El docente y el policía: tiza y 9 milímetros

Los dos estaban endeudados. Los dos no llegaban a fin de mes. Un docente en La Matanza, chofer de aplicación de madrugada. Un policía en La Matanza, decidido a matar para robarse un auto. Las armas que les da el estado. Tiza y pizarra. Una 9 milímetros. La vida y la muerte.
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Por Silvana Melo

(APe).- Un docente sale de madrugada a manejar un Didi porque no llega a fin de mes. Un policía endeudado sale de madrugada a resolver cómo paga sus deudas. Ambos son estatales. Despreciados por un gobierno cuyo presidente confiesa, con gesto de alienígena, que es el topo que llegó a destruir el estado desde adentro.

Uno de ellos deja la pizarra y se vuelve chofer de aplicación hasta el desgaste para compensar aquello que el estado agonizante le saquea. El otro, utilizando el arma que ese mismo estado pone en sus manos sale de madrugada como delincuente a matar para subsistir. A quedarse con el auto del chofer de aplicación al que llamó en Virrey del Pino, en la amplia tierra de La Matanza –que siempre es de alguien-, para llegar a su trabajo en la Unidad Táctica de Operaciones Inmediatas. Es decir, en la UTOI de Puente 12, donde era oficial. A los 23 años. Tan joven y endeudado. Y decidido a asesinar con el instrumento de trabajo que el estado puso en sus manos. Tan joven y dispuesto a matar a alguien como él, en su misma tragedia, puesto en su misma lucha pero de 39 años y una nena de tres.

Tan joven, formateado y marginado por un sistema cruel que nunca lo integrará a los privilegios, salvo que transe, cobre por abajo, se asocie con el narco o con el crimen organizado o arme bandas de pibes que trabajen para él. Es decir, salvo que sea bonaerense en serio. Como finalmente lo fue, porque el docente salió a trabajar de chofer de aplicación para llegar a fin de mes. Y él salió a trabajar de ladrón y, consecuentemente, de asesino.

A veces una escena sintetiza la complejidad trágica de una película. La condensa y la desnuda, intensamente.


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