El pequeño Liam y el Hombre Araña

Trump avanza con pasos agigantados en la quita de derechos en su país a través de ICE. Desde EEUU y en especial para APe, Cristina Baccin analiza la historia del pequeño Liam Conejo Ramos, detenido con apenas 5 años. Apenas uno entre los 3800 niños puestos bajo custodia estatal. Disciplinamiento, terror, control social en practicas que van desgarrando, pieza por pieza, el concepto de democracia. 
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Por Cristina Baccin, especial para APe desde Estados Unidos  1

(APe).- El 21 de enero, Liam se puso su gorrita de peluche azul, tomó un rápido desayuno con cereales preparado por su mamá y cargó su mochila del Hombre Araña  para ir a la escuela, mientras interpelaba a su familia con su pregunta: ¿por qué? Con sus 5 años, sus conversaciones se nutren de esta pregunta que los niños de su edad usan para descubrir el mundo. Todo es nuevo y diferente para Liam  desde que emigró con sus padres a Estados Unidos hace un año, pero este día sería aún más impactante para él.
Liam Conejo Ramos es un alumno preescolar en la ciudad de Minneapolis (Minnesota, EEUU) y fue detenido junto a su padre cuando salía de la escuela, en un operativo conjunto del personal de la Agencia de Inmigración y Control de Aduanas (Immigration and Customs Enforcement, o ICE por sus siglas en inglés) y la Border Patrol  (Patrulla de Frontera, o BP por sus siglas en inglés). Si hoy se le administrara al pequeño Liam el test sobre Experiencias Infantiles Adversas, su resultado indicaría que ya está dentro del círculo traumático infantil con impactantes consecuencias en su vida futura.

Según estadísticas sobre ICE, durante el año 2025, esta segunda presidencia de D. J. Trump puso al menos 3800 niños bajo su custodia: entre los cuales, más de 500 niños tienen menos de cinco años, como el caso de Liam.

Desde el inicio de esta administración republicana, personas con vestimenta de camuflaje de guerra y armadas con tecnología de uso en campos de batalla  como Afganistán, Iraq o Siria llevan adelante despliegues teatrales de terror en las calles de diversas ciudades estadounidenses con el objetivo de cazar humanos cuya piel es color marrón o negro, como lo canta Bruce Springsteen en su Streets of Minneapolis.

¿Cómo es que un aparato de seguridad nacional creado para impedir la entrada de terroristas internacionales detiene a un niño ecuatoriano, preescolar, de 5 años, a la salida de su escuela?

Enmascarados, con un entrenamiento deficiente y limitado, en vehículos sin identificación, este cuerpo represivo despliega sus movimientos en ciudades que han votado mayoritariamente el Partido Demócrata (y no necesariamente cuentan con altos porcentajes de inmigrantes). El modus operandi suprajudicial y parapolicial de ICE y la Border Patrol siempre comienza provocando situaciones de caos social, continúa con la fuerte represión de manifestantes y culmina con algún evento profundamente dramático o disruptivo, como la muerte de la Sra. Renee Good y el enfermero Alex Pretti, ejecutados públicamente en la calle.

Me pregunto por qué cuando me encontré recientemente con la Patrulla de Frontera en plena ciudad sentí un hedor argentino conocido. La historia argentina sigue tristemente “enseñando” caminos de crueldad ya recorridos; en este caso, las señales de tránsito del mal olor me llevan en dirección a la trágicamente célebre Alianza Argentina Anticomunista (AAA o Triple A). ¿En qué se parecen estos dos aparatos?

Ambos comenzaron como iniciativas de gobiernos democráticos para aniquilar algún “enemigo” focalizado y luego, extendieron el terror a la población en general: la AAA fue creada durante las presidencias de J.D. Perón y su esposa María Estela, bajo la férula del Poder Ejecutivo, en particular a cargo del Ministro de Bienestar Social José López Rega: su objetivo inicial era aniquilar oposición interna. ICE fue creado por el presidente G. W. Bush a partir de los ataques de las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre del 2001 con el objetivo de detener el ingreso al país de terroristas internacionales, dentro de un nuevo mega ministerio, el Departamento de Seguridad Nacional (Homeland Security).

En ambos casos, la definición inicial de “enemigo” se transfiere rápidamente hacia la generalidad de la población: La Triple A se extiende a toda “contrainsurgencia” y desparrama el terror en las ciudades argentinas. ICE va del terrorista extranjero al inmigrante en general; después, ataca manifestantes callejeros y extiende el terror en las ciudades con mayoría de votantes del partido de oposición, el Partido Demócrata.

Sea la Triple A como ICE y las Patrullas de Frontera (BP) son organismos amorfos, con articulaciones imprecisas con otras fuerzas estatales de diferentes jurisdicciones y cuyo único referente visible es alguien en directa relación con el Presidente, por fuera de cualquier otra línea de mando: la triple AAA a cargo del “brujo” Ministro José López Rega; ICE y BP bajo el mando de Tom Homan, llamado “el Zar”, un cargo que no existe en la nomenclatura administrativa estadounidense.

A esto se agrega la espectacularidad intencional de la violencia como parte de su metodología represiva: por ejemplo, la AAA lo hacía con la deposición de cadáveres en la vía pública; ICE con la ejecución pública de manifestantes (ciudadanos comunes, trabajadores) frente a las innumerables cámaras de teléfonos móviles, amplificando así el efecto aterrorizante en la población en general desde las redes sociales. ¿Y las víctimas? Por supuesto, son deshumanizadas, demonizadas y culpabilizadas del propio accionar represivo y criminal.

En este proceso de hegemonización del poder en Estados Unidos, el Presidente Trump está avanzando a pasos agigantados en la quita de derechos civiles y humanos creando su propio brazo armado con ICE, del mismo modo que lo hicieron los Perón con la Triple AAA, el actual presidente argentino Milei y numerosos ejemplos de la historia contemporánea mundial, donde gobiernos elegidos democráticamente se tornaron tiranías.

El juez federal de California, David O. Carter en un reciente alegato contra el actual Departamento de Justicia sentenció claramente: “La toma de la democracia no se produce de golpe: se desgarra pieza por pieza hasta que no queda nada”.

Cuando el pequeño Liam siga con sus preguntas, podríamos decirle que tal vez el Hombre Araña que lo acompaña en su mochila pueda ayudar: con sus poderes mágicos podría colgar del cielo de Estados Unidos una palabra que todavía mucha gente no se anima a pronunciar y no experimentó  en carne propia:  t-i-r-a-n-í-a. Así, quizás, siga despertando del sueño americano y actúe para detener el desgarro.

  1. Periodista. Fue Decana de la Facultad de Ciencias Sociales, UNICEN (Prov. Buenos Aires, Argentina), Profesora e Investigadora en Comunicación Social en Argentina (Univ. Nac.  de La Plata, Universidad Nacional del Centro de Bs. As., entre otras) y España (Univ. Pont. de Salamanca).
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