El deseo de Milei

Milei piensa la Argentina según el lugar que le asigna el verdadero comandante de las “fuerzas del cielo”, el imperio norteamericano. La Argentina “potencia” de la que habla el presidente electo es aquella que ubica en su imaginación en la de 1895. Un país feroz contra sus mayorías, su niñez y sus mujeres.

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Por Carlos del Frade

(APe).- -Hoy volvemos a abrazar las ideas de Alberdi. De nuestros padres fundadores que hicieron que en 35 años pasáramos de ser un país de bárbaros a ser potencia – dijo Javier Milei, el comandante de las “fuerzas del cielo”, ungido en presidente de la Nación Argentina, con el voto de quince millones de personas.

La visión de la historia no es un análisis del pasado si no una idea del futuro deseado. Milei dijo, varias veces, que hay que volver a la Argentina de 1860.

Fueron los años de la sangre derramada.

Pueblos originarios, negros y federales.

Un triple genocidio en homenaje al imperio de entonces, Gran Bretaña.

Cuando Sarmiento hizo el primer censo nacional dejó afuera a los pueblos originarios. No los consideraba parte del pueblo. Algo así como los “orcos” de los que habla el ex presidente y todavía libre por la generosidad de la justicia argentina, Mauricio Macri.

El 75 por ciento de la población vivía en la extrema pobreza.

La potencia de la que habla el nuevo presidente de la Nación es simplemente el privilegio de unos pocos.

“…en 35 años pásaramos de ser un país de bárbaros a ser potencia”, sostuvo.

Bárbaros, etimológicamente, significa extranjeros. Milei, al estilo del sanjuanino, invierte el significado y hace del tiempo anterior a 1860 como el territorio de la barbarie. Sin embargo, fue la época de la emancipación. De líderes políticos de la talla de San Martín, Belgrano, Juana Azurduy, Artigas y Martín Miguel de Güemes.

Su mentor ideológico, Juan Bautista Alberdi, habla palabras de emoción cuando recuerda ese “país de bárbaros”.

Emociona leer a Alberdi en su denuncia en “El crimen de la guerra” o en sus artículos sobre la “Patria”. El tucumano protegido por un caudillo como Felipe Ibarra y que entrega su primer proyecto de país a Juan Manuel de Rosas. Nada menos.

Alberdi quiere un país con un estado firme, moderno y sensible.

Vivió 73 años y 43 años lo hizo en el exilio. Y pensaba en un pueblo pensado desde adentro hacia afuera y no al revés. Por eso se enfrenta a Mitre y Sarmiento.

Milei, entonces, piensa la Argentina según el lugar que le asigna la potencia dominante, el verdadero comandante de las “fuerzas del cielo”, el imperio norteamericano.

La Argentina “potencia” de la que habla el presidente electo es aquella que ubica en su imaginación en la de 1895.

Un país feroz contra sus mayorías, su niñez y sus mujeres.

Que oculta el triple genocidio contra los pueblos originarios, la población afroamericana y el partido federal.

Es la granja de Inglaterra, la “piedra preciosa en la corona de su graciosa majestad”, como diría un familiar de Julio Argentino Roca en la década del 30 del siglo veinte.

Es el país en que nace la palabra “desaparecido”, como denuncia el gobernador de Santa Fe, Nicasio Oroño, al calificar las casi cinco mil víctimas que producen las seis intervenciones que hace el gobierno de Mitre en otras tantas provincias argentinas.

Esa es la Argentina deseada por Javier Milei.

El objetivo de “las fuerzas del cielo” que él comanda.

El pasado sigue abierto en el presente. Por un lado, las impunidades abiertas y, por otro, los sueños colectivos inconclusos.

Esa porfiada tensión continúa.

No somos neutrales.


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