La era del punitivismo recargado

Adolescencia. La miniserie del momento. Hiperdebatida, analiza culpas, responsabilidades y el desencuentro de adolescentes y adultos. Pero evita zambullirse de lleno en el rol de la punición a la infancia desde Inglaterra, un país que juzga a partir de los 10 años con las mismas leyes y tribunales que a los adultos.
|

Por Claudia Rafael y Silvana Melo

(APe).- Adolescencia, la serie hiperdebatida en las distintas capas que desprende para la discusión, descarga un desafío poco recogido: el punitivismo feroz contra los niños en un país del superdesarrollo europeo. Un nene de trece años que se hace pis cuando entran a su casa los lobos de uniforme a llevárselo no da el target de asesino despiadado. La edad de punibilidad en diez años que impuso Inglaterra (y Gales) en 1963 es la más baja en el mundo. Donde se juzga a los niños con los mismos parámetros de los adultos y en los mismos estrados que a los adultos. Con la convicción férrea de que un niño de diez años es absolutamente consciente de sus decisiones. ¿Puede un chico de diez comprender cabalmente lo que significa asesinar a otro? ¿Puede entender que lo mata y no vuelve a vivir como en la fantasía? ¿Puede ser responsable de sus acciones? ¿Qué pasa con su vida después, si lo juzga un tribunal antes de terminar la primaria?

La primera escena: rostros tapados. Armas que parecen ir a capturar a un peligrosísimo terrorista que acaba de cometer la más cruel masacre. Un ejército de policías que derrumban la puerta de entrada a una típica casa de un tranquilo poblado inglés. Un batallón armado hasta los dientes que recorre una vivienda en busca del feroz delincuente en una escena aterradora que deja al desnudo un sistema penal que se pavonea para ejemplificar y disciplinar. No es ése un punto en el que se detengan los análisis acerca de la miniserie británica del momento. Las miradas van hacia otro lugar. Que es, en definitiva, el que evidencia cuáles son las grietas sociales que mayor preocupación generan. La incomprensión del universo joven, a la cabeza.

El tipo de irrupciones como la del allanamiento de la serie no son propias, en nuestro país al menos, de los sectores de pertenencia social de un chico como Jamie, el protagonista. Pero eso no significa que no existan. Todo lo contrario. Son moneda corriente en las barriadas populares. Donde no hay necesidad de permisos ni de órdenes judiciales porque la ley se hace a golpes, balazos, amenazas y aprietes.

Es más: cuando en Argentina, a más de 11 mil kilómetros de distancia de Inglaterra, se fogonea una baja en la edad de punición no se está pensando en niños de 13 años como Jamie: rubiecito, blanco, delicado. Por el contrario, la imaginación se dirige a esos otros que suelen ser blanco típico de un calabozo maloliente. En un engranaje feroz que busca a esa categoría de pibes para identificarlos como los monstruos a sacar del medio de los modos más variados.

Punitivismo recargado

En la Argentina un proyecto de ley impulsa la baja de la imputabilidad a los 13. Pero el presidente, entrevistado en su tribuna de La Nación +, apostó más fuerte “la verdad es que cuando empezamos a mirar los números, también la podríamos llevar a 10. Delito de adulto, pena de adulto”.

El discurso de la ultraderecha gobernante se contradice violentamente con las estadísticas de los últimos años, que demuestran fehacientemente que los delitos graves cometidos por chicos y adolescentes han disminuido al ritmo de todos los delitos en la provincia de Buenos Aires. Una realidad increíble: la propaladora mediática ha logrado demostrar lo contrario multiplicando los crímenes atroces, fogoneando el discurso horrible de Espert, calificando la realidad bonaerense como un baño de sangre y generando un terror esperable en millones de personas que fatigan todos los días las calles del conurbano.

Un estudio del Observatorio de Políticas de Seguridad de la Universidad de La Plata (julio de 2024), compara las cifras de homicidios correspondientes a mayores con las de menores de 18 años. En este indicador hay un 61 % menos de homicidios dolosos presuntamente cometidos por menores de 18 años en los últimos 14 años. Se da en el marco de una reducción general de los homicidios pero que en el caso de los menores de 18 años es más pronunciada.

Mientras en 2009, se iniciaron 152 causas por homicidios a menores de 18 años, en 2023 se iniciaron 66. “Nuevamente –dicen-, la revisión de los indicadores permite señalar que no existe el estado de situación enunciado por el proyecto de ley del Poder Ejecutivo (que busca bajar la edad de imputabilidad), sino en el caso de los homicidios dolosos un proceso de descenso de los homicidios” cometidos por menores de edad.

Mientras en 2009, 12, 8 % del total de los homicidios corresponden a menores de 18 años, en 2023 esa participación se redujo a 8,9 %.

La realidad de Inglaterra sería otra, según cifras a las que tuvo acceso la periodista Hinde Pomeraniec en una nota sobre Adolescencia en Infobae: “En marzo de 2023, el 18 % de las causas por tenencias de arma blanca en el Reino Unido tenían por protagonistas a chicos de entre 10 y 17 años. En la última década, los asesinatos de adolescentes con armas blancas crecieron en un 240 %”

En la Argentina los niños de los barrios populares se despiertan en las noches con allanamientos en sus casas sin órdenes judiciales, policías que entran pateando puertas, que los invitan a robar para ellos a cambios de dejarlos tranquilos.

Mundos desencontrados

La serie no eligió como protagonista al hijo o nieto del migrante nordafricano en los suburbios de una barriada populosa londinense, discriminado por origen y por presente, sino al niño de una familia trabajadora sin necesidades. Y el centro del debate, en el que se conjugan hoy todos los análisis sociales y mediáticos tiene que ver con la impotencia, las responsabilidades y la victimización que suele acompañar a las culpas.

Cuando Sandra Carli analiza la construcción social de la infancia se pregunta acerca del rol constitutivo que tienen el estado, las familias, las organizaciones sociales y, en ese largo camino, cabe hoy incluir también el impacto que tuvo el encierro por la pandemia en niños y adolescentes a nivel planetario.

El tema de la fractura clara entre el mundo entendido por los adultos y aquel poblado por la adolescencia es una de las claves de la ficción. En un tiempo presente en el que el universo digital en el que se zambullen los pibes de la serie británica pone varios cerrojos para hacerlo aún más incomprensible en códigos y mecánicas para los adultos. Llámese padres, maestros, policías. El tema del riesgo de los niños a pesar de estar, supuestamente, protegidos casa adentro porque se sigue sin contemplar esa ventana que atraviesan a diario para meterse de lleno en redes y foros que los llevan a situaciones poco deseadas.

En las ficciones más recientes, se analice como se analice a las diferentes producciones, la inglesa Adolescencia y la argentina Atrapados abordan eso que se torna peligro mortal. En la británica, un niño de 13 que asesina a una compañera de escuela con el fogoneo digital misógino y en la argentina, la muerte de una piba que se adentra en el mundo de las ofertas digitales de sexo. En los dos casos, eran chicos ejemplares para sus padres y para el universo adulto. Que desconocían ese mundo paralelo al que sus hijos pertenecían.

Cabe preguntarse cuántos padres de cuántas generaciones conocieron los peligros a los que estaban expuestos sus hijos aún antes de la existencia del universo digital. Aunque ése es seguramente otro tema.


Suscribite

Suscribite al boletín semanal de la Agencia.

Sobre la fundación

Fundación Pelota de Trapo nació hace décadas para abrigar de las múltiples intemperies a niñas y niños atravesados por diferentes historias de vulnerabilidad social.

Sobre la agencia

Agencia Pelota de Trapo instala su palabra en una sociedad asimétrica, inequitativa, que dejó atrás a la mayoría de nuestros niños y donde los derechos inalienables de la persona humana solo se cumplen para unos pocos elegidos por la suerte