El cielo, la tierra y la suciedad

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Por Néstor Sappietro

(APe).- “Para los Wichí hubo un tiempo en que la tierra estaba arriba y el cielo abajo. Tanta era la suciedad que caía de la tierra que el cielo se quejó y pidió la inversión de los planos”.
Mitos y leyendas de la comunidad Wichí
Después de aquella queja presentada por el cielo, los planos se invirtieron, y desde entonces, la suciedad quedó abajo... y no hubo forma de desprenderse de ella.

El desprecio del hombre blanco con traje de funcionario forma parte de esa suciedad con la que le toca convivir al dueño natural de las tierras...
La metáfora del mito Wichí se confirma con la denuncia de los Caciques reunidos en Asamblea.
Indudablemente, la mugre quedó abajo y toma decisiones para que el desamparo eche raíces y se consolide entre los arrasados. Se trata de los mismos arrasados que sufren las consecuencias del desmonte indiscriminado, los que padecen la sistemática muerte de pibes de distintas comunidades por desnutrición, por chagas, por tuberculosis... y a los que ahora, por si no alcanzara, también se les arranca la posibilidad de educarse en un lugar digno.

Seis escuelas Wichí del Departamento Ramón Lista, ubicado a más de 600 kms de la ciudad de Formosa, están desocupadas, cerradas y sin clases desde hace una semana por decisión de los Caciques y de las comunidades.
“No vamos a mandar a nuestros hijos a estas escuelas que parecen nuestras antiguas chozas”, exclaman los dirigentes, y no parece que estuvieran exagerando.

El comienzo del año lectivo, encontró a los miembros de la comunidad Wichí remendando las escuelas estropeadas por calores y lluvias. No tienen ventiladores, ni bancos para los chicos, ni baños, ni agua... Las chapas están agujereadas y se llueve... Las escuelas son de paredes de barro enchorizado y de una sola aula donde los docentes tienen que dar clases a los alumnos de hasta 6 grados.
El primario de la Escuela María Cristina tiene solo 2 aulas para más de 250 alumnos y al Nivel Medio asisten unos 200 alumnos que se ven obligados a dar clases bajo la sombra de los algarrobos de la comunidad.

“Las escuelas pertenecen a nosotros”, señala uno de los caciques, “están en nuestras tierras y son los hijos de nosotros que van y para ellos queremos un buen trato, porque si no hay buena escuela no hay buen trato, queremos que estén tranquilos y contentos y aprendan todas las cosas. Pero así no se puede. Porque los chicos vienen y nos cuentan que tienen sed, que no aguantan el calor, que para ir al baño tienen que ir al monte, que los pizarrones son viejos, que comen en el suelo porque no alcanzan las mesas...”.

El reclamo no es de hoy. Hace muchos años que dirigentes y maestros lo expresan con numerosas notas escritas a las autoridades del Ministerio de Educación y a políticos de la provincia. Las demandas siempre cayeron en el olvido o en el cinismo de la promesa de obras que nunca comienzan.
El reclamo no es de hoy. La angustia por el aniquilamiento y la discriminación despiadada es tan antigua como la voracidad del hombre blanco.

Los pibes Wichí son condenados a educarse hacinados, en chozas donde no hay agua ni baños. Son condenados a comer en el suelo, a soportar el calor, a dar clase bajo un algarrobo... Es demasiado desamparo, demasiada tristeza, demasiada humillación.
Por eso, por la dignidad de sus pibes, los caciques exigen que escuchen su reclamo.
Un reclamo que viene desde que se invirtieron los planos, desde que el cielo quedó arriba y la tierra abajo... Desde que la suciedad dejó de desprenderse, se vistió de funcionario y se enquistó en los altos cargos de gobierno.

Fuente de datos: Comunicado emitido por Caciques reunidos en Asamblea, difundido por el Padre Francisco Nazar de Formosa

Edición: 1480


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