Hospital Garrahan: de resistencias, venganzas y traiciones

Se preguntan cómo puede ser que, “haciendo frente a todas sus mentiras, insultos o amenazas en redes y conferencias de prensa, muy a su pesar, hemos logrado sortear el ajuste criminal que por ser trabajadores de la salud pública tenían programado especialmente para nosotros”. Meche Méndez  concluye en que esa lucha no iba a ser perdonada.
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Por  Mercedes “Meche” Méndez (*)

(APe).- Ya somos parte de la historia. Y no, no nos lo iban a perdonar.

Con qué bebida edulcorada pueden sacarse, ellos, los que se creen dueños de todas las cosas, el sabor amargo que dejamos en sus bocas y -sus arcas- por habernos atrevido a conquistar el derecho de cobrar un sueldo digno como trabajadores de la salud y no la limosna que nos venían tirando para logar su “déficit cero”.

Aún no entienden cómo fue posible.

Y se preguntan cómo puede ser que, haciendo frente a todas sus mentiras, insultos o amenazas en redes y conferencias de prensa, muy a su pesar, hemos logrado sortear el ajuste criminal que por ser trabajadores de la salud pública estas aves carroñeras tenían programado especialmente para nosotros.

Y sí, aunque no lo crean, pudimos. En unidad, lejos de burocracias sindicales cómplices del ajuste como UPCN y SUTECBA. Con el apoyo importantísimo de las familias de los pacientes y de una sociedad conocedora del valor que un hospital como el nuestro tiene para el cuidado de la salud de las niñeces gravemente enfermas. Nosotros no necesitamos mentir. Los hechos y la historia colocan la verdad de nuestro lado.

Cómo se explica el veneno y odio que una administración (interna y externa) destila a menudo, casi como si les proporcionara “auto placer”, sobre un equipo de salud que además de cuidar con seriedad, amor y dedicación a los pacientes y sus familias, tuvo que salir a poner el cuerpo intentado frenar un vaciamiento atroz e intencional del Hospital de pediatría más emblemático del país.

Es claro que necesitan para concretar sus planes de ajuste y saqueo, aprobar ya una reforma laboral criminal sobre los castigados trabajadores y para eso

desean “ensayar” sus macabros planes dentro del hospital Garrahan. Y para eso, necesitan seguir mintiendo…

Entonces, como ya pasó en el 2005, cuando en otra maravillosa gesta de los trabajadores organizados logramos arrebatarle al gobierno de entonces conquistas similares, una vez más el poder acude a un escandaloso armado de causas para aleccionar a los laburantes, para descabezar la organización que los representa y para ser un caso testigo ante otros trabajadores que –hastiados de las políticas hambreadoras de este gobierno- comienzan a rebelarse y poco a poco salen a luchar.

Y claro, para este juego perverso, se necesitan marionetas, externas e internas.

Las marionetas externas, sabíamos, venían para este despreciable papel: intentar destruir, vaciar un hospital público de alta complejidad que es orgullo nacional, lógicamente por la calidad de sus trabajadores y a ellos apuntaron.

Las internas, aunque podía sospechar por qué aceptaban esos puestos, también reconozco que no salgo del asombro pensando en lo bajo que pueden caer en su putrefacta obsecuencia y mezquindad personal.

Me pregunto: Cómo pueden médicos y/o enfermeros, ser verdugos de sus propios colegas que fueron hasta hace escaso tiempo sus compañeros de sala? ¿Hasta qué punto puede llegar la estupidez y la ambición humana? Parece que lejos, muy lejos.

Este relato sólo es hijo del cansancio, del enojo, de la impotencia, del asqueo que toda esta situación y estos personajes nefastos me provocan a diario, pero también fue impulsado por el orgullo de sentirme parte de esta organización (“partido sindical” parece que le dicen, porque ya no saben qué inventar para desprestigiarnos) que no se resigna y lucha por salarios dignos, por el bienestar de los jubilados, por los derechos de los discapacitados, de los trabajadores, por la salud pública y gratuita.

Me gustaría con estas líneas informar a la sociedad y, a modo de ejemplo, mencionar sólo a algunas de las personas que intentan sancionar a modo de amedrentamiento para el resto de los trabajadores por el solo hecho de atrevernos a luchar.

Por ejemplo, piden sancionar a Sinfo, una enfermera histórica del CIM 74 sala en la que la colega ha administrado miles de quimioterapias a niños graves, con cáncer de todo el país y aledaños.

Cientos, miles de pacientes algunos ya adultos, otros lamentablemente fallecidos y/o sus familiares recuerdan sin duda sus cuidados dedicados, profesionales, amorosos. ¿Cómo pueden estas bestias, atreverse a atacar a Sinfo, que dedicó más de tres décadas de su vida a este hospital y al cuidado de los pacientes? Con edad próxima a jubilarse, ¿cómo pueden pedir la cesantía para una persona tan valiosa, en lugar de rendirle honores antes de retirarse? Sólo mentes perversas y cuerpos sin almas pueden firmar una atrocidad así.

Ni hablar del desprecio que me provoca que un colega pueda llegar a firmarlo.

¿Y Alejandro? Compañero que estuvo al frente de la lucha por todas estas reivindicaciones mencionadas anteriormente y que todos lo conocemos además porque organiza las aulas, sí, esas aulas donde todos los profesionales por ejemplo, dan a conocer sus investigaciones, allí se enseña, se realizan ateneos, Congresos. Parte de que todas esas actividades salgan como corresponde, se lo debemos, entre otros, a Ale. Qué mente energúmena puede pedir su cesantía, sin ninguna fundamentación seria. ¿No piensan que dejan sin trabajo –además- al papá de una nena pequeña, esos que –supuestamente- se rasgan las vestiduras por los niños?

Mercedes Meche Méndez, enfermera emblemática del Hospital Garrahan

¿Y cómo pueden desear sancionar a las maestras del jardín? ¿Hay algo más bajo que eso? A ellas que cuidaron amorosamente de los hijos pequeños de todas las trabajadoras, para que a la vez ellas pudieran cuidar a sus pacientes.

Sólo una mente atravesada por el vacío o el odio de clase puede desear algo así.

Tenés que tener mucho desconocimiento del hospital o fingir demencia para no reconocer que Norma como nutricionista lleva muchos años desempeñando su labor, cuidando a los niños desde el rol que eligió desempeñar.

No, no está bueno mentir y además en base a eso sancionar.

Y así podría mencionar a cada compañero (enfermera, instrumentador quirúrgico, administrativos, camillero, técnico de farmacia, técnico de esterilización etc.) que piden sancionar.

Detrás de cada uno de ellos hay una familia, hijos, sueños y una historia personal atravesada por su desempeño en el hospital.

Sin el aporte de sus granitos de arena como parte del equipo de salud, este hospital no sería lo que es.

No intento que cambien de opinión los que obviamente por sus actitudes, carecen de escrúpulos.

Pero sepan todos que la causa armada por la que piden las sanciones, es un absoluto mamarracho y carece de fundamentación seria alguna. El hecho que alegan - ingreso a la dirección- sólo respondió al cansancio de los trabajadores, al ninguneo de las autoridades, al inconstitucional y criminal descuento de haberes llevado a cabo de manera discrecional (solo a algunos sectores que intentaban disciplinar y no a otros) por ejercer su derecho a huelga.

Compañeros que no podían pagar el alquiler, sus remedios, las zapatillas de sus hijos, endeudados, con pluri empleo, al borde de la desesperación y sin ninguna respuesta de los directivos a la infinidad de reclamos y solicitudes de reuniones.

Es triste y lamentable observar cómo intentan que el hospital que fue refugio y sentimos como nuestra casa, sea cada vez un lugar más hostil, donde se nos considera sospechosos hasta que se compruebe lo contrario, a diario intentan sembrar miedo, implementan estúpidos controles para demostrarnos que ellos mandan con el único objetivo de desalentar, amedrentarnos, quebrar poco a poco nuestra capacidad de resistencia y con ella nuestras conquistas.

Sepan los ministros “anunciadores precoces” los vaciadores paracaidistas, los traidores internos que ya se relamen, que no lo van a lograr tan fácilmente.

Por último, recordar que todos los que luchamos y cobramos el 61% de aumento al básico, debemos redoblar los esfuerzos por defender a los compañeros que intentan sancionar por atrevernos a enfrentarlos, resistir y ganar.

Hoy son ellos, mañana podemos ser nosotros. Vienen por todo. Y no van a pasar.

¡Abajo las sanciones, basta de ajuste, no a  la reforma laboral!

El Garrahan no se toca.

(*) Licenciada en Enfermería – Hospital Garrahan


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