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Por Alfredo Grande
(APe).- Recordando charlas con Vicente Zito Lema, anclé en cuando me dijo que para Aristóteles la democracia era el gobierno de los pobres. Los que lo conocíamos bien, sabemos que Vicente tenia dos pasiones: Racing y Aristóteles. Preferí quedarme con las ideas de Aristóteles. Que claro que la cantidad está del lado de los pobres y la calidad del lado de los ricos.
Podría definir a la cultura represora como la cultura que convence a los pobres que cuando sean ricos, sus problemas terminarán. O sea que cada pobre aspire a ser rico y entonces salir de la cantidad de pobres. Algo de esto encierra la idea de la movilidad social. Menem lo dijo: más propietarios, menos proletarios. Su discípulo maldito lo mejoró: menos propietarios, más proletarios. Por eso me permito acuñar el termina “pobretario”. O sea: el alucinatorio político social actual es que votando a un rico tengo mayores perspectivas de dejar de ser pobre.
Décadas de guerra cognitiva han dado sus frutos.
Desde Goebbels diciendo “miente, miente, que algo quedará”, que se tomó en serio ser ministro de propaganda de los nazis. Sin algoritmos, sin Tik Tok. Como dice el soberano: “mentir garpa”.
Por eso a mí al menos no me sorprende que con el triunfo de la ideológica nazi, hoy padezcamos lo que se denomina “ultraderecha”. Que como ya he dicho, para mí es una mentira de la derecha para parecer de centro.
Ante el terror que despierta la ultraderecha, se vota a la derecha “racional”. Y las derechas han sido siempre los menos que tienen más, y en estos tiempos son los muy pocos que tienen todo. Por eso el pueblo puede estar unido y de todos modos ser vencido. Porque lo que importa es lo que los une. Y hay amores y uniones que matan.
La democracia de los pobres es racional y utópica. De eso se encarga la guerra cognitiva. Igual de importante que toda guerra, que es otorgar un sentido liberador a lo que es una politica de sometimiento.
Ya lo anticipó George Orwell. En “1984” describe los mecanismos de manipulación en una escala total. La guerra fría, que no fue tan fría para el imperio, se continúa con las democracias frías. O sea: democracia para las cuales el pobretariado no es un problema, sino una solución. Los ricos más ricos podrán tranquilamente seguir con sus privilegios porque la guerra cognitiva ha logrado construir lo que llamo el Ideal del Superyo, a escala planetaria.

Es absurdo, por eso lo creo. Estoy parafraseando la famosa frase atribuida a Tertuliano.
Que un privado tenga más recursos que un Estado, es absurdo. Pero todos y todas lo creen solamente porque existe. Es una época donde las éticas y las ideológicas molestan. Y sin ética e ideológicas el pobretariado está totalmente desamparado. De bienes materiales y bienes mentales.
Por eso es más grave no saber qué hacer con la psicosis, que establecer si quizá un jefe de gobierno está psicótico.
Alguien dijo: el que trajo al borracho que se lo lleve. ¿Quién trajo al psicótico? La lista es larga, pero muchos y muchas que lo trajeron ahora lo quieren sacar. De la misma forma que el nazismo triunfó, el mileismo no será derrotado solamente cambiando sus cuadros gerenciales.
El pobretariado creo que llegó para quedarse. A menos que tomemos la guerra cognitiva como la verdadera madre de todas las batallas. Hay otras guerras, pero la cognitiva es la que le da sentido a todas las demás.
En eso estamos…
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