El Cordobazo, 50 años después

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Por Carlos del Frade

(APe).- Eran los tiempos gobernados por una dictadura de mercenarios y monopolios, como bien sintetizara uno de los más brillantes periodistas de investigación de la Argentina. 1969 comenzó en el norte profundo santafesino con la “Marcha del Hambre”, el 11 de abril, que buscaba unir el trayecto entre Villa Ocampo y Santa Fe. La policía provincial impidió su realización, pero el río íntimo de la historia argentina comenzaba a desbordar a fuerza de las necesidades de miles y miles de familias trabajadoras.

Aquel año de los azos tuvo un momento muy especial: el Cordobazo.

“…El día 26 de mayo, el movimiento obrero de Córdoba, por medio de los dos plenarios realizados, resuelve un paro general de actividades de 37 horas a partir de las 11 del 29 de mayo y con abandono de trabajo y concentraciones públicas de protesta. Los estudiantes adhieren en todo a las resoluciones de ambas CGT. Todo se prepara para el gran paro. La indignación es pública, notoria y elocuente en todos los estratos de la población. No hay espontaneidad. Ni improvisación. Ni grupos extraños a las resoluciones adoptadas. Los sindicatos organizan y los estudiantes también. Se fijan los lugares de concentración, cómo se realizarán las marchas. La gran concentración se llevará adelante frente al local de la CGT en la calle Vélez Sarsfield 137. Millares y millares de volantes reclamando la vigencia de los derechos conculcados inundan la ciudad en los días previos. Se suceden las asambleas de los sindicatos y de los estudiantes que apoyan el paro y la protesta...”, dice Agustín Tosco, secretario general del Sindicato de Trabajadores de Luz y Fuerza de Córdoba sobre el “Cordobazo”.

En pleno desarrollo de la autoproclamada “revolución argentina”, la dictadura de Juan Carlos Onganía que usurpó el gobierno nacional derrocando al presidente radical, Arturo Illia, -contando con el apoyo del entonces cardenal Antonio Caggiano que firmó el libro oficial, síntesis de la resurrección de la temible alianza de la espada y la cruz-; aquel momento de ebullición social fue protagonizado por obreros y estudiantes, una fenomenal señal de la historia que cumple medio siglo.

“Exactamente a las 11 de la mañana, comenzó el paro general en Córdoba. Los trabajadores, al ir abandonando sus lugares de tarea, iban engrosando dos gruesas columnas que se dirigían hacia el centro. Una, procedente de la fábrica IKA, la otra, de Luz y Fuerza. En el camino, se le iban sumando estudiantes, empleados, mujeres. Al llegar, eran 40 mil personas, según los cálculos policiales. Se adueñaron de la ciudad. Fueron dueños de lo que era de ellos. Los detalles son motivo de anécdotas, serán parte de la historia junto con los 14 días anteriores. Tal vez la base de nuevas jornadas. Fue necesario el III Cuerpo de Ejército, en pleno, para lograr recuperarle la ciudad al gobierno. No acabó todavía el tiroteo en Córdoba. Las cifras oficiales dan 14 muertos; alguien tan insospechable como el diario alemán, da 50. Se dice que hay 500 detenidos, pero no se tiene certeza, porque esas informaciones son un secreto de estado. No acabó el tiroteo en Córdoba. Ni en Tucumán, ni en Rosario, ni en la Capital Federal. Durante dos semanas se sacudió el país, es cierto. Pero todavía quedan muchos para mantear. O hacer otra cosa, en fin”, era la memorable síntesis del 29 de mayo de 1969 publicado en el periódico de la CGT de los Argentinos.

Medio siglo después del Cordobazo nada parece ser lo mismo.

“Cuando la ola de resistencia popular se adueñó de Córdoba, también se constituyeron los consejos de guerra en la provincia mediterránea. En un principio, más de 400 detenidos fueron sometidos al tribunal militar, entre ellos muchos “agitadores” de 14 y 15 años de edad. Entre los condenados, con penas que llegan a los diez años de prisión en algunos casos, hay obreros mecánicos, metalúrgicos, de Luz y Fuerza, estudiantes universitarios y secundarios. Junto a ellos, dos líderes sindicales que, para ejemplo de muchos, cumplieron con su misión de impulsar la lucha de los trabajadores, Agustín Tosco, secretario general del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, y Elpidio Torres, secretario general de la filial SMATA en esa provincia”, decía otra crónica del mismo medio.

Desde su prisión, Tosco escribió:
-Nos han dicho invocando a la Patria que somos todos argentinos. Sabemos que es así formalmente, pero que hay una realidad más esencial: la mayoría de los argentinos quieren y defienden a su Patria; una minoría privilegiada y reaccionaria, reniega de la misma, la vende o la entrega…nuestra libertad tiene relativa importancia. Todas las preocupaciones y esfuerzos deben dirigirse fundamentalmente a erradicar el régimen que oprime al país. A reconquistar los derechos sindicales conculcados. A lograr un reconocimiento integral de los derechos humanos. En eso estuvimos todos y en eso debemos proseguir. En la acción por concretar esos ideales nos mantendremos. La cárcel aprisiona nuestros cuerpos, pero el espíritu es libre y con su solidez se derrota a los tiranos – sostenía el dirigente que en 1975 moriría en la clandestinidad.

“Días después Córdoba recobra la calma. Según se informa son 14 los muertos, mientras que los daños materiales son cuantiosos. El “Cordobazo” dejó profundas heridas, más allá de las de orden físico. El gobierno acusó el golpe y sintió la inseguridad de momentos anteriormente no vividos por los argentinos. Algunos observadores estimaron que el “Cordobazo” significaba el principio del fin de Onganía. Sin embargo, éste permanecería al frente de la conducción oficial un año más”, dice Gerardo Bra en su libro “El gobierno de Onganía”.

Para Tosco, “el saldo de la batalla de Córdoba –el Cordobazo– es trágico. Decenas de muertos, cientos de heridos. Pero la dignidad y el coraje de un pueblo florecen y marcan una página en la historia argentina y latinoamericana que no se borrará jamás. En las fogatas callejeras arde el entreguismo, con la luz, el calor y la fuerza del trabajo y de la juventud, de jóvenes y viejos, de hombres y mujeres. Ese fuego que es del espíritu, de los principios, de las grandes aspiraciones populares, ya no se apagará jamás. En medio de esa lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad soberana del pueblo, partimos esposados a bordo de un avión con las injustas condenas sobre nuestras espaldas. Años de prisión que se convierten en poco menos de siete meses, por la continuidad de esa acción que libró nuestro pueblo, especialmente Córdoba, y que nos rescata de las lejanas cárceles del sur, para que todos juntos, trabajadores, estudiantes, hombres de todas las ideologías, de todas las religiones, con nuestras diferencias lógicas, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su compañero y su hermano”, sostuvo el mítico dirigente lucifuercista.

Para el dirigente Christian Rath, se trató de “la huelga política más importante de la clase obrera argentina hasta ese momento”.

“Para tener una idea entre 1966 cuando sube Onganía, hasta 1969, la productividad por hombre había crecido 1/3, las paritarias estaban congeladas, había una devaluación que se abatió totalmente sobre la clase obrera, el fin de los arrendamientos que llevan a sectores del campo prácticamente a migrar de su tierra, es una situación de conjunto, pero todavía no llegamos al punto. Es una huelga política, tiene la particularidad de que escapa al dominio de la burocracia sindical peronista, pero la segunda gran singularidad histórica que termina de caracterizarlo es que la consigna mas coreada en el Cordobazo es "luche y no deje de luchar, por un gobierno obrero, obrero y popular", recordó Rath.

El estado de rebelión popular vividos a partir de las movilizaciones de mayo, conmovieron las estructuras políticas, sindicales y económicas del país. “Con el Cordobazo, la misión suprema del estado burocrático autoritario, su razón fundamental, caducó espectacularmente: el orden, la paz social que debía garantizar, se había evaporado”, afirma Guillermo O’Donnell.

Cincuenta años después del Cordobazo, al pensar que dos obreros pierden la vida cada veinticuatro horas en la Argentina crepuscular de 2019 y las pibas y los pibes de quince años, tildados de agitadores en aquellos días, hoy son explotados por las mafias narcopoliciales o resultan víctimas de los repetidos casos de gatillo fácil; es necesario repensar causas, ideales y solidaridades que animaron aquella épica de miles y miles de anónimas y anónimos.

La vigencia del Cordobazo, cincuenta años después, está en las necesidades de las grandes mayorías.

Una vez más la memoria demuestra la vigencia de las pesadillas impunes y también la orgullosa resistencia de los sueños colectivos inconclusos.

 

Fuentes: “Semanario de la CGT de los Argentinos”; “El gobierno de Onganía”, de Gerardo Bra, Centro Editor de América Latina, 1985; “Tiempo de violencia y utopía”, de Oscar Anzorena, Editorial Contrapunto, 1988; Entrevista a Christian Rath, “La Heine”, página web, 31 de mayo de 2018; “El historiador”, de Felipe Pigna; libros del autor de esta nota.

Edición: 3883


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