Li, entre las llamas

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Por Claudia Rafael

(APe).- Más de 18.000 kilómetros anduvieron. El mundo entero atravesaron para llegar a esta Argentina de ciudad populosa en la que instalaron su supermercado. En el barrio porteño de Palermo. Dicen que ella se llamaba Li. El super chino que instaló con su marido fue devorado por las llamas y su cuerpo, transformado en cenizas y restos chamuscados, fue encontrado bajo una pila de mercadería. Cuentan que entró a salvar a su niña de 14 años y lo logró.

Y que después volvió a entrar y a enfrentarse con el ardor de un fuego que no perdona para salvar algo de dinero. Tan lejos de su China natal. Allí donde una epidemia extraña a la que bautizaron coronavirus está avanzando sobre la población. Llegó quien sabe cuándo con un trozo de sueños. Trabajó cada día por infinitas horas soñando por un futuro que la cobijara. Amó y fue amada. Porque –dicen las crónicas- su esposo no soportó conocer sobre su muerte y se desvaneció. Quiso a su niña y la salvó. Seguramente festejó el año 4718 que, en la tradición china, augura nuevas energías. Pero en el día número 28 del año 2020 del calendario occidental su vida terminó. Sus utopías fueron quemadas entre las llamas ardientes.

No hay modo de saber qué pensó en esos últimos instantes. Sólo, quizás, que había salvado a su niña que crecerá pensando que tiene una vida gracias a Li, su mamá. Hoy sólo hay cenizas y carbón. Allí donde hasta hace apenas unas pocas horas había sudor y trabajo a destajo, sin descanso. A 18.000 kilómetros de distancia de donde Li alguna vez fue una niña y tal vez fue feliz.

Edición: 3928


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