Los Amores de Ovidio

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Por Carlos Del Frade

(APe).- -A Ovidio lo mató la política– dice Elizabeth, la maestra y directora de la escuela secundaria de Los Amores, “el primer pueblo de la provincia de Santa Fe viniendo del norte”, como dice ella antes de quebrarse en la mesa de trabajo de todos los días, debajo de las viejas estructuras del ferrocarril. Levantadas a principios del siglo veinte, ahora parecen derrumbarse sobre las cabezas de los docentes y las chicas y los chicos ante la indiferencia y desidia de los distintos gobiernos que desde los noventa hasta aquí prometieron construir el nuevo edificio.

Peronistas y socialistas aliados a radicales forman parte de esa galería de falsos profetas. Elizabeth es una mujer comprometida y apasionada por la política pero cuando dice que a Ovidio lo mató la política está aludiendo a esa perversa forma que adquieren los funcionarios de tirar todo para adelante total los pueblos del norte provincial están acostumbrados a esperar.

Ovidio tenía solamente veintiséis años, le gustaba cantar y recitar y amaba su lugar en el mundo, Los Amores, casi el último pueblo de la provincia de Santa Fe antes del Chaco, en el techo del departamento Vera, el más grande del territorio, donde hay miles de cabezas de ganado concentradas en pocas manos, entre ellas las de la familia del otrora goleador Gabriel Batistuta.

Hay que ver el único baño sin puerta que tienen las chicas y los chicos de la escuela secundaria de Los Amores, la voracidad con que toman el agua que llega en bidones porque ese gusto es nuevo y único ya que los 32 años de democracia todavía no le trajeron el agua potable a los habitantes de este paraje del universo.

Pero si encienden el equipo de la radio “Andares” y quieren, en forma paralela, calentar agua para el mate, la tensión falla y es probable que se quemen todos los equipos porque tampoco la electricidad llega bien a ese punto del mapa santafesino. Tampoco hay gas y los únicos trabajos que se consiguen son changas por quince días en la comuna que se pagan 300 pesos. Y a pesar de todo, maestras y maestros, chicas y chicos inventan momentos para la felicidad y hasta discuten los nombres de las calles y exigen que cumplan con la repetida profecía del nuevo edificio para la escuela secundaria.

El silencio es ensordecedor cuando llega la siesta salvo los altavoces de los evangelistas que disputan el alma y el cuerpo de los casi dos mil habitantes del lugar, según entienden los pobladores al intentar aproximarse a la realidad del censo aunque los números oficiales digan un poco más de mil.

Ovidio murió de peritonitis.

En pleno siglo veintiuno, en el amanecer del tercer milenio, un pibe lleno de vida y ganas, murió de peritonitis.

El 6 de marzo del año pasado, a una semana del viaje a la pampa de arriba de Ovidio, los profesores de la secundaria que se cae a pedazos le escribieron una carta abierta de la comunidad a los médicos de los hospitales de Los Amores y Reconquista, la ciudad cabecera del departamento General Obligado.

“…Sabemos que con la lluvia no se puede; que los sucesivos gobiernos que nos aislaron al robarnos el tren y continúan haciéndolo al no asfaltar las rutas, que dejan los hospitales de los pueblos vacíos de remedios y aparatos y esperanza son responsables; pero no aceptamos el no hacer hasta lo imposible por mirar adentro del cuerpo para ver qué está pasando -con toda la tecnología que hoy está disponible en otros lugares-; no aceptamos los horarios de quienes en vez de ayudar inmediatamente pueden dormir tranquilos mientras una persona agoniza en la pobre habitación hospitalaria; no aceptamos que no se utilice todo el poder que dan los cargos y los puestos de trabajo para comunicarse y encargarse de que se esté haciendo todo lo que debe hacerse”, dice la carta, denuncia en carne viva con un dolor que no cesa un año después.

“Porque la lluvia es lluvia y nadie la para, pero el ser humano va decidiendo a cada minuto qué hacer, y eso tienen que saberlo todos y todas quienes tengan algún poder sobre la vida y la salud de la gente. Todos/as somos responsables de lo que hacemos o dejamos de hacer. Porque la muerte es un destino inevitable; pero eso no justifica la desidia, el abandono ni el desinterés. Con las personas no se trabaja desde la indiferencia. Porque nuestra salud no está cuidada y Ovidio es el actual trágico ejemplo; porque no tendremos paz si no podemos al menos cuidar a los suyos y cuidarnos entre todos buscando la verdad, expresando nuestra indignación.

“Porque Ovidio se murió como no quisiera nadie que un ser querido muriera: cabalgando las huellas en el barro en una camioneta que no es la ambulancia equipada y preparada que la gente que enferma merece tener a su disposición inmediata; después de haber hecho otro viaje de más de diez horas en colectivo y en tren, dando la vuelta por el Chaco, volviendo de un hospital en donde le dijeron que sólo era un “empacho”.

“Porque a poco de llegar, a la madrugada, cuando ya no pudo más, su hermanito salió de la humilde casa en lo que sería el último viaje del hermano mayor, su referente, su amigo: hacia el hospital, en el barro, levantándolo trabajosamente en sus brazos porque Ovidio no podía caminar más. Y desde ahí, sobrevivió sus últimas horas sufriendo hasta las once de la mañana, hora en que partió en camioneta barreando, buscando ayuda una vez más en ese mismo hospital en el que el día anterior había sido dado de alta. Por todo eso su muerte fue violenta y nos violenta, nos agrede, nos indigna.

“No es justo que aventuremos respuestas que otros debieran dar. Sí, claro: “una infección muy grande llevó a que se parara su corazón”, ¿pero tan invisible e imposible de detectar a tiempo fue? ¿No hay manera de detectarla a tiempo? ¿No hay remedios para eso, no hay tratamiento? ¿No deberían haberlo observado más de cerca, hacer estudios, análisis, etc?”, gritan las palabras paridas desde el dolor y la resistencia de la comunidad educativa de la secundaria de Los Amores.

Terminan diciendo: “A ustedes, médicos/as que lo miraron sin verlo: queremos saber de qué se nos murió Ovidio (porque se nos murió a todos/as), más allá de que sepamos que el por qué más profundo está en este ignorante modo en que vivimos, en el que a demasiada gente le interesa solamente lo que le dé ganancia, fama, poder…y no cualquier vida que por el solo hecho de ser vida merece vivir. Otra pregunta, una de las tantas, desgarra, desespera: “¿estaría vivo hoy Ovidio si hubiera tenido plata con la que comprar una mejor atención?”

“Esta carta no pertenece a una instancia de reclamo legal - formal; pero no por eso deben ustedes prestarle menos atención, porque aquí está todo un pueblo cansado de ser descuidado. No exigimos compasión, pero sí respuestas responsables. Las esperamos, queremos/necesitamos/exigimos saber de qué enfermedad padecía Ovidio y qué se hizo, cómo se trató esa enfermedad en todo el proceso. Quedamos a la espera de las mismas, saludamos con dolor, con tristeza y sin paz”, dijeron entonces.

Un año después, Elizabeth no aguanta el dolor cuando dice que a Ovidio lo mató la política.

Un año después, en Los Amores, la lucha es muy despareja contra los funcionarios que solamente funcionan para los intereses de muy pocos. Porque la democracia permitida es muy pero muy angosta.

Fuente: Entrevistas del autor en Los Amores, norte profundo de la provincia de Santa Fe, el miércoles 1 de abril de 2015.

Edición: 2889

 


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