Humanidad artificial (I)

El concepto de Humanidad Artificial intenta ir más allá en la discusión sobre la inteligencia artificial. Donde lo más artificial es llamarlo inteligencia. La condición de la inteligencia era adjudicada como rango principal de la humanidad.   El “animal racional” de Aristóteles demostró en siglos que era más animal que racional. O al menos que la racionalidad tiene formas monstruosas.
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Por Alfredo Grande

(APe).- Pienso escribir una serie de trabajos sobre lo que llamo la Humanidad Artificial. Pretendo que sea un aporte para la llamada Guerra Cognitiva, que ahora claramente vamos perdiendo. Acuerdo que es un cambio de época, donde caen muchos paradigmas. El tema, a mi criterio, es hacia qué lado caen. Muchos de los que se alegraron con la desintegración de la Unión Soviética ponen hoy el grito en el cielo. Deberían ponerlo en su propio infierno.

Hoy se llenan páginas con la nueva ley laboral a la que, como parte de esa guerra cognitiva, bauticé como Restauración Patronal. O sea, vuelve a estar en la superficie la cuestión quién es el patrón (en el barrio decíamos el dueño de la pelota porque era el único que tenía asegurado algún puesto para el picado del fin de semana) y quién no lo es. La idea que en mi infancia se definía como el patrón de la vereda, hoy está formulada como el patrón del planeta.

El concepto de Humanidad Artificial intenta ir más allá en la discusión sobre la inteligencia artificial. Donde lo más artificial es llamarlo inteligencia. Pensamos que la condición de la inteligencia era adjudicada como rango principal de la humanidad.   El “animal racional” de Aristóteles demostró en siglos que era más animal que racional o al menos que la racionalidad tiene formas monstruosas. La animalidad no tiene formas monstruosas porque en la animalidad la necesidad no tiene cara de hereje. La herejía es no poder satisfacer la necesidad.

La guerra cognitiva es una guerra para instalar formas de racionalidad patronales que “caricaturizan” esas formas. Una de las formas es llamar democracia a ese proceso. Esta democracia es una dictadura cívico policial, empresarial. Negarlo es suicida. Y el suicidio no es un acto de libertad, sino la forma extrema de la esclavitud. El esclavo suicida no lucha por sus derechos, ignorando de esa manera que lucha por los privilegios ajenos.

Hay justos reclamos por los nefastos efectos de esta dictademodura. (es necesario crear neologismos para no usar las mismas palabras que nuestros enemigos, lo que lleva a cantar los mismos himnos). Pero eso equivale a deplorar los síntomas, sin establecer claramente cuál es el diagnóstico. Uno de los diagnósticos que toda Guerra Cognitiva debe contemplar es abolir la similitud entre democracia y sufragio.

Hoy la democracia está al servicio incondicional de la restauración patronal, de baja o alta intensidad. Y la restauración patronal de alta intensidad abolió la humanidad.  Y ha creado una Humanidad Artificial. Hoy no se habla de subjetividad, sino de algoritmo. Se insiste en las redes sociales.  No son sociales. Son digitales.  Lo que no solamente es diferente, sino que es lo opuesto.

Siempre es triste la verdad.  A veces tiene remedio. La humanidad ya no es humana. Apenas es Humanidad Artificial.


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