecto 7, organización cooperativa que brinda contención y asistencia a personas en situación de calle que organiza, para fines de este mes de junio, el Tercer Encuentro Latinoamericano y del Caribe de Personas en Situación de Calle, donde referentes de distintas organizaciones y compañeros y compañeras que viven o vivieron en situación de calle, reflexionarán en torno a la problemática.

Héctor murió en la calle.

Y es que las respuestas de quienes debieran garantizar los derechos de los más vulnerados son escasas, inefectivas e ineficientes: según el Censo Nacional realizado en mayo del año pasado, la población que vive en la vía pública en toda la Argentina es de 2.962 personas. Número bastante menor al arrojado por el Censo Popular realizado, por segunda vez, por más de cincuenta organizaciones en 2019, cuando estimaron que eran 5412 personas, sin calcular aquellas que paraban en refugios, las que vivían sin un techo sobre su cabeza, durmiendo en salas de hospitales públicos, veredas, cajeros automáticos, puentes y autopistas.

Con un 3% de indigencia y casi un 60% de la población bajo la línea de pobreza y la ola polar recrudeciendo, no hay tiempo para dilaciones. En este sentido, Ávila advirtió que “la gente necesita lugares donde estar, se necesitan de manera urgente Centros de Integración. Ya no podemos esperar más para que se aplique política pública”.

Un recorrido por la Ciudad de Buenos Aires es un puntazo en el pecho: miradas camufladas entre cartones, pies desnudos con temperaturas bajo cero, familias con colchones sobre la vereda de la urbe de cemento llena de propiedades y edificios que están vacíos: tanto o más vacíos que la sensibilidad de los funcionarios de turno. “Los cajeros se transformaron en monoambientesdijo el candidato a Jefe de Gobierno por el PRO, Jorge Macri  cuando anunció los planes para sus votantes. En Capital Federal, con una población de 3 millones de personas son 200 mil las viviendas ociosas; para los propietarios y quienes puedan acceder a una garantía de alquiler, habrá exenciones impositivas y facilidades. Para quienes cargan con la dignidad de lo puesto y las necesidades básicas insatisfechas, habrá otra vez palos, persecución y más indiferencia.

Y aunque Héctor falleció en Capital Federal, el panorama, con respuestas similares, se replica en todo el país: ciudades plenas de propiedades desocupadas e instituciones públicas que permanecen con las puertas – y la sensibilidad- cerradas a quienes necesitan cobijarse del frío.  La ley 27654 que fue aprobada en el año 2021 para que el Poder Ejecutivoelabore y desarrolle una política pública integral, coherente y de alcance nacional” y gestione la creación de una “Red Nacional de Centros de Integración Social" – que deben brindar atención permanente y continua, funcionando las 24 horas del día, los 365 días del año para brindar los servicios socioasistenciales básicos, incluyendo alojamiento, alimentación e higiene – fue reglamentada recién este año cuando una beba de tres meses murió frente a las puertas de la Casa Rosada.

Héctor murió de fríodicen los medios, como si hubiera podido evitarlo sin una cama, una ducha, un plato de comida, calientes, sin un trabajo para vivir dignamente y abandonar el oficio de sobrevivir, sin el destino preciso de un techo sobre su cabeza, para cobijarse los días de lluvia.

Pero Héctor murió al abrigo de algún cartón o diario devenido plástico negro y cartel policial a la vista de todos. Porque mientras gracias a la gestión de los gobiernos insensibles a la cuestión social, son el egoísmo, la apatía y la complicidad de quienes se acostumbraron a esta realidad, lo que lo condenó a la muerte. No, fue Héctor el que "murió de frío". A muchos, hace rato se les congeló el sentido de la humanidad.

La calle no es un lugar para vivir.


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