Ensayo sobre la caricatura (II)

El artículo constitucional que plantea que el pueblo no delibera ni gobierna, habilita la caricatura, escribe Alfredo Grande. E insiste en que habría que tomar aquella frase acerca de la caricatura de la revolución para advertir sobre la caricatura de la democracia. Porque, plantea, lo peor es tomar la caricatura como el verdadero rostro.
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Por Alfredo Grande

(APe).- La democracia caricatura se ha impuesto.  Hoy sólo queda la caricatura. Confundir democracia con sufragio, como señaló Mario Mazzitelli, es perfeccionar la caricatura. Más ajustadamente me refiero a las Caricaturas Represoras, aquellas que ocultan el verdadero rostro (el ícono). Hubo, Caricaturas Descubridoras, como las que con valentía y talento sostuvo la revista Humor. Pero en nuestra actualidad lo que tenemos es caricaturas represoras. Caricatos y caricatas que hacen la caricatura de la representación. Sugiero llamar a esto restitución.  O sea: forma sin esencia.

Cuando la constitución nacional sentencia en su trágico artículo 22 que el pueblo no delibera ni gobierna, habilita la caricatura.  Porque dejemos esto claro: no hay representantes.  Quizá hubo, pero ya no hay.

“En los nidos de antaño no hay pájaros de hogaño”, nos dice Miguel de Cervantes en la última parte de El Quijote. No es melancolía.  Pero es añoranza. Aunque quizá sea también melancolía.

El Che nos advirtió sobre la caricatura de la revolución. No está de más advertir sobre la caricatura de la democracia. Lo peor es tomar la caricatura como el verdadero rostro. Recuerdo un chiste: el hombre le dice a la mujer ante el inminente divorcio. “¿Y para esto te entregue los mejores años de mi vida?”. La mujer sorprendida le responde: “¿y esos eran los mejores años?”.

No sé cuáles fueron los mejores años de la democracia. Tengo claro que estos no son. Lo que tampoco sé es si cabe esperar tiempos mejores. Las caricaturas sobran: están por todos lados. Desde la avispa de Menen al desfile de las pelucas, las caricaturas han recorrido un larguísimo camino.

Pero sigo pensando como los reformistas de 1919, cuando la reforma no era caricatura de una restauración patronal: “Los dolores que quedan son las libertades que faltan”.

Necesario tenerlo en cuenta hoy que tenemos la más atroz caricatura de la libertad.

Para leer la primera parte clickear acá.


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