De madres y trabajadores

La funcionaria que habla de madres narcocriminales. Los chicos de 15 años asesinados en el rosariazo y los chicos que hoy se marcan como asesinos. Los chicos desaparecidos, trabajadores, menores de treinta años. Una historia popular de la Argentina que ahora busca condenar a esos mismos chicos a los doce años.

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Por Carlos del Frade

(APe).- -Ahora hay madres narcocriminales–, dice una funcionaria cuyo nombre es preferible olvidar en estos tiempos del desprecio. Así como medio siglo atrás comenzaba a hablarse de madres de subversivos, ahora el mote es adjudicarle una maternidad desviada para esas chicas y esos chicos que merecen ser castigados a partir de los doce años, como lo dicen sin el menor rubor los integrantes de varios gobiernos en la Argentina en vías de extinción de 2024, en la que las fechas, a pesar de todo, insisten en recordar que un 30 de abril de 1977 tuvo lugar, por primera vez, la marcha de las Madres de Plaza de Mayo y el primero de mayo continúa siendo la fecha del día internacional de los trabajadores.

Cuando Rosario era el corazón del cordón industrial más importante de América del Sur después de San Pablo, allá por 1969, los pibes de quince años soñaban con ser trabajadores y estudiantes y nadie podía llegar a pensar que se trataba de sicarios.

En aquellas horas de mayo de 1969, en Corrientes, el asesinato del estudiante Juan José Cabral, despertó la solidaridad en las facultades. Por las calles y por los claustros se escuchaba "Cabral y Pampillón, los mártires del camino de la liberación". El 17 de mayo, la movilización de estudiantes llegó hasta los edificios del Banco Transatlántico y la Bolsa de Comercio de Rosario. Allí fueron reprimidos por la policía provincial. En la galería Melipal, las fuerzas policiales asesinan al estudiante de Ciencias Económicas, Adolfo Bello, de 22 años. "Entraron con pistolas y garrotes, parecían enloquecidos. Uno de ellos disparó a quemarropa a la cabeza de Bello", relató uno de los sobrevivientes.

El 21 de mayo se hizo la marcha del silencio. El centro de la ciudad quedó en manos de los manifestantes. Bombas molotov, fogatas, piedras, barricadas. Al querer tomar la emisora LT 8, un grupo de policías los desaloja, asesinando al obrero metalúrgico de quince años, Luis Blanco. Rosario es declarada "zona de emergencia bajo control militar".

Durante cinco horas marchó el cortejo que llevaba los restos de Blanco hasta el cementerio La Piedad. 100 mil personas estuvieron en las calles aquel 23 de mayo.

“…Desde dentro mismo de una casita de madera –elevada en la misma zona del drama de la inundación- partió lo que sería el cortejo más multitudinario que registra Rosario en su historia. Manos rudas, pero tiernas de trabajadores de todas las esferas del proletariado, conducían el féretro de un niño símbolo... Luis Norberto Blanco…

“…sobre el féretro, dos coronas de claveles blancos, síntesis de la pureza…Y tras la caja –que encerraba la quietud del ángel abatido- una legión de coronas…blancas, rojas, de suave amarillo…Y presidiendo el cortejo –que iría a cubrir 87 cuadras- una cruz…llevada a manos cambiantes de cinco niños entre los cuales estaba José Potenza, de 15 años…

“A las 11.45 ya con la nave de la iglesia colmada de concurrencia… el rector de la parroquia del Perpetuo Socorro leyó distintos salmos y manifestó la condolencia a los padres, parientes y amigos de este joven que ha perdido la vida en uno de los sucesos más luctuosos, en un momento crucial de Rosario y para el país…Al llegar al portón Nº 1 del Ferrocarril Mitre la columna fue engrosada por una caravana de obreros ferroviarios. En todas las calles se repetían escenas de honda emotividad.

“Córdoba –la gran vía- ofreció el espectáculo más impresionante de todo su recorrido. Todo el vecindario se había volcado a la calle.

“Vehículos de todas las categorías, bicicletas, motos, motonetas, camiones enracimados de juventud obrera, colegiales, jóvenes obreras, formaban una marcha imponente.

“Cada esquina, una pequeña ciudad en el último homenaje al niño inmolado… ofrendas florales en manos de mujeres y niños y una verdadera eclosión obrera… el féretro sobre el cual se encontraba una bandera argentina, gris de tiempo… el clérigo Francisco Parenti dijo una oración fúnebre, que esta sangre vertida, que esta sangre que llegó al cielo no sea en vano… que ella lleve la liberación que todos ansiamos…

“Depositado fue el cuerpo y luego el ingreso de la legión del silencio por las calles que vieron el cortejo más impresionante de que tiene memoria Rosario. Mirar hacia atrás, era contemplar algo que nunca pasó en el largo trajín del cronista…87 cuadras, casi cinco horas de marcha”, sostenía la crónica del diario “La Tribuna”, del 23 de mayo de 1969.

El título de la nota decía: “Más de 100 mil almas en cortejo”.

Fenomenal y profunda postal del primer rosariazo, 55 años atrás.

Cien mil personas conmovidas por el asesinato de un chico de quince años.

55 años después se habla de chicos de quince años asesinos.

Chicos y chicas trabajadores

Chicos trabajadores, chicas trabajadoras, la mayoría de los detenidos desaparecidos eran pibas y pibes menores de treinta años. Como Sergio Jalili, el hijo de Nelma Jalil, una mujer de barrio que terminó siendo una síntesis de las Madres del pañuelo blanco, del cielo blanco de la dignidad del pueblo argentino.

“El 14 de octubre de 1976 empieza nuestro drama. Se presentaron en mi casa quince o veinte hombres fuertemente armados, que vestían ropa de fajina, parecía que tenían peluca, barba y bigotes postizos. Estaban tan excitados que parecían drogados. Dijeron ser de la policía, de la jefatura y que venían a buscar a mi hijo Sergio. El no estaba en casa. Lo mismo pasaron, revolvieron y buscaron hasta el último rincón. Al ver que no estaba se fueron diciendo “vamos, vamos que está todo levantado”.

“Después que se fueron el comentario en la familia, vivían mi hija, mi yerno y mi marido. Viste lo que dijeron, que estábamos todos levantados. Mirá vos, con un ejército dentro de la casa íbamos a quedar durmiendo...

No tonta, no es eso...

“El 15 a la tarde a Sergio lo detienen en calle República 3635 en un procedimiento que matan a una chica que le decían Lala. Eso nos enteramos después por los vecinos, recorriendo, íbamos con fotos. Los vecinos nos contaron que esta chica Lala estaba de rodillas implorando que no la maten, totalmente desarmada y la mataron a quemarropas. A Sergio lo detienen, le vendan los ojos con un pulover rojo que tenía en la cintura, lo esposan y lo llevan en un auto blanco a Jefatura donde lo torturan salvajemente... Esto pasó el 15 y el 17 a la madrugada junto a seis compañeros son llevados a Los Surgentes donde son fusilados.

“Yo fui a hablar con el padre Zitelli que era muy amigo del padre Griffa que se crió con mi marido y en una carta muy extensa le pidió, le suplicaba que hiciera todo lo posible por informarnos”, siguió diciendo Nelma.

“Y entonces el padre Zitelli nos recibió y me dijo que no le correspondía a ellos. Que tenían otra misión. Son tantas las que vienen por lo mismo. Yo no puedo hacer nada. No me corresponde, yo tengo otras cosas más importantes de las que ocuparme. Así que dígale al querido Antonito, por Griffa, que lamentablemente no lo puedo complacer en su pedido”, explicó la increíble rosarina de la zona norte.

Pero quizás el caso de mayor vergüenza para los cristianos sea la práctica del cura García, el secretario de monseñor Bolatti.

“El padre García me tuvo engañada tanto tiempo. Me decía que Sergio estaba bien, que como se había recibido ese año de agrónomo lo tenían trabajando de agrónomo en el campo que estaba perfectamente y que de un momento a otro iba a estar con nosotros. Y me decía siempre ya falta menos, falta menos, ya va a llegar y un día, víspera de navidad, las navidades eran terribles para mí y siguen siendo, me dice Señora póngase contenta, vaya a su casa, prepárele la camita, ventílele toda la ropita, prepárele la comida que más le gusta porque esta navidad Sergio la pasa con ustedes. Yo me fui enloquecida a mi casa y empecé a hacer todo lo que él había dicho. Y me dispuse a esperarlo... y Sergio no llegó.

“El padre García era el secretario del obispo Bolatti y él se encargaba de dar falsas noticias a los familiares de los desaparecidos a cambio de regalos que él mismo nos pedía. Me acuerdo que un día me pidió un maletín de cuero y yo en ese momento no contaba con dinero porque había abandonado todas mis actividades, yo trabajaba en el comercio con mi esposo y me dediqué únicamente a buscar a Sergio, entonces no contaba con dinero y juntando las moneditas y fui y le compré el maletín y se lo regalé. Le llevaba vinos finísimos y como yo desfilaban las madres porque a todas nos tenía igual. Hasta que un día me convencieron sobre lo que estaba pasando y yo nunca más le llevé regalitos pero tampoco tuve más audiencias”.

“Para mí Sergio está presente en cada niño que muere de desnutrición, en cada padre que no tiene trabajo, en cada marcha de los maestros, en la lucha de sus compañeros, con los jubilados, está todos los jueves en la plaza junto con las madres...por eso yo te digo, Sergio no estás desaparecido. Estás presente en la lucha de tu pueblo y todas las mañanas cuando me despierto, veo el rostro de mi hijo que me sonríe y me dice dale gorda, adelante, vos podés, fuerza”, se emociona al contar su creencia íntima y social.

En la ex ciudad obrera, madres, hijas e hijos y trabajadores la siguen peleando en estos días de profundo desprecio.

Pero esas memorias están vivas.

Los almanaques gambetean todas las formas de los ajustes y la crueldad.

Fuentes: “Rosarinas. Crónicas de amor, muerte y poder” y “El Rosario de Galtieri y de Feced”, ambos del autor de esta nota.


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