La vejez no existe

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(APe).- Fue Oscar Wilde quien dijo que no todo hombre inclina la cabeza para escuchar el oficio de difuntos (...) mientras la angustia de su alma le dice que no está muerto y fue ésa, precisamente, la actitud que asumió Octavio Ari Cruz, un jubilado de 95 años que vive en Acheral, provincia de Tucumán, cuando ya harto de que lo expulsaran del PAMI, toda vez que iba a pedir un imprescindible par de anteojos, se fue al diario a hacer la denuncia. Sucedió luego de que una empleada le dijo: “Si quiere ir a La Gaceta, vaya, y denúncienos. Pero el cupo para la entrega de anteojos está agotado”. Es que la vejez no existe. Sólo existe la pena.

 

Dicen que en la puerta de la delegación del PAMI -en la capital tucumana- la madrugada encuentra a los ancianos haciendo cola para esperar la entrega de remedios gratuitos. Pero la mayoría, luego de inútiles penitencias y después de haber cruzado un mar de humillaciones vuelve con las manos vacías constatando, por enésima vez, que todo era nada y un hombre era también nada.

¿De dónde vamos a sacar para comprar los medicamentos?, pregunta una mujer estremecida al jefe de prestaciones del PAMI de Tucumán, doctor Juan Hautecoeur, quien explica que el subsidio que se recibe para los medicamentos sin cargo dura sólo tres meses, que la partida es insuficiente y que “después se opta por otros beneficiarios para dar oportunidades a todos”. Parece que el concepto de igualdad está tergiversado en esta tierra, y que lo único equitativo es la distribución del desamparo.

Los funcionarios tienen la extraña habilidad de comunicar las cosas esenciales, manteniéndose aparte y oficiando, a la vez, de intermediarios. Una de las formas más sutiles de la afrenta, es, como diría Herbert Read, comunicar a la sociedad algo que le es tan esencial como el pan y el agua y, sin embargo, poder hacerlo sólo desde una posición de aislamiento y desapego.

“No puede ser que a los viejos nos falten el respeto y nos traten de esa manera”, dice Octavio sin encontrar ese adjetivo torrencial que califique todas las ofensas. Pero sabe -por aquello de almacenar el tiempo- que se los considera muertos. Mientras los gobernantes blindados discuten estrategias y se lavan las manos con lágrimas de viudas.

Fuente de datos: Diario La Gaceta - Tucumán 03-09-04


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