El poder de Google

Millones de personas le preguntan a Google por el sentido de sus vidas, de sus existencias. No acuden a un psicólogo ni a su pareja ni a sus amigos. Van hacia una máquina. Un poder enorme. No es una búsqueda intelectual solamente. Se trata de dotar a la plataforma de una dimensión capaz de incidir en el presente individual de millones de personas.
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Por Carlos del Frade

(APe).- “Cada año se realizan dos billones de búsquedas de todo tipo en Google. Un billón equivale a un millón de millones. Según Google Trends, instrumento que registra el volumen y las tendencias de las búsquedas, la palabra “propósito”, entendida como sentido existencial, es una de las que experimentó un aumento más significativo en esas indagaciones entre 2015 y 2025. Books Ngram Viewer, otra herramienta del buscador, en este caso orientada a detectar con qué frecuencia una palabra se repite en libros, reveló que, en tres décadas, entre 1992 y 2022, la presencia de “propósito” aumentó más del 3.000%. Cada uno por su parte, Jung y Frankl decían que al menos dos tercios de las personas que acudían a ellos no tenían problemas psíquicos reales, sino que sufrían de angustia existencial”, escribió Sergio Sinay en su nota del diario “La Nación” del domingo 26 de abril de 2026.

Millones de personas le preguntan a una máquina por el sentido de sus vidas, de sus existencias.

No acuden a un psicólogo ni a su pareja ni a sus amigos. Van hacia la máquina, hacia Google.

Poder enorme.

No es una búsqueda intelectual solamente.

Se trata de dotar a la plataforma de una dimensión capaz de incidir en el presente individual de millones de personas.

Es necesario, entonces, repetir que el neofeudalismo del tercer milenio necesita de la mayor producción de semianalfabetos, de personas que tengan la cabeza secuestrada y lejos de las necesidades en las que pisan sus pies.

Dice el periodista, escritor y sociólogo mexicano, Juan Villoro, a propósito de su último libro “No soy un robot”, que “somos la primera generación que tenemos que demostrar que aún somos humanos. Y lo paradójico es que se lo demostramos a una máquina, que es quien nos acredita como todavía humanos. Podemos pensar que la condición humana está en peligro de tener fecha de caducidad. ¿En qué medida la IA podrá llegar a suplantar por completo a la especie humana? Hay cosas que todavía no logra la IA y una de ellas es la muy provechosa habilidad del ser humano de autoengañarse, lo que el antropólogo de la cultura Roger Bartra llama “el efecto placebo”: nosotros logramos muchas cosas porque nos engañamos a nosotros mismos pensando que podemos realizarlas”.

Agrega que “le acaban de dar el Premio Nobel de Física a Geoffrey Hinton, que renunció a su puesto en Google arrepentido de haber desatado un monstruo con la IA, porque considera que su nivel de aprendizaje es demasiado veloz y ya incontrolable. De alguna manera es un caso parecido al de Oppenheimer con la bomba atómica, un premio al arrepentimiento más que al logro, a estar en contra de haberlo conseguido, porque, éticamente, Hinton ya no se siente aval de una tecnología de la que fue llamado padre o padrino”.

Villoro informa, además, que “el umbral de atención ha bajado. Somos una especie que no puede concentrarse más allá de cinco minutos. James Robert Flynn estudió cómo cambiaba a lo largo del siglo XX el coeficiente intelectual de la población: advirtió que había subido 30 puntos en el siglo XX, pero a partir de la década de los 90 advirtió que este cociente disminuía 2 puntos por década. Nos estamos volviendo más tontos por la sencilla razón de que muchas de nuestras tareas mentales ahora son hechas por aparatos. Por ejemplo, las agendas telefónicas están en el propio teléfono”.

Pero apuesta a la esperanza como una obligación ética: “No quisiera que mi libro fuera visto como un canto del cisne apocalíptico del mundo que se fue, sino como un intento de seguir resistiendo, como siempre lo hemos hecho, desde nuestra humanidad, y la lectura desempeña un papel clave. Creo que la esperanza es una obligación ética. No es algo que requiera de estímulos para concebirse, es parte de la condición humana estar esperanzado y se le puede llamar milagro, prodigio o suerte. Mi libro busca concebir una solución posible, aunque la adversidad sea obvia. Y eso es solo propio de la naturaleza de lo humano y no de las máquinas”.

Es por estas cuestiones que pregonamos con humildad y también con firmeza, la necesidad de parir un humanismo beligerante que incluya la decisión de recuperar la soberanía de la cabeza, que promueva la revolución de los mutantes, es decir la liberación de los phonos sapiens y seres humanos sentipensantes, protagonistas y no consumidores consumidos.

Para ello, igualmente, habrá que recuperar las palabras.

Tarea ineludible de maestras, maestros, trabajadoras y trabajadores de prensa, como militantes varios.

Fuente: Diario “La Nación”, domingo 26 de abril de 2026; “Soberanía de la cabeza”, del autor de esta nota.


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