En tiempos en que avanza la noche

El retorno del avión de la muerte

El avión, el mismo que el lunes llegó aeroparque, salió de la misma pista, el 14 de diciembre de 1977 a las 21,30 con las madres de la Santa Cruz. Y volvió a las 0,40, casi vacío. Al mismo aeroparque donde las autoridades prefirieron vociferar sus pugnas insustanciales. Mientras ellos volvían, otra vez. Y no los vieron.

|

Por Silvana Melo

(APe).- Skyvan N80GB. El nombre del avión no dice nada. Pero el avión sí. Después de cuarenta años no se le fue del fuselaje la huella del hilo con el que les ataron las manos después de desnudarlos. No se fue el aroma a hogar que tenía el pelo de Azucena, lavado con jabón de rosas. No se fue nunca el olor salado de la transpiración, el ácido del miedo derramado en las polleras y en las camisas amontonadas aparte. No se fue jamás la lágrima densa de Leonie, de la que fue consciente a pesar del pentotal. Nunca se borró de los ojos de Esther, caída en el piso sin volar por el aire, la imagen de su hija Ana María, lo último que vio sin ver antes de caer en la tiniebla del río. Nunca se borró de la puerta que el piloto debía autorizar el movimiento muerto de aferrarse a la vida.

Quien lo mire al avión, quien observe la puerta, quien acceda a las paredes oscuras del fuselaje, quien mire su trompa, los verá a todos. A los doce de la Santa Cruz, que en 1977, en medio del río de sangre que corría por el país, salían a buscar a sus hijos. O a pedirle a un dios que no escuchaba, como Leonie y Alice. Un dios que no escuchó, que miró hacia otros templos plagados de mercaderes. Y no hacia los crucificados.

Las mujeres con pañal de tela blanco en la cabeza se pusieron en la mira de los fusiles circulando por la Plaza de Mayo. A la noche se juntaban en esa iglesia de San Cristóbal. Hasta que el ángel de la muerte las convenció con una ternura atroz y sus cuerpos viajaron desde la Esma en furgones herméticos hasta aeroparque. Bajaban atontados por la tortura. La inyección los sedaba pero los dejaba vivos. “Los apilábamos y cuando ya estaban listos salíamos a volar. Cuando nos avisaban empezábamos a arrastrarlos y los tirábamos por el portón”. Así era el relato de los que empujaban. De las manos que tocaban los cuerpos, que sentían la muerte inmediata de la que eran capaces, de los que hacían la fuerza final, desde los hombros hasta los dedos, para que cayeran ahí, en el aire, vivos para siempre.

El avión, el mismo que el lunes recibieron en aeroparque las autoridades en pugna, salió del mismo aeroparque, el 14 de diciembre de 1977 a las 21,30 con una docena de cuerpos encima. Y volvió a las 0,40, casi vacío.

skyvan-foto-interior

Pero no se rindieron. Ni Azucena, ni Esther, ni Alice, ni Leonie. Ninguna. Ninguno. Entonces volvieron a las costas de Santa Teresita y de Mar de Ajó. Desde el mar agreste a las playas cálidas, cercanas a la Navidad. Como para decirles a tantos tantas cosas. Los volvieron a juntar, como se junta aquello que grita, que delata, que ensordece de verdad extrema. Y los ocultaron en una fosa común. Aunque nunca dejarían de estar vivos. Nunca dejarían de incriminarlos aun cuando los confinaran entre los muertos.

Adolfo Scilingo, ex jefe de automotores de la ESMA, eximio piloto del Skyvan, aseguró que entre 1976 y 1978 hubo unos 200 vuelos de la muerte, con unas quince personas por viaje. Más de tres mil enterrados en el mar, en los ríos, en el delta del Paraná. Que se enredaron entre las plantas, entre las raíces, entre las algas, que se hundieron en las ciénagas de los fondos. Que no pudieron volver.

Acaso volvieron todos el lunes, en el Skyvan repatriado. De donde a pesar de los cuarenta años, no se fue ningún olor, ningún aroma, ningún ácido, ningún temblor, ninguna huella de los que apretaron con los dedos el empujón final.

Ayer en el aeroparque. Cuando mientras ellos volvían, en tiempos en que la noche se viene, ciega y cegadora, las autoridades prefirieron vociferar sobre sus internas insustanciales.

La mayor tragedia de la historia argentina caía sobre ellos, como la llovizna pertinaz del otoño. Y no la vieron. Unos metros más allá, el olvido, renacido y procaz.

santa1

Suscribite

Suscribite al boletín semanal de la Agencia.

Sobre la fundación

Fundación Pelota de Trapo nació hace décadas para abrigar de las múltiples intemperies a niñas y niños atravesados por diferentes historias de vulnerabilidad social.

Sobre la agencia

Agencia Pelota de Trapo instala su palabra en una sociedad asimétrica, inequitativa, que dejó atrás a la mayoría de nuestros niños y donde los derechos inalienables de la persona humana solo se cumplen para unos pocos elegidos por la suerte