La maldita tecla E

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Por Alfredo Grande 

“sé justo diosito; te llevaste a la Negra, a Sandro; te llevaste el canto; no te olvides de Menem que acá quedamos nosotros y hay elecciones pronto”
(plegaria implicada)

“cuando los mafiosos hacen negocios legales, se hacen llamar inversores”
(aforismo implicado)

UN CENTRO DE SALUD QUE VIVIÓ UN TRÁGICO TRASPASO.
Médicos del Hospital Infantil de Salta evalúan medidas contra la gerenciadora. Denuncian que la Fundación Santa Tecla, a cargo de la privatización, ejerce controles invasivos al personal.
Traslado polémico. Los chicos fueron trasladados unos cincuenta metros desde la sala de terapia intensiva hasta las ambulancias. Veinticuatro horas después, una nena de nueve años falleció en el Nuevo Hospital Materno. Profesionales médicos del Hospital Materno Infantil de Salta decidirán este lunes en asamblea si toman medidas de fuerza ante los diversos conflictos que enfrentan con la Fundación Santa Tecla, administradora privada del establecimiento de origen catalán.
Las diferencias gremiales y laborales surgieron desde que se efectuó el traspaso de pacientes y personal del viejo hospital al ala pediátrica ubicada junto al Nuevo Hospital del Milagro, en setiembre de 2009. A mitad del año pasado, los trabajadores del desaparecido Servicio de Recuperación Nutricional del Hospital de Niños Jesús de Praga denunciaron que uno de cada tres salteños menores de seis años está desnutrido.
Para la gerencia, la negativa de los profesionales a registrar su huella fue tomada como ausencia, con lo cual adoptó la decisión de redistribuir los pacientes con otros médicos.
El nuevo Hospital del Milagro fue construido en 2001 con fondos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), totalmente equipado y entregado a una unión transitoria de empresas (UTE) constituida por la española CODEH Internacional S.A. y la argentina GECES S.A., para su “gerenciamiento privado”. Durante varios años, la provincia abonó mensualmente a la UTE un millonario subsidio por la atención de partos de familias carenciadas. En 2006, el gobierno rescindió el contrato y llamó a una nueva licitación. Los catalanes se quedaron con el proyecto. Según denunciaron los médicos tiempo atrás, por gerenciar el hospital público se llevarían 60 millones de euros hasta 2017.
(Diario Crítica la Argentina 04-01-10)

(APe).- Yo de poco se mucho. De mucho se poco. Pero de todo sé nada. Y desde la nada que supone hablar de todo, pienso que hay dos tipos de noticias: aquellas que dan cuenta que algo de lo convencional se ha deslizado, con lo cual el pequeño y cercano horizonte de la vida cotidiana se achata aún mas, y las otras, las que se asoman al balcón terraza de lo fundante. La derecha, siempre atenta a producir batallas culturales guiados por la trinidad de la tradición, la familia, y muy especialmente, pero muy especialmente, la propiedad. Y de esto se trata una de las facetas de lo fundante. ¿Cómo se organiza la propiedad? Lo público, lo estatal, lo privado. Tres espacios en apariencia (convencional) diferentes, pero en su esencia (fundante) fusionados. La denominada privatización de las empresas del Estado fue la trampa cultural para encubrir la desaparición de lo público, para que los apropiadores del Estado pudieran negociar impunemente con el Gran Capital. La marca subjetiva de esa trampa fue “entrar al primer mundo”. Nunca dijeron por donde, pero da la sensación de que fue un parto de nalgas, pero al revés. El Gran Pedo Nacional que coronó la aventura se llamó default. Pero la segunda década infame que tuvo en Menem a un ícono de corona agujereada, tuvo muchas crías. Demasiadas como para decir con ingenuidad o malicia que los marrones 90 son el enemigo a enfrentar afuera, ya que ha sido remixado por las formas más repugnantes del post fascismo. Los marrones 90 son el enemigo a enfrentar adentro, porque nada que dura diez años, pasa sin pena, aunque no tenga gloria. Y esta marca marrón en la subjetividad logra que algunas cuestiones, que deberían provocar nuevas tomas de la Bastilla, pasen como Nalbandian por peaje: sin pagar. La monstruosidad leída nos informa de un subsidio millonario en euros (ni los dólares cotizan) para cubrir partos de familias carenciadas. Así escrito, parecería que CODEH es responsable de un audaz plan de atención materno infantil. Emocionante. Tierno. En realidad, las familias no son carenciadas. No es una identidad familiar la carencia. Yo, por ejemplo, carezco de altura. No a pesar de mi apellido, que es Grande y no Alto. O sea: tiene que ver con mi identidad, y no oculto mi envidia por Manu Ginobili. Pero la carencia es una resultante de varias políticas denominadas económicas y sociales. Habría que decir “familias despojadas, desterradas, desafiliadas, abusadas, explotadas, forzadas”. Incluso más que familias (la grandeza de la patria, para la derecha tradicional) habría que hablar de agrupamientos humanos que resisten y tratan de enfrentar las políticas de exterminio. Entonces alguno de los estados residuales que están por ahí dando vueltas, subsidia los efectos letales de esos gerenciamientos de la cosa pública, gerenciando la atención de los damnificados. Un gerenciamiento lava a otro y los dos juntos lavan al Estado Cómplice. Sin embargo: gerenciar es nuevamente nivel convencional. Eufemismo. “Como sí” Metáfora. Máscara. Disfraz. Son chorros, y no justamente pibes. Adultos chorros a los que no les preocupa la edad de la imputabilidad. Están tranquilos porque gozan de la edad de la impunidad. En vez de “adultos chorros”, le dicen inversores. Y privatizando la salud, la educación, la vivienda, el ocio, privatizando la vida toda, aparecen como reyes magos, guiados por la estrella de Belén de esta época, un moderno GPS. Por supuesto, les preocupa mucho más el alcahuetaje tecnológico vía huellas dactilares de los profesionales, que la desnutrición fundante de varias generaciones de salteños. Quizá las “familias carenciadas” sean solamente familias expoliadas de alimentos. Expropiadas de aquello que por derecho cultural les pertenece: los alimentos para crecer y cuando lo deseen, multiplicarse. Pero la maldita tecla E (de exterminio) se sigue apretando. No hay mayor destituyente para la democracia que el hambre. Y el hambre es la causalidad mas abarcativa de todas las desgracias posteriores. No son familias carenciadas, son familias hambreadas. Y desde esa falla fundante, todos los demás calificativos, todas las adjetivaciones, son simplemente encubridoras. Subsidios millonarios en euros, provincias de concentración con refugiados que mueren de la enfermedad universal de todos los campos de exterminio: el hambre, para el cual ni siquiera hay pan duro. Los chicos del pueblo necesitan que la maldita tecla E sea desactivada del tablero de la política.

Edición: 1671


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