Carne de democracia

La carne de democracia es la carne de cañón legitimada por votos y otras argucias, escribe Alfredo Grande. Es así que desarrolla ampliamente el concepto de los múltiples huevos de numerosas serpientes. Y afirma: “El voto es secreto, universal y obligatorio, pero fundamentalmente es NO Vinculante. O sea: una vez votado, hago la mía”.
|

Por Alfredo Grande

(APe).- Es habitual la referencia al huevo de la serpiente.  Hoy sabemos que la serpiente son muchas serpientes y los huevos, son demasiados. Pero lo que resulta insoportable, si bien parece que soportamos todo, es que haya serpientes y huevos paridos democráticamente. La constitución argentina que, en un momento de extravío delirante de mis ideas, bauticé como “biblia laica del pueblo soberano”, aloja uno de los huevos.  Quizá el peor.  Sentencia en su macabro artículo 22 que “el pueblo no gobierna sino a través de sus representantes”. La primera parte es uno de los huevos de las serpientes.  El pueblo no gobierna ni delibera. El NO es la clave.  La remata con “sino a través de sus representantes”. La otrora llamada “borocotización” fue una muestra inicial de que la representación puede cambiar. O sea: represento a quien se me cante. El voto es secreto, universal y obligatorio, pero fundamentalmente es NO Vinculante. O sea: una vez votado, hago la mía.

Otro de los huevos es la corrupción del voto. No se vota por amor, sino por espanto. Será por eso que lo votaron tanto. Alguna vez, hace allá y hace tiempo creo que en un acta de la CTA dije: “propongo la siguiente modificación: el pueblo gobierna y delibera a pesar de sus representantes”.  Parece que no tuvo absolutamente ninguna repercusión.  Estoy acostumbrado. Al menos, lo intenté. La democracia representativa es una estafa. Quizá no tanto como la criptomoneda presidencial, pero es una estafa. Generaciones y generaciones de estafados y estafadas siguen votando.

Como se decía en otros tiempos: si votar sirviera para algo estaría prohibido. De hecho, lo estuvo: se llamó fraude patriótico. Lo rebautizo como “estafa patriótica”. Lo de patriótica está por verse. Verse de la lente de la lucha de clases y entonces la Patria es una mera abstracción. Más cerca de la idolatría que del ideal.

La carne de democracia es la carne de cañón legitimada por votos y otras argucias. Nunca olvidemos a Von Clausewitz: la guerra es la continuación de la política. Usando el método de la “racionalidad invertida” la política es la continuación de la guerra. Eso tiene que ver con la relación que se hace de la situación actual con el menemismo (menem: el apóstol de la estafa) y el terrorismo de estado.

Creo que la representación es justamente eso. En la actualidad, no se representa al pueblo, sino que se representa a sus opresores.  Con notable éxito. Espero una nueva versión de “Señor Cobranza” la creación de Las manos de Filippi y llevada a su máximo nivel por la Bersuit. Necesitamos al Perro Santillán otra vez, Carne de democracia-cañón.

La carne de cañón era justamente para intentar anular a los cañones napoleónicos gastando la munición matando a la infantería y a soldados de bajísimo rango. La idea es la misma.  La carne de democracia son los niños, las niñas, los jubilados y jubiladas, los discapacitados, los enfermos, los profesionales, los estudiantes, los docentes.  Hoy la democracia es el cañón que apunta a los y las vulnerables de toda vulnerabilidad.

Alguna vez llegará el anunciado y nunca concretado escarmiento.  Tronó en vano.

La historia será escrita por quienes conociendo el pasado, estén dispuestos a construir un futuro donde el pueblo delibere y gobierne a pesar de sus representantes.


Suscribite

Suscribite al boletín semanal de la Agencia.

Sobre la fundación

Fundación Pelota de Trapo nació hace décadas para abrigar de las múltiples intemperies a niñas y niños atravesados por diferentes historias de vulnerabilidad social.

Sobre la agencia

Agencia Pelota de Trapo instala su palabra en una sociedad asimétrica, inequitativa, que dejó atrás a la mayoría de nuestros niños y donde los derechos inalienables de la persona humana solo se cumplen para unos pocos elegidos por la suerte