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Por Alfredo Grande
(APe).- Pasaron varios siglos. Pero la afirmación de Protágoras “el hombre es la medida de todas las cosas” no puede sostenerse en la actualidad de la cultura represora. Ni el hombre y menos la mujer son la medida de todas las cosas.
Una de las características de esta época es que se ha perdido la medida. O sea, la distancia óptima, el equivalente entre acción y reacción. Seguimos diciendo algunos arcaísmos, pero la realidad denominada artificial, ha creado otras medidas.
Es más difícil tener un mapa de la distribución del poder actual, que imaginar la complejidad del universo. Y esto a mi criterio va más allá de la inteligencia artificial (IA) sea lo que esa inteligencia sea. Lo artificial, que se acerca al simulacro, nos rodea.
Como todo puede ser cierto, entonces la conclusión es que lo cierto no es cierto. Algunos llaman a esto post verdad. Las derechas cultivan esta forma de relativismo total. Obviamente, las estadísticas ayudan y la racionalidad invertida también. Siempre recuerdo la frase de un compañero, en un grupo de reflexión, allá por el lejano 2001. “No sé si soy uno de los míos”. Frase que debería estar al lado de Protágoras, porque el no saber se constituye en un saber de relativismo total y absoluto. La existencia que da el pensar, Descartes mediante, está en total suspenso porque el pensamiento ha devenido entretenimiento y pasatiempo. En el mejor de los casos, pensar es solamente citar a los pensadores. O sea: somos pensados. Algo es algo. Se impone una forma bizarra de “pensamiento artificial”. Es lo que sucederá como herencia de la IA.

No propongo un “volver a Protágoras”. A mi criterio, su “medida” está al servicio de un subjetivismo individualista. Y de un relativismo cultural asfixiante. Pero tampoco creo que pelearse con Protágoras sea lo escencial. Si el mundo no es a la medida del hombre ni de la mujer, entonces ese mundo es necesariamente un mundo hostil. Pero no solamente por todas las formas de injusticia, incluso la social. La injusticia es también la pérdida de la medida. A pesar de cierto cacareo, el que las hace no las paga. Lamentablemente, nunca tronó el escarmiento. Y el escarmiento democrático actuaría al servicio de prevenir las habituales medidas sin medida de las democracias frías. Una medida sin medida es la denominada “deuda externa”. Sabemos hace décadas que no es deuda, sino estafa. Saqueo sin medida. Sin embargo, no sólo se la sigue pagando, sino que algunos pretenden “honrarla”. Honrar la estafa. Obviamente, se ha perdido la medida.
La pregunta, o sea, mi pregunta, es si podemos recuperar la medida. Si nadie se salva solo, la cuestión es elegir bien la compañía. Hay amores y compañías que matan. Para mí la medida no es el individuo, sino la clase. El pensamiento clasista es una medida que, a mi criterio, resulta necesaria. Hay verdades de clase, y en ese sentido, cada clase tiene las verdades que necesita. Las verdades de clase recuperan la medida CON medida. Se trata de recuperar verdades de clase. Eso las derechas lo tienen bien claro. Las izquierdas a veces no. Y como pienso que la idealización mata al ideal, quizá las verdades de clase sean mucho más importantes que las idolatrías.
Reconozco que Protágoras tiene su vigencia. Porque siempre tendrá vigencia recuperar la medida con medida.
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