La furia épica sobre la infancia en Irán

Ciento ochenta niñas murieron en una escuela iraní bajo las bombas de Estados Unidos e Israel. El 28 de febrero estalló la Furia épica, así se llamó la operación con la que Trump y Netanyahu decidieron destruir Irán. Lo llaman daños colaterales. En Gaza el genocidio ha matado más de 60 mil niños en dos años.
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Por Silvana Melo

(APe).- Furia épica se llamó la operación. Trump y Netanyahu, los líderes de Estados Unidos e Israel, decidieron bombardear Irán el 28 de febrero. Mintiéndose y mintiendo hacia el terror internacional que ve desmadrarse la mísera paz global sostenida con harapos. Se pondrá fin al desarrollo de misiles balísticos y al programa de enriquecimiento de uranio del país, aseguraron, siempre bregando por la salud del mundo. Y después, adhirieron a la lista el otro objetivo: la eliminación del régimen de los ayatollahs. Móvil de liberación de un pueblo atrozmente oprimido, especialmente las mujeres. Difícil de creer de quienes viene.

Especialmente cuando la operación Furia épica comenzó con el bombardeo a una escuela con cuarenta chiquitas muertas en principio. Número que fue creciendo exponencialmente hasta más de 180.

Norteamericanos e israelíes, en un desbande de furia y épica, bombardearon una escuela y mataron a más de 180 nenas, la mayoría de siete años o menos.

Pero hasta ahora dicen que no saben si eso ocurrió. Al menos bajo sus bombas.

Que fueron esas las bombas que cayeron sobre la escuela de Minab el 28 de febrero.

Pero no importa, porque ésos son daños colaterales, ese bello eufemismo que nació en la espantosa operación Amanecer Rojo: la invasión a Irak y asesinato de Sadam Hussein con el argumento de las armas de destrucción masiva que supuestamente existían en el país medio-oriental pero que nunca se encontraron. Los daños colaterales fueron los centenares de miles de civiles –entre ellos muchísimos niños- que quedaron en el camino. Huesitos, sangre en la tierra y fosas comunes durante años para romper un pueblo y una cultura en busca sólo de petróleo.

Las verdaderas razones de Trump y Netanyahu, muy lejanas de los pergaminos benefactores que se cuelgan del cuello, parecen ser las que analiza el geopolitólogo Frédéric Encel citado por Lucía Corradini en el diario La Nación. Donald Trump está embarrado moral y electoralmente en el escándalo Epstein y la elección de medio término acecha a la vuelta de la esquina. La popularidad perdida se le diluye entre los dedos. Netanyahu también tiene una legislativa muy cercana y “tres procesos por corrupción, un litigio con la Suprema Corte, una investigación política y administrativa por su responsabilidad en los ataques terroristas del 22 de octubre de 2023, y un pedido de captura de la Corte Internacional de Justicia para juzgarlo por crímenes de guerra en Gaza”, enumera Encel.

La supuesta caída de los ayatollahs –compleja en sí misma por su raíz religiosa y cultural y su capacidad de recuperar líderes- será la excusa para Trump y Netanyahu para una avanzada bélica que costará la vida de demasiados civiles, de mujeres oprimidas, de las 180 niñas que tenían probablemente el futuro de sus mayores pero no se les permitió luchar, intentar cambiar las cosas, ser actrices políticas de su propia liberación, vivir para jugarse la vida por decisión propia. Dos terribles líderes mundiales de la muerte les arrancaron la vida para utilizarlas como pretexto para su propio amparo.

Cuando explotó la escuela quedaron apenas escombros. Dicen que debajo de las piedras puede haber más chiquitas. Más nenas que no sabían quiénes son esos dos hombres de 79 y 76 años que se creen dueños del mundo y de la vida de los niños y las niñas de Irán y de Gaza. Donde desde hace dos años se ha confirmado la muerte o la mutilación de 64.000 niños y niñas en la Franja. Entre ellos mil bebés.

El sufrimiento de los niños en Gaza

Sin contar los que habrán quedado enterraditos para siempre entre los escombros de los lugares donde alguna vez fueron felices. De las escuelas donde alguna vez aprendieron a leer. De los hospitales normales, donde alguna vez les pincharon el brazo para vacunarlos. De las cocinas de sus casas donde sus madres les calentaban la leche y el pan para apurar la escuela temprana. Todo esto se acabó en Gaza y probablemente se acabe en vastas regiones de Irán, como se terminó en Irak, en Afganistán, donde los bombardeos atroces de las guerras infinitas religiosas, políticas, regionales y las que desataron los imperios que llegaron a aprovecharles los recursos naturales terminaron destrozando miles de años de historia y origen de la humanidad.

Y la vida de los niños. De las niñas. Como se van muriendo en Gaza, en un genocidio que será sentencia en la Historia. Como se murieron en el primer día de la furia épica de Trump y Netanyahu, cuando las bombas de los dueños del mundo mataron a 180 nenas de siete años en una escuela.


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