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Por Silvana Melo
(APe).- El 4 de julio los Estados Unidos celebraron 250 años de independencia.
El 9 de julio la Argentina conmemorará -es decir hacer memoria con todos porque poco hay para celebrar- los 210 años de una independencia enclenque que se ha ido diluyendo hasta esto de hoy. Algo así como una dependencia vernácula tramada de a poco hasta esta entrega envuelta en papel brillante de descaro y atada con moño de vulgaridad.
El 4 de julio la Embajada montó un espectáculo en el cielo. Porque nuestro cielo no les es ajeno. También les es propio. Tomaron la plaza Gould, frente al Planetario y desplegaron un show de drones sincronizados con música y revolucionaron la ciudad que les prestó -o acaso más que eso, siempre más- Jorge Macri. Porque también es de ellos, la ciudad.
El 1 de julio la Embajada brindó con invitados. Peter Lamelas abrazó a su amigo Javier Milei. Que tenía reunión del Mercosur. Pero que con tal de no encontrarse con Lula recibió a Bolsonaro hijo y después se encendió en la embajada al ritmo de YMCA. Ese ícono gay que inexplicablemente hace bailar a Trump y a su vasallo argentino.
Patricia Bullrich no fue disfrazada de cow-girl pero toda la representación de la casta y el círculo rojo más el poder judicial super empoderado estuvo allí levantando la mano para dar el presente ante el delegado del Padre.
El hermano de Karina es el primer presidente que se cuela en la embajada en una celebración semejante.
Moría por estar el 4 de julio en Estados Unidos para vitorear a su amigo Donald. Hasta último momento esperó la invitación. No llegó. Canceló el viaje por cuestiones de agenda.
Fueron 250 años del “No taxation without representation” (Ningún impuesto sin representación política), motivo de la ruptura con Londres en 1776. Con su propio eslogan “cobrar impuestos es robar”, el presidente logró estar en la celebración de la independencia norteamericana y volvió a conseguir un logro de dudoso mérito que ni en la dictadura ni en las relaciones carnales del menemato nadie pudo alcanzar.
El costo de semejante cercanía será abonado a cien años. Con territorio. Con recursos naturales. Con la vida de los millones de excluidos de un sistema para un coto de privilegiados.
Peter Lamelas le dijo: "Presidente Milei… mi querido amigo, mi gran amigo, muchas gracias por estar aquí con nosotros esta noche. Y Karina, muchas gracias por estar con tu hermano".
Conmovedor.

En el salón principal, dos obras: una con el rostro del Hermano y otra con el del Padre. Una con el súbdito y otra con el amo.
La noche acabó con brillo y lentejuelas. Como siempre donde va el presidente debe ir ella, Fátima Florez vapuleó New York, New York en la vestimenta de Liza Minelli. El la aplaudió a rabiar.
Mientras tanto, Trump levantaba el teléfono para ordenarle a Gianni Infantino que le quitara la tarjeta roja -y por lo tanto la fecha de suspensión- al goleador de EEUU. No hay árbitro ni tarjeta ni FIFA ni Infantino que pueda interponerse a la llegada de EEUU a la copa del mundo.
Viva la libertad.
Sin embargo anoche la justicia lo colocó a Lukaku -negro y belga- a estallar el arco del colonizador con el cuarto gol que lo dejó fuera del mundial que hizo para sí mismo el amo de pelo naranja. Lukaku festejó con el bailecito trampista.
El negro se rió del todopoderoso que aprieta un botón y lanza un misil que mata a 168 niñas en una escuela iraní.
Divina justicia.
Mientras tanto.
Pasado mañana es 9 de julio.
Y será nuestro día de la dependencia. Algo sin honra. Para con-memorar.
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