Metamorfosis de las formas pampeanas de enfermar y morir

|

Por María Adelaida Vergini

   (APe).- En el centro de la Pampa Húmeda, la llanura suele mostrar sus colores según el calendario y el estadio de la siembra. Mezclados entre los verdes, ocres y el color de las hojas cuando cae el otoño sobre los árboles, solíamos encontrar robustos cuerpos cercanos a la tonelada de peso, erguidos sobre sus cuatro patas, rumiando con sus cuatro estómagos. La vaca, el tan venerado animal del Medio Oriente como símbolo de la Madre Tierra, la naturaleza y la fertilidad. Cuidada, protegida y endiosada en aquellas tierras lejanas, hoy aquí relegada a porciones pequeñas de suelos más secos, como expulsadas del nuevo “modelo” agropecuario.

 

Soja y transgénesis ocupan el 60% del área sembrada del país, 400 millones de litros de agroquímicos se usan por campaña (*1). Se piensa, se ejecuta y se sueña en verde soja. El mismo verde soja que le robó hectáreas a la ganadería. De eso se trata el nuevo modelo.

Y de nuevas formas de vivir, de enfermar y de morir. De esto también se trata.

Radiografía

“En rasgos generales, hemos encontrado que los principales problemas de salud son los mismos en todas las localidades. Lo que más nos ha llamado la atención es que aparecen los problemas endócrinos, fundamentalmente hipotiroidismo, una disfunción de la glándula tiroidea”, dijo Damián Verzeñassi, responsable de los Campamentos Sanitarios de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario. El hipotiroidismo aparece dentro de las dos o tres causas principales de enfermedad crónica según refiere la población encuestada por los futuros médicos.

Con esta modalidad de campamentos, con la que se pretende elaborar una radiografía epidemiológica de la región, se han estudiado ya 18 localidades que forman el corazón de la Pampa Húmeda: 15 del sur de la provincia de Santa Fe, una del centro norte de la provincia de Entre Ríos, una al norte de la provincia de Buenos Aires y una al sureste de Córdoba. En todas los resultados fueron similares. Como si todas estuvieran cortadas por el mismo molde, como si respondieran a un mismo modelo.

Y el patrón saltó a la vista: estas poblaciones quedaron en el medio de áreas de producción agroindustrial de transgénicos dependiente de agroquímicos. Incluso las que solían tener otro perfil productor como Bovril en Entre Ríos y Totoras en Santa Fe.

Hoy la llanura de la Pampa húmeda es casi toda llanura. La metamorfosis que sufrieron estos paisajes no ha alcanzado la dimensión kafkiana, aquí no hizo falta desmontar ni apropiarse del territorio sobre el que otros tenían construidas sus viviendas para enfermar y morir distinto.

Por estos lares, desde el ‘96 a la fecha, las cifras de tumores y cáncer han aumentado progresivamente; el cáncer de estómago escala posiciones en los gráficos que miden las enfermedades; los fármacos para terapéutica tiroidea aparecen como los segundos más utilizados, apenas detrás de los antihipertensivos. Los tumores, se ubican dentro de las principales causas de muerte, junto con enfermedades del sistema circulatorio. A estos resultados arribaron los campamentos. Efectos colaterales de un modelo que se empeña en reproducir inequitativamente dos caras de una misma moneda: ganancias económicas de un lado, salud de las mayorías del otro.

El gigante

 

Unos meses atrás, el Dr. Alejandro Oliva, andrólogo e investigador de trayectoria internacional, comentaba en una entrevista que un estudio brasilero, país que va sufriendo las mismas mutaciones productivas que Argentina, determinó que por cada dólar que se gana con la actividad agrícola ganadera, se gasta 1,28 dólar en salud. ¿Quién calcula cuánto ganamos y cuánto perdemos? ¿Ganan los mismos que enferman? ¿O enferman aquellos a quienes el gigante de la soja apenas roza con algún coletazo de su onda expansiva?

“Al ser localidades pequeñas, entre el 93 y el 98% de la población relevada vive a menos de 1000 metros de las áreas fumigadas”, dice Verzeñassi. En el último campamento, realizado en Alcorta, centro de la mayor revuelta agraria que tuvo el país, las personas relevadas identificaron dentro de las cinco principales fuentes de contaminación a los agroquímicos, la fumigación, los cereales, y los silos. Piezas contenidas en la misma caja del rompecabezas del modelo en expansión.

“No podemos soslayar los efectos que este modelo de producción tien¬e en el desarrollo de estos problemas de la salud, cuánto incide no podemos especificarlo porque no lo estudiamos, pero lo que no podemos es menospreciar sus efectos”, concluían los coordinadores de los campamentos sanitarios.

El paisaje cambió. En la Pampa húmeda casi siempre hay soja. No existe el privilegio con el que gozan las vacas en Medio Oriente, la soja lo pudo todo. Y estamos empezando a ver las consecuencias de su predominancia. Porque hay soja en todas partes: a la vera de las rutas, en el corazón de los campos, bajo los silos bolsas, en los galpones. En las billeteras de los grandes productores, en las divisas que ingresan al país, en la hipocresía de los dirigentes políticos que la critican, en las cajas de las multinacionales, en los cuerpos enfermos de los hombres y en el futuro de los niños que están creciendo en clave soja.

Definitivamente no estábamos preparados para esta metamorfosis.

(*1) La tierra de los gurises envenenados -http://www.pelotadetrapo2.local/2013-09-05-12-30-19/2014/1405-la-tierra-de-los-gurises-envenenados.html

 

Edición: 2743


Suscribite

Suscribite al boletín semanal de la Agencia.

Sobre la fundación

Fundación Pelota de Trapo nació hace décadas para abrigar de las múltiples intemperies a niñas y niños atravesados por diferentes historias de vulnerabilidad social.

Sobre la agencia

Agencia Pelota de Trapo instala su palabra en una sociedad asimétrica, inequitativa, que dejó atrás a la mayoría de nuestros niños y donde los derechos inalienables de la persona humana solo se cumplen para unos pocos elegidos por la suerte