El símbolo de un país sin obra pública

Detrás de los anuncios de Loma Negra de que apagó sus hornos por, al menos, seis meses se esconde la historia de un país durante el último siglo. Desde que Alfredo Fortabat fundó la firma en 1926 al rol de Amalia Lacroze durante la cartelización del cemento. Desapariciones, despidos y la irrupción de “el nuevo Rocca”, en la presidencia de la empresa.
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Por Claudia Rafael

(APe).- La historia nacional de los últimos 100 años se puede recorrer a partir del anuncio de la cementera Loma Negra de apagar sus hornos por al menos los próximos seis meses. Desde aquel 1926 en que Alfredo Fortabat encontró -en la zona del pequeño pueblo que fundó más adelante con su propio nombre- un importante yacimiento de piedra y caliza. Esta vez, ya con Marcelo Mindlin al frente, “el nuevo Rocca” -experto en "oportuncrisis", como lo (y se) define- compró parte de la deuda de la cementera y la sumó a su largo listado de firmas en sus bolsillos.

Pero estos tiempos en que la obra pública sigue en caída –con deudas sin saldar, obras paralizadas y una apuesta a la inversión privada- se perdieron más de 200.000 puestos laborales en el sector de la construcción desde 2023 hasta ahora. Y el cese de producción de Loma Negra enciende las luces de preocupación de los trabajadores que ven que, si fue habitual apagar los hornos en otros años por uno o dos meses, nunca se hizo por un período tan extendido como el que se anunció ahora. Con un inédito presidente que definió que el estado no debe hacer obras y le colgó el cartel de QEPD.

En aquel 1926 iniciático para Loma Negra, las formas de producción, envasado y comercialización convocaban a miles y miles de obreros. Era otro país. Marcelo T. de Alvear no era sólo una calle porteña: presidía el país en una etapa que aún no había conocido de dictaduras. Y las empresas no se manejaban entonces con botoneras y automatización de procesos con altos niveles de desocupación.

Alfredo Fortabat, un atípico terrateniente de la época, impulsó villas obreras en las que resolvía los problemas cotidianos de “su” planta de trabajadores en un modelo paternalista en donde promovía la fidelidad. Un modelo que después de su muerte, en 1976, heredó quien se transformó en ese momento en la mujer más rica del país: Amalia Lacroze de Fortabat.

Un año muy particular para esa muerte. “Don Alfredo”, como se lo llamaba en Olavarría y la zona, murió el 10 de enero de 1976, a los 81 años. Dos meses y 14 días después se instaló en el poder la dictadura más sangrienta que conocería el país en una seguidilla de períodos democracias/dictaduras que se extendía desde 1930.

Y “Amalita”, como se la llamaba con profundo amor en la zona, no desaprovechó la oportunidad. Con su historia, se puede desentrañar el rol del abanico de empresas que tuvieron roles de preponderancia en la represión y en el plan económico de Martínez de Hoz: como Acindar, Ledesma, Mercedes Benz, Molinos Río de la Plata, entre otras.

Los libros contables de Loma Negra 1975-1983 desnudan esa complicidad. La empresa pasó de tener pérdidas por más de 100 millones de pesos en 1975 a ganancias siderales en los balances siguientes. Ganancias que le permitieron a “Amalita” quedar ubicada en la cima de la pirámide de la revista Forbes.

Así como subían –producto de la cartelización del cemento que le redundó en beneficios, por caso, con la construcción de autopistas y estadios para el mundial 78 o la edificación de viviendas del plan Fonavi- las ganancias de la empresa, las condiciones de trabajo para los obreros eran cada vez más difíciles. Las investigaciones del abogado laboralista Carlos Alberto Moreno, que patrocinaba a trabajadores enfermos de silicosis, lograron victorias legales para hacer respetar la ley de trabajo vigente y para pagar indemnizaciones. La silicosis era la enfermedad propia de los trabajadores del cemento que respiraban sílice, en las áreas de embolsado, un polvillo que se les introducía fatalmente en los pulmones. Cada industria, no casualmente, tuvo su propia enfermedad laboral. Así como la silicosis de los obreros mineros derivó en el secuestro y asesinato, en 1977, del abogado que logró probarlo, las investigaciones del médico Luis Arédez que desnudaron que la bagazosis era provocada por la inhalación del bagazo en los ingenios Ledesma, en Jujuy, redundó en su secuestro y desaparición en mayo de 1976, exactamente 50 años atrás.

Loma Negra llegó a tener miles de empleos. Directos e indirectos. Que luego, entrados los años 90, comenzaron a caer. Y es muy impresionante el impacto social de aquel modelo industrial paternalista pergeñado por Fortabat y continuado por su esposa. Ante los despidos y ofrecimientos forzados de retiros voluntarios, los trabajadores más entrados en años repetían cabizbajos y doloridos: “seguramente la Señora no sabe de esto que nos está pasando”. Era una fidelidad a ultranza forjada por décadas a través de la “beneficencia” que cubría tratamientos médicos a hijos enfermos de obreros; las becas para estudios secundarios, terciarios o universitarios; la construcción del hospital de niños de la ciudad o la cobertura de los gastos de la escuela técnica. Ajena -no por desconocimiento sino por indolencia- la “Dama del Cemento” mientras tanto viajaba, disfrutaba de la vida desde su penthouse en Palermo con entrada para 10 autos, compraba obras de arte, bailaba, gozaba y reía.

Ya nada fue igual tras su muerte. El penthouse en cuestión se vendió en 12 millones de dólares. La empresa fue cambiando de manos. Y la justicia, intentó morderle los talones en 2012, un par de meses después de su deceso, cuando se ordenó investigar el rol de Loma Negra en el crimen de Moreno. El sistema judicial argentino, sin embargo, no permite juzgar a personas jurídicas como sí otros regímenes sino a personas físicas. Y ya ni Amalia Lacroze ni ninguno de los demás integrantes del directorio estaban con vida.

Tras varios pases de manos empresariales, Loma Negra acaba de anunciar que sus hornos permanecerán apagados por, al menos, seis meses.

En tiempos en los que el estado se corre de la obra pública, en los que el empleo formal es casi una entelequia y sólo el mundo de los mercaderes libres de la moneda y de las empresas de aplicación, crecen con pasos de gigante, el fantasma del desempleo y el sálvese quien pueda se expanden como nubarrones sobre las vidas cotidianas en el país.

Marcelo Mindlin, en tanto, como entonces Amalia Lacroze, Amalita o la Señora, se regodea con sus inversiones petroleras, cementeras y energéticas o su feliz nombramiento por parte de Milei como presidente de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto y sus vínculos aceitados con Israel.


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