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Por Carlos del Frade
(APe).- En “Seres sobrenaturales de la cultura popular argentina”, Adolfo Colombres reflexiona sobre las características de estas entidades. Una de las principales es el cuidado permanente de la naturaleza y los animales.
En todas las provincias argentinas esas leyendas tienen ese factor común, esa pauta de comportamiento destacada: proteger los demás habitantes no humanos de esta única cápsula espacial que es el planeta Tierra.
Algo de eso puede percibirse en quienes llevan adelante las múltiples asociaciones u organizaciones sociales que se encargan de combatir el maltrato animal.
-Nosotros nos metemos en barrios bravos, acá en Santa Fe. Vamos porque no queremos que se maltrate a los animales…vemos cosas inimaginables que les hacen a perros, gatos o cualquier animal. Es increíble el nivel de perversidad que tienen algunas personas y eso se ve en el estado de estos animales…muchas veces la policía, cuando la llamamos para que nos ayuden a rescatar alguno de estos animales, nos dicen que ellos no se meten en esos lugares. Y nosotros vamos igual aunque a veces, cuando llueve por ejemplo, no podemos llegar por el barro…creo que todo es una cuestión de educación – cuenta Romina, una de las responsables de las tantas organizaciones que se encargan de salvar animales maltratados en la ciudad capital del segundo estado de la Argentina.
En tiempos de ferocidad y saqueo, los cuerpos de los animales sufren las consecuencias del desprecio inoculado desde diferentes lugares del poder. Resulta llamativo y sorprendente que decenas y decenas de asociaciones surjan en distintos lugares de la provincia para dejar de lado el interés individual y arriesgar sus propias existencias en riesgo para defender seres sintientes en medio de tanta degradación de la sensibilidad.
Cuando hablan no solamente surgen testimonios de maltratos a no humanos sino también a habitantes de los arrabales de una de las geografías económicas más poderosas que tiene el país que se desvanece.
“No a la caza deportiva, no a los criaderos”, aseguran voces que vienen desde el sur de la bota y también hablan de la necesidad de pensar la naturaleza como sujeta de derecho para no extinguir la única cápsula espacial que tiene esta especie desorientada, maravillosa y también peligrosa llamada humanidad.
Hay chicas que no llegan a los veinte años y que se comunican por whatsapp para salvar a gatitos en el centro del mapa santafesino y sin ningún tipo de organización vertical, pasan la información y preguntan quién o quiénes pueden atender las denuncias de maltrato que les llegan a cualquier hora.
Esa sensibilidad es simultánea a la que experimentan ante casos de violencia de género o infantil pero eligieron su compromiso social a través de la atención a los animales.
Reman contra la corriente de la deshumanización y quieren que haya leyes que protejan todas las formas de la vida en medio de una explotación irracional que produce el capitalismo.
Sus organizaciones tienen nombres alegres como “La Manada de Firulais”, “Galgos por la libertad” o “Patitas felices”.
Hablan de criaderos clandestinos y saben que en las grandes ciudades las riñas de gallo existen como en los viejos textos del siglo diecinueve que las pintaban como costumbres del gauchaje que ya no está.
Denuncian carreras de galgos y peleas por mucho dinero de perros bravos que funcionan, entre otras cosas, por los permanentes nichos de corrupción de las fuerzas de seguridad. Postales de la economía real, de los flujos de dinero clandestinos que alimentan el 50 por ciento de la vida colectiva ya sea en Santa Fe o la Argentina.
Mientras aparecen noticias de decomisos de gallos de riñas y perros drogados para ser cada vez más feroces en esos combates clandestinos que denuncian estas personas, esta forma de militancia atravesada por una clara sensibilidad no deja de sorprender. Quizás sea una especie de resistencia que anida la posibilidad de una vida humana menos salvaje no solamente contra los animales sino también contra otras personas.
Fuente: Entrevistas del autor en reuniones de fin de agosto y principio de septiembre de 2026 en la comisión de Ambiente y Ecología de la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe.
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