De vida o muerte

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Por Claudia Rafael

(APe).- Cuando casi 7 de cada 10 niñas y niños están atravesados por una pobreza que no les asegura el alimento, el techo o la atención médica, la vida o la muerte parecen definirse en otros escenarios, en otros sillones, en pulseadas que definen muy poco sobre lo medular. Es de vida o muerte, dice el jefe del Gobierno de la Ciudad. Mientras tanto, con sus 3 años, un niño fue el testigo del femicidio de su mamá. Otro de 5, presenció cómo un vecino asesinaba a machetazos a su madre. Doce chiquitos, dos en terapia, siguen internados por covid en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. Otros 40 están internados en el Garrahan.

Es de vida o muerte, dice el jefe del Gobierno de la Ciudad. Un chico de 9 años fue citado por el juez de la ciudad salteña de Metán para tomarle declaración porque, supuestamente, rayó un auto. Otro de 11 juega en una plaza porteña desde la mañana hasta las 7 u 8, con los amiguitos ocasionales que va generando, a pocas cuadras del hotelito que funciona como casa, después de meses en la calle. Pero es de vida o muerte, dice el jefe del Gobierno de la Ciudad que las clases sean presenciales en un conflicto que, desde el ombligo del poder se dispara a todo el país.

Hace escasas horas una nena de 6 fue herida de un balazo mientras estaba dentro de su casa y dos hombres en moto disparaban 19 proyectiles contra una vivienda de Villa Tesei.

 El niño de 3 años, en la ciudad más rica de todo el país, le decía a su tía, en un lenguaje que traducía su propia mirada de lo vivido minutos antes, que su mamá estaba ensangrentada dentro de la habitación y que quien la había lastimado y asesinado era su propio papá. Otro chiquito de 5 estaba con su madre, en Las Heras, Mendoza, cuando el vecino entró con un machete y le eliminó la vida. Lo dejó sin nada. Pero, a la vez, lo pobló de una mochila vital que le marcará los días para siempre.

¿Qué es de vida o de muerte para la médula de la humanidad? ¿Cómo se dibuja el camino que recorrerá la infancia en un capitalismo feroz al que, la resignación de millones, tributa sus vidas? Es tan largo y ancho el mapa de la pobreza que en sus calles hay espacio para el dolor, para la tragedia, para el barro desmedido y el hambre furiosa. Hay recovecos infinitos para la hipocresía y para la voracidad que, en una partida de dados, se juega el derrotero de las niñeces. Y se insiste, con mecánicas diferentes, en ubicar al centro del tironeo el calvario de esos chicos y chicas que no pueden dimensionar la perversidad de esa casta dirigencial que opta por emplazar como problema definitorio para la vida o para la muerte ir tres días más o cuatro días menos al salón de clases.

Ese poeta olvidado e imprescindible que fue Tejada supo filosofar que importan dos maneras de concebir el mundo. Una, salvarse solo y arrojar ciegamente a los demás de la balsa y la otra, un destino de salvarse con todos, comprometer la vida hasta el último náufrago, no dormir esta noche si hay un niño en la calle.

Pero lo que es de vida o muerte parece ser una pulseada ficticia que reacomoda piezas acá o allá dentro del tablero de la política berreta. Que discute y se enfrenta por lo superficial en un país herido hasta el corazón mientras sigue barriendo bajo la alfombra el tormento cotidiano que no sólo demoniza el presente de millones de niñas y niños sino que además les hipoteca el futuro.

Edición: 4303


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