Es el huevo y es la gallina

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Por Alfredo Grande
   (APe).- Origen y destino. Tal la línea de tiempo que sostiene la vida. ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Y cuál es el sentido de esta travesía? Tres preguntas fundantes que generan infinidad de respuestas. Y también infinidad de nuevas preguntas. Y ambas, preguntas y respuestas, siempre atravesadas desde nuestra propia implicación. Creo que las preguntas, para cada persona, siempre son las mismas. Lo que va cambiando son las respuestas.

O sea: mantenemos las mismas motivaciones de nuestra niñez, de nuestra temprana juventud. Lo que en el mejor de los casos cambia, son las formas y los contenidos de las respuestas que vamos dando. No sé si todo cambia, pero en todo caso cambian más las respuestas que las preguntas.

Más acá de que hay preguntas sin respuestas y también hay respuestas para cuestiones que nunca se preguntaron. En momentos determinados del devenir histórico, preguntas y respuestas, formas y contenidos, se constituyen en un horizonte de alta credibilidad. A ese momento determinado se lo denomina paradigma.

En el campo histórico, social, político, económico del paradigma, todo cierra. Y lo que no cierra, simplemente es expulsado, eliminado, desterrado, desaparecido. La condición para la persona en tanto tal, es aceptar el paradigma. A dios rogando y con el paradigma dando.
Cuando a pesar de sus prácticas expulsivas y destructivas el paradigma tambalea, la divisoria de aguas será entre los que pretenden reforzarlo, emparcharlo, camuflarlo, enyesarlo, hacerle toda la chapa y pintura necesaria para que siga funcionando y entre los que intentan y no pocas veces logran, empujar al paradigma para que deje de tambalearse y finalmente se caiga.

La destrucción del paradigma es la revolución y la construcción de un nuevo paradigma, también es la revolución. Este proceso tiene numerosas secuelas y precuelas en el devenir de la historia. Los momentos en los cuales se cristalizan esas mutaciones del paradigma, también se denominan “analizadores históricos”. Donde la pregunta sobre el huevo y la gallina se actualiza.

¿Perón hizo el 17 de octubre o el 17 de octubre hizo a Perón? ¿El Che Guevara hizo la revolución en Cuba, o la revolución en Cuba hizo al Che? Es un reduccionismo sin duda. Pero un reduccionismo necesario. Porque es uno de los pilares donde las derechas y las izquierdas sostienen su incompatibilidad esencial.

Ortega y Gasset planteó la dualidad entre el hombre y sus circunstancias. Nuevamente la pregunta sobre el huevo y la gallina. ¿Son las circunstancias las que modelan al sujeto o es el sujeto el que construye las circunstancias?

Gramsci escribió: no es la conciencia la que determina el ser social, sino que es el ser social el que determina la conciencia. Determinación abierta, determinación probabilística, pero determinación al fin. Que no es lo mismo, más bien es lo opuesto, al determinismo.

Un paradigma siniestro de la cultura represora, que atraviesa tiempos y costumbres, es el descripto por Carlos del Frade cuando nos habla de las “violencias santas”. En un texto necesario, describe con maestría la batalla de Lepanto. Su análisis convierte esa batalla en un analizador histórico del paradigma de La Masacre. Dicho en propias palabras: la masacre es un paradigma necesario para la hegemonía de la cultura represora. La historia de las masacres es la historia de los momentos de máxima destrucción y crueldad de la cultura represora. La historia es la historia de la lucha de clases y es la historia de las masacres. La violencia es la partera de la historia y la crueldad es el aborto de la historia.

El paradigma de la masacre se expresa con diversidades notables. El hambre planificada es un ejemplo, aunque sea un pésimo ejemplo. La obsolescencia programada de objetos y personas es otro ejemplo. En el trabajo mencionado, Carlos del Frade cita las palabras del arzobispo de Rosario: “¿Por qué nos está ganando la droga, con su correlato que es el narcotráfico, con su contenido de dinero negro, de poderosas armas de fuego, ostentación, lujo, violencia y muerte?”. Nuevamente la pregunta: ¿Qué es primero: la droga o el narcotráfico? En otros términos: ¿el narcotráfico es correlato o el narcotráfico es el relato y la droga es el personaje? La respuesta es política.

Toda industria genera demanda artificial. O sea: la oferta antecede a la demanda. La oferta de gallinas antecede la demanda de huevos. Y toda industria necesita, con diversas formas lo que se denomina packaging. Las industrias no fabrican nada sin antes garantizar la venta de sus productos. Por eso todas las medidas que estás destinadas a modelar el consumo, o sea la demanda, fracasan. No se fabrican armas porque hay guerras. Hay guerras para poder vender armas. Al menos, desde la plenitud del capitalismo industrializado.

El modo de producción capitalista exige inventar nuevas demandas para que las ofertas de nuevos productos tengan alta rentabilidad. Sean los alimentos o las drogas. Y si la rentabilidad del consumismo imbécil disminuye, siempre se podrá activar el paradigma de la masacre. Dentro del paradigma de la masacre, está el credo de la población excedentaria.

Con más del 50% de la niñez hambreada, los avisos de golosinas, alimentos con nutrientes, comida para mascotas, suena como la insolencia de una cultura que tiene claro dónde está el lucro. Que exige la constante masacre de las necesidades básicas siempre insatisfechas.

Edición: 4405


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