Los cuentos enterrianos

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Por Carlos del Frade

(APE).- Antes de escribir el “Martín Fierro”, José Hernández sangraba junto a López Jordán entre las cuchillas y los montes de todos los verdes que solamente la tierra entrerriana ofrece como ninguna, según dicen los que viven en esos parajes. Venían los que seguían a aquella última montonera con los sueños invictos de la Confederación Argentina que alguna vez supo interpretar Justo José de Urquiza antes de la traición de Pavón.

 

Los cuerpos se ofrecían en los campos de batalla porque un sueño alimentaba la carne: en tierras libres, serán posibles la felicidad, la igualdad y la seguridad.

Generaciones de entrerrianos crecieron alrededor de los fuegos escuchando las historias de las viejas luchas.

Los abuelos que pelearon junto a Artigas, primero, hablaban de esos días de gobiernos y jueces renovables cada seis meses por medio de asambleas.

Después fueron sus hijos los que acompañaron a Francisco Ramírez y los que los siguieron se encolumnaron con Urquiza.

Las tierras entrerrianas veían parir hijos que crecían con un sentido existencial de continuidad, de necesidad de completar los cuentos de los abuelos.

Lograr la independencia para ser felices y tener seguridad.

Cientos de pibes de doce años iban detrás de Artigas, Ramírez, Urquiza y López Jordán. Luchaban contra todo aquello que representaba Buenos Aires: los intereses de los ingleses, del puerto todopoderoso en manos de pocos y las tierras saqueadas para patrones que también venían a veranear a los distintos verdes entrerrianos.

Pero los seguidores de Artigas se quedaron huérfanos cuando el caudillo se perdió en la espesura de la selva paraguaya para ya nunca más volver.

Los que sangraron con Ramírez dejaron sus lanzas después de saber que la cabeza del Supremo Entrerriano había sido cortada y embalsamada por su antiguo amigo, el santafesino Estanislao López.

Y los fervorosos defensores de Urquiza y López Jordán no pudieron contener tanta impotencia en medio de traiciones mutuas entre sus jefes.

Fue el tiempo en los chicos entrerrianos se quedaron sin los cuentos de las epopeyas de sus abuelos.

Ahora, en esa misma tierra de ensueño, de todos los verdes, hay miles de pibes sin presente. Exiliados de las escuelas y de los trabajos ausentes, tampoco pueden enamorarse del pasado porque alguien ha impuesto la idea que no tiene sentido. Pero rechazan pensar en el futuro porque no saben qué significa. Sobreviven el presente como pueden. Y el mismo sistema que los condena muchas veces los elige para descargar sus hipócritas castigos.

Decenas de chicos son encerrados en las tumbas entrerrianas.

Eso es lo que ordena el sistema. Multiplica las víctimas y también las hace culpables de todo.

Y poco le importa al sistema la edad de las víctimas.

Pero siempre hay una voz de alguien que repara en los chicos.

Arsenio Francisco Mendoza, defensor general del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, “cuestionó la 'grave irregularidad' que significa tener alojados en una cárcel de máxima seguridad a un grupo de menores que fueron sacados del Penal Clemente XI, de Victoria, y trasladados al penal de Gualeguaychú, luego del motín del 24 de enero último”, dicen las crónicas periodísticas.

La revuelta en el Pabellón Clemente XI, que funciona en el mismo predio que la Unidad Penal Número 5, de Victoria y que aloja a menores de entre 18 y 21 años, ocurrió en la noche del 24 de enero último, y tuvo un saldo trágico: dos personas muertas, el interno Juan Machado, de 20 años, y el guardiacárcel Carlos Reynoso, lo que derivó en la decisión del titular del Servicio Penitenciario, Horacio Pascual, de trasladar a un grupo de ellos a la cárcel de máxima seguridad de la ciudad de Gualeguaychú.

No hace mucho se había manifestado que “el encierro policial de los menores de edad, no es un medio alternativo a la internación en dependencias del Consejo Provincial del Menor. Por el contrario, la ley no sólo que no permite que se los aísle en las comisarías, sino que además lo prohíbe expresamente y sólo ante una situación especial, contempla y acota el albergue transitorio y fugaz en esa sede, con recaudos de estricto cumplimiento”, manifestó el máximo tribunal en una acordada que se conoció el 9 de noviembre de 2004.

Aunque hoy no se escuchen aquellos cuentos de los abuelos peleadores de los chicos entrerrianos, siempre es bueno saber que todavía hay gente capaz de indignarse por las cosas que les hacen a los pibes.

Fuente de datos: Diario Análisis Digital y El Diario – Entre Ríos 21-02-05

 


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