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Por Carlos del Frade
(APe).- La imaginación de Ray Bradbury se adelantó ocho décadas a este capitalismo feroz que defiende a rajatabla los intereses de minorías poderosas y destructivas para la vida humana. Aquella historia de ficción que desgrana en su cuento “El picnic de un millón de años” se adelanta a la intención actual de buscar una fuga hacia otro planeta por parte de una elite.
Así lo refleja Bradbury, aquel autor estadounidense que habilitaba ficcionalmente la fuga al infinito:
“…La noche cayó envolviéndolos, y aparecieron las estrellas. Pero Timothy no encontraba la Tierra en el cielo. Se había puesto. Era algo que hacía pensar.
Un pájaro nocturno gritó entre las ruinas.
—Vuestra madre y yo procuraremos instruiros —dijo papá—. Tal vez fracasemos, pero espero que no. Hemos visto muchas cosas y hemos aprendido mucho. Este viaje lo planeamos hace varios años, antes de que naciérais. Creo que aunque no hubiese estallado la guerra habríamos venido a Marte y habríamos organizado aquí nuestra vida. La civilización terrestre no hubiese podido envenenar a Marte en menos de un siglo. Ahora, por supuesto...
Llegaron al canal. Era largo y recto y fresco, y reflejaba la noche.
—Siempre quise ver un marciano —dijo Michael—. ¿Dónde están, papá? Me lo prometiste.
—Ahí están —dijo papá, sentando a Michael en el hombro y señalando las aguas del canal.
Los marcianos estaban allí. Timothy se estremeció.
Los marcianos estaban allí, en el canal, reflejados en el agua: Timothy y Michael y Robert y papá y mamá.

Los marcianos les devolvieron una larga, larga mirada silenciosa desde el agua ondulada...”, escribió de manera maravillosa, profunda, simple y humana, Ray Bradbury en ese cuento que fue el último relato de sus extraordinarias “Crónicas Marcianas” cuya primera edición es del año 1950 aunque esta narración fue publicada por primera vez en 1946, ochenta años atrás.
Aquellos seres humanos, aquella familia que Bradbury imaginaba como los nuevos marcianos parecen muy distintos a los actuales que proyectan la invasión al planeta rojo luego de destruir esta única casa cósmica que tiene la especie.
La información de la segunda mitad de agosto de 2026 sostiene que “a través de un memorándum, Donald Trump giró instrucciones a la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) para explorar vías comerciales con la misión de enviar viajes tripulados al planeta Marte y traerlos de vuelta a la Tierra. La visión del magnate neoyorquino es redireccionar la política destinada a ampliar la capacidad estadounidense en cuanto al transporte espacial se refiere. En el documento señalado se estipula que la agencia federal deberá facilitar el transporte comercial hacia y desde la Luna, impulsar el acceso robótico comercial a la superficie del planeta Marte y “explorar arquitecturas comerciales para enviar seres humanos a la superficie de Marte y devolverlos a la Tierra”.
El compromiso “de la actual administración federal es contar con la infraestructura adecuada para que, a más tardar en 2030, en Estados Unidos se tenga la capacidad de llevar a cabo más de 1,000 lanzamientos y reentradas de aeronaves dirigidas al espacio con fines de exploración. Otra de las asignaturas por cumplir es la ampliación al acceso que lleva al espacio profundo inicialmente desde la órbita terrestre hasta su satélite natural, la Luna”.
Trump “ha dado carta abierta para establecer inversiones comerciales y asociaciones público-privadas capaces de acelerar al sector aeroespacial estadounidense. Hasta el momento, quien parece ser el socio ideal para el gobierno es Elon Musk, pionero en los viajes al espacio, con quien desde hace tiempo se trabaja en algunos proyectos”, resumen los distintos portales informativos.
De acuerdo a lo que surge de científicos, filósofos y escritores de distintas partes de esta estragada cápsula espacial con fecha de vencimiento como consecuencia de la fenomenal explotación irracional de sus bienes comunes, el capitalismo no solamente dejó de estar interesado en la democracia si no que también prepara la fuga de una élite a otro planeta. En un proyecto más económico que un ensayo de ficción como era la literatura de Bradbury.
Las nuevas crónicas marcianas no están dictadas por la sensibilidad y el humanismo si no por los intereses de minorías poderosas y destructivas de la vida humana. No se trata de un adelanto apocalíptico, sino de la descripción de los proyectos de las élites que manejan este desquiciado lugarcito del cosmos.
Fuentes: “Crónicas Marcianas”, de Ray Bradbury; diarios del 15 de agosto de 2026.
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