Cardiopatías congénitas: niños condenados a muerte

Siete mil bebés nacen anualmente con cardiopatías congénitas en el país. El 95% son compatibles con la vida si se las opera. Si no se desmantelara el Programa serían casi siete mil vidas niñas salvadas. Milei y Villarruel ya habían votado en contra de la ley en 2023. Decisiones que son ideología. No déficit cero. Las vidas que se pierdan tendrán culpables. Con nombre y apellido.
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Por Silvana Melo

(APe).- No es ajuste, es ideología. No se trata de evitar a rajatablas el quiebre del déficit fiscal. Es responder a una estructura ideológica que no implica a los seres humanos en su desarrollo. En esa cuadratura inhumana, desmantelar el programa de Cardiopatías Congénitas (PCC) no genera contradicción con la vida de 7.000 bebés que nacen anualmente en esta tierra con malformaciones cardíacas. Porque desmantelar el programa es desmantelarles la sobrevida. Es decir, es provocar la muerte por desatención buscada. A niños que pueden ser –que concretamente son- salvados en su primera infancia. En sus primeros días de vida. Que pueden ser propietarios de un futuro sin que los liberales de la libertad de decidir quién puede vivir y quién morir se los arrebate en la primera esquina de su pequeñita vida.

Los 7.000 bebés que nacen por año con cardiopatías congénitas tienen una patología que es compatible con la vida si se la opera. Si el programa nacido en 2008 se desmantela, como acaba de suceder, se vacía la ley de 2023, que no hacía otra cosa que sostenerlo. Y los niños empiezan a morir antes de empezar a vivir.

Esta realidad atroz, que acecha acá, no más, será una fractura en el tobillo de la cifra más baja de mortalidad infantil en décadas, hija del PCC. Es decir que provocará mortalidad en los niños y esas muertes tendrán responsables. Con nombres y apellidos.

La ley de 2023 se aprobó en el Congreso de la Nación con sólo dos votos en contra: los de Javier Milei y Victoria Villarruel. Los entonces diputados también habían votado en contra de la ley de Oncopediatría.

¿Por qué? Le preguntó al ahora presidente el periodista de TN cuando todavía preguntaba y re preguntaba. “Porque implicaba más presencia del Estado interfiriendo en la vida de los individuos y además implicaba más gastos. Y no son así las cosas”.  Y el periodista, gloriosamente, insistió hablando de los niños que podían morir. “Bueno, nosotros votamos en función del ideario liberal”, respondió con la cabeza alta y los ojos gélidos el ahora presidente.

Nadie puede aducir ignorancia. Todo fue avisado. Milimétricamente.  Y era ideología.  Y es ideología. Cualquier atención estatal a la infancia, a la vejez, a la discapacidad, a la salud mental y a las fragilidades por edad y por tragedia que les toca vivir a los seres humanos serán interferencias del estado en la vida de los demás individuos.  Los que no son viejos ni niños pobres o que nacen con malformaciones en el corazón, los que no tienen alguna discapacidad ni son indigentes ni se quedaron en la calle ni sufren una adicción ni pueden pagar una vida privada, todos ellos no tienen derecho a implicar gastos a los héroes que han dado la vida por dejar un estado en ruinas. Porque ahora la heroicidad se ha vuelto una farsa, un atributo delincuencial.

El Programa de Cardiopatías Congénitas era perfecto. Pero va en el mismo paquete que el Hospital Garrahan y otros tantos de alta complejidad que pueden ser privados. Y en manos de amigos de la cuadratura inhumana de la liberalidad, dejar de pagar vidas sin sentido.

Porque es ideología.  No déficit cero.

Es el llanto por una FM del obrero de 60 años cesanteado por una petroquímica. Que pierde la obra social que sostenía a su hija discapacitada. Justo ahora que el estado también desmanteló la cobertura. Porque la vida parece quedarse sin manteles.  Ni sábanas. Esos que pedía María Elena Walsh que no le faltaran a nadie.


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