Crónica del desamparo

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Por Paola Lescano / Desde Córdoba

(APe).- Las crónicas dicen que Jorge Gerónimo y Fernanda López estaban separados desde hacía tres años. Ambos, imputados y condenados por venta de estupefacientes. Las crónicas dicen que Fernanda cursaba condena en su domicilio, en contexto de guardadora de sus niños. Uma y Jonás.

Las crónicas dicen que, en cumplimiento de un régimen de visitas, Uma, de 4 años y Jonás, de 7, se encuentran con su padre, en la localidad cordobesa de Cruz del Eje, en un fin de semana… para el fin de una semana, en el fin de sus vidas.

El día domingo, al no ser restituidos a su madre, Fernanda se dirige a la vivienda de Jorge y espera. Llama y espera. En la mañana del lunes, la llamada y la espera concluyen. Fernanda avizora, entre los intersticios de una persiana, el cuerpo yacente de Jonás. Luego se sabría que también yacen allí Uma y su padre. Se presupone que Jorge dio muerte a ambos pequeños y luego se suicidó.

Lo que resta de las crónicas que cronican será producto (acaso producciones) de las pericias imperantes que podrán (o no) ratificar conjeturas acordes a dichas pericias. No necesariamente cercanas a la historia.

En una emisora radial de la capital cordobesa, una periodista apalabraba: “no caben las palabras…”

Para Uma y Jonás, las palabras sí caben.

Caben aquellas palabras que no pronunciamos cuando cabe pronunciarnos acerca de un régimen de visitas garante de derechos. ¿De qué sustrato es un régimen que alberga la muerte en una visita? ¿Qué derecho garantiza y a quién o a quiénes?

Caben aquellas palabras que no interpelan cuando cabe interpelar medidas cautelares. Medidas que refuerzan, sin cautela alguna, el desamparo de almas inmensas que habitan pequeños cuerpos.

Caben aquellas palabras que no cuestionan cuando cabe cuestionar un orden establecido. Que es orden y fue establecido porque la letra de una ley así lo ordena y establece. Y devenimos ordenados y establecidos.

Caben aquellas palabras que no restituyen cuando un niño no es restituido y, en silencio contemplativo, contemplamos que el espacio y el tiempo transcurran.

Para Uma y Jonás, caben las palabras. Para estas almas inmensas a las que desamparamos ante el designio de otros, en espacios y tiempos desolados. Caben las palabras.

Ya no más régimen. No más visitas. No más pericias. Ni restituciones. Uma y Jonás, almas inmensas… ya no nos serán restituidas. Porque no estuvimos allí, avizorando el filo, avizorando el proyectil.

Porque no estuvimos allí… las palabras, sí caben.

Edición: 2979

 

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