Detrás de la cara de goma

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Por Carlos Del Frade

(APe).- -Como persona para nosotros fue extraordinario, un trabajador, un muchacho que estaba pensando siempre en sus compañeros. Cuando nos enteramos con los muchachos de la comisión nos quedamos anonadados, me cayó de sorpresa… Se decían muchas cosas de él, pero era todo lo contrario. Para nosotros era un ser humano extraordinario, un padre de familia bien y delegado que velaba por los derechos de los muchachos de Rosario Bus…A nosotros nunca nos vino a decir nada de lo que pasaba con Central, sé que lo seguía a todos lados, no puedo decir nada de eso. Puedo hablar de cómo era con nosotros, que ayudaba a mucha gente, que era muy bueno con nosotros – dijo Alberto Montenegro, secretario general de la Asociación de Obreros del Transporte Automotor, gremio opuesto a la poderosa UTA en la ciudad de Rosario.

El delegado asesinado, el “padre de familia bien”, era Julio César Navarro, más conocido como “Cara de Goma”, el verdadero jefe operativo de la barrabrava de Central, una de las más poderosas organizaciones del país que, a diferencia de todas las demás, cuenta con una estabilidad política de casi veinte años, ya que su indiscutido jefe, Andrés “Pillín” Braccamonte, no ha conocido desplazamiento alguno en esta larga década y media de reinado del paravalanchas canaya.

Navarro fue uno de los cuatro asesinados que la crónica policial situó en el día de la Patria en la ciudad de Rosario y zona de influencia. Una crónica roja de sangre derramada por diferentes motivos.

Pero aunque el almanaque diga que los hechos se produjeron el 25, la difusión de la información fue, especialmente, el jueves 26 de mayo, el casillero que recuerda el aniversario número tres del asesinato de Claudio “el Pájaro” Cantero, hasta ese entonces el patrón de la principal organización de distribución mayorista de cocaína y marihuana en la Cuna de la Bandera y definida como una empresa dedicada al negocio de la violencia, según la justicia provincial.

Tres años después, Navarro fue asesinado de un tiro certero que le impactó en el corazón. Lo estaban esperando, lo midieron y gatillaron sin vacilaciones. No importaba que los patrullajes se cuadruplicaron en los últimos meses. En ese mundo construido por complicidades varias, en esa forma de vivir donde hay valores, códigos, justicia, memoria, afectos, traiciones y muchas armas, no importa demasiado que haya más policías y gendarmes en las calles. Los tiempos, inexorablemente, se cumplen.

Es probable que Navarro pagara por su cercanía con Braccamonte, su pertenencia a una barra que trabaja dentro y fuera de la cancha pero que en la tribuna superior que da espaldas al club Regatas, en el Gigante de Arroyito, pone una bandera que recuerda al Pájaro Cantero siempre presente.

Los tiros, entonces, fueron para los que adentro y afuera de la cancha chica del fútbol siguen jugando para los intereses del Pájaro muerto y desplazado del corazón del negocio millonario.

En cercanías del Hospital de Emergencias Clemente Alvarez, en la ex ciudad obrera, muchos prometían venganza, esa forma de justicia que tiene ese otro mundo que convive con el formal, el territorio que eligen habitar los funcionarios del poder empresarial, político, judicial y mediático que apenas dan cuenta en voz alta de estos movimientos que se hicieron cada vez más pesados y densos a medida que crecieron los agujeros negros de desocupación y falta de empleo en la otrora ciudad industrial.

A tres años del asesinato del Pájaro Cantero, el homicidio de Cara de Goma vuelve a marcar la existencia de ese otro mundo, hijo directo de las hipocresías de aquellos que dicen preocuparse por la seguridad pero que, en definitiva, suelen beneficiarse con los negocios que multiplica la violencia.

La familia de Julio Navarro, en medio de su dolor infinito, será la que decida contar la verdad de ese otro mundo que volvió a aparecer con ferocidad en la lastimada piel social rosarina.

Fuentes: “La Capital”, “El Ciudadano”, “La Nación”, fuentes propias del jueves 26 de mayo de 2016.

 Edición: 3165

 


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