El mundo adulto, un niño y una jueza

Un chico de 14 años intentó robar un celular. Lo intentó: no lo logró. ¿Qué futuro tienen los chicos y las chicas en un país donde no se pueden equivocar? ¿Donde son carne de cañón? Mientras sobreseen en sus megacausas a los poderosos.
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Por Carola Martínez Arroyo (*)

 (APe).- Un chico de 14 años intentó robar un celular. Lo intentó: no lo logró.

Una jueza decidió sobreseerlo.

Buena parte del mundo adulto se volvió contra el niño y contra la jueza, a quien acusan de "garantista", que es exactamente lo que hay que ser cuando se trata de niñas, niños y adolescentes. El jefe de gobierno porteño salió a criticarla y a hacer campaña con la mano dura, mientras su policía detiene a vendedores de paltas y a cartoneros. En paralelo, la Justicia confirmó el sobreseimiento definitivo de Luis "Toto" Caputo en la causa por presuntas omisiones en sus declaraciones juradas y supuestas irregularidades en la emisión de deuda durante el gobierno de Mauricio Macri.

Un niño de 14 años.

Una jueza que entiende que someter a un chico al sistema penal por un intento de robo es estigmatizante.

Un chico que vive en una casa sin gas, sin poder tener una comida caliente, que se alimenta ocasionalmente con bolsones, en una familia golpeada por el desempleo.

La jueza sostiene que a esa edad el cerebro todavía no alcanzó la madurez necesaria para tomar decisiones como un adulto. Y es cierto: la corteza prefrontal termina de desarrollarse recién alrededor de los 25 años.

Los medios hicieron un festín. La llamaron de todo: "imbécil", le dijo un periodista; "mala persona", otro. Hubo quien pidió mostrar su número de celular en vivo para escracharla.

¿Qué futuro tienen los chicos y las chicas en un país donde no se pueden equivocar? ¿Donde son carne de cañón para los libertarios y para las ganas de Jorge Macri de gobernar con LLA?

Esto es un aviso.

Van a ser duros con los pibes y las pibas, duros con las mujeres, duros con los pobres, mientras sobreseen una a una las causas por enriquecimiento ilícito.

Es una campaña de control social: nos quieren temerosas, nos quieren pobres, nos quieren con hambre, para poder llevarse el país tranquilos.

Por este chico y por todos los pibitos y pibitas que hoy forman parte del 53,6 % de niñas, niños y adolescentes que viven en la pobreza según los datos de la encuesta EDSA, tenemos que frenar esto. Las infancias necesitan creer que hay un futuro posible, y es nuestro deber como adultos/as garantizarlo.

(*) Escritora chilena que reside en Argentina.


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